Writing in… Glencoe Café

Highland's cafe

There’s nothing more inspiring than the Highlands because, I promise you, they’re the best cure for the Artist’s Ego disease. Don’t you know what I’m talking about? Let’s be honest, we all want to be the next Shakespeare and/or write the next Fifty Shades of Grey

But when you are in Glencoe – West Highlands – and find yourself completely soaked in icy rain, with your body shaking under the wind and the sky is black and threatens to fall on the ancient mountains so they break and devour you… Then you feel the smallest and humblest creature on Earth. And I tell you, you might be even an atheist but you will pray to come back alive. The Highlands are like an old dragon. Terrible and fascinating.

I first went to Glencoe on April 2013, when I was living in Edinburgh. Because I was a poor student without a car I took the train to the furthest place I could find – Fort William – and booked a room in the cheapest hostal – Ossian Hotel. Now I woudln’t recommend this place to stay unless…

A) You’re a fan of The Shinning – the red carpetted corridors are smelly and equally creepy!

B) You want to get involved in Fort William’s local life – they were many of local aracnids in the toilet.

C) You have a fetish with vouyerism. The toilet window was a large one facing Fort William’s main street. And it didn’t have curtains – or anything – to cover it. Yep, I’m saying that every time you wanted to take a sh* or a shower virtually anyone could see you.

Nevertheless, what I do recommend is the trip I made by train from Edinburgh to Fort William. This is one of the most inspiring train trips ever – I love trains – and I won’t talk more about it because it deserves a whole new post.

Let’s come back to Glencoe now, whose name actually means ‘hell of never ending hard rain’ in Gaelic*. A bus from Fort William can take you to Glencoe village in half an hour. You will enjoy an impressive scenery – Loch Linnhe surrounded by dark woods. Glencoe village is a holiday place, which means that if you go on Summer the colorful cottages would be full of flowers and little dogs barking in the backyards – there is also a special cottage whose backyard is crowded with tiny china figures, quite spooky. If you go on November – as I did once – is a ghost village. But still pretty.

Glencoe Village’s main – and sole – attraction is Glencoe Folk Museum. Although I would like to, I haven’t visited it yet because you have to pay three pounds. Yes, I know, it’s not that much. But if you go to Glencoe you go to suffer – I don’t own any lovely cottage there, I go for hiking. So it seems a bit too much to spend, because if you have money believe me you want to save it to have one, two or three super warm coffes/teas/hot chocolates when your bones are frozen and you cannot stand Glencoe’s weather any more. Which takes me to the purpose of this post…

Glencoe Cafe is the coziest Highland’s cafe I’ve never been to. My perception might be biased because I always come to this place feeling miserable after a long hiking in Glencoe – and I have more in common with a smelly wet dog than a human being. Yet when I leave I always feel myself again. And warmer.

The best thing about this place is that it opens all year around. Even in Winter, when Glencoe is dead, it will be open. I cannot explain with enough words the happiness I experienced when I realised I could have a hot coffe here in November.

The local is small but very clean – and it has free Wi Fi. You’ve a few tables and a big sofa by the window – wher you can enjoy Glencoe’s beauty from a safe place. In Winter they even have tartan blankets – I just love them – in each of the chairs. There’s always music – pop-rock songs – and the smell of soup and home baked scones. The prices are alright – If I had the only Cafe in Glencoe I would be selling my coffes for ten pounds at least, but oh well… If you ask for a large cup  of mocca – I did so in November, obviously – you’re going to recieve a big pool of the sweetest coffe mixed with chocolate. Totally worth it.

Everytime I go they have cakes and they look awesome, but in the end I always go for the scone – I like scones because they’re not too sweet. Their scones are just delicious and you can tell they are home made. You also have colorful postcards with original drawings from the Highlands and things like soaps and pictures to buy. They’re a bit expensive though.

The owners are always friendly. Last time I was there – August 2015 – they even gave me paper and a pen to draw. And you can stay there forever – well, until they close. I remember nursing my gigantic mocca, reading The French Lieutenant’s Woman and imagining the characters of Mrs McLean’s Cabinet of Curiosities (my last novella) wondering around the Highlands…

Glencoe Café is the perfect place to write Gothic Horror.

*Not really… but it would have made a lot of sense…

Escritora Errante 5: Mis 3 pasos para terminar un proyecto.

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Escribir un libro no es cosa fácil. He tenido que rebasar la veintena para poder decir, mirada alta y desafiante, que he podido terminar un proyecto largo y de calidad publicable. Ha sido toda una odisea en la que he tenido que atravesar los tres umbrales: planificación, borradores y edición.

Bueno, he de reconocer que el proyecto que he terminado no es una novela, sino una novela corta. Pero me siento igualmente orgullosa, ya que además he descubierto que este formato (el de la novela corta, que tiene su propia palabra en inglés, novella, y voy a usar de ahora en adelante porque es más breve) es en el que me siento más cómoda. Pero ya hablaré en otro post de por qué me gusta escribir novellas.

Como a muchos escritores, las ideas me acechan en las esquinas, especialmente cuando camino, corro por las mañanas o me escaldo voluntariamente en la ducha… La idea inicial es como las burbujas que me rascan la garganta tras haber tomado el primer trago de coca-cola. Pero en el momento en que intento darle forma, empiezan a surgir los primeros problemas. Las ideas necesitan suportes, igual que los edificios vigas. Y estos no resultan siempre evidentes en las historias.

Si mi idea sobrevive el periodo de planificación, empiezo con los borradores. Y aquí está lo difícil. Como una corredora novata intentando un maratón, muero generalmente a la mitad. La historia pierde su fuelle. Los personajes se tornan planos, o se deprimen y se suicidan ellos solos. El tiempo se detiene o avanza tan despacio como la baba de caracol. Y yo, la escritora, estoy más aburrida que nadie de mi propia historia. Cuando ese sentimiento de hastío me invade, prefiero abandonar el proyecto porque, me digo, si esto no me entretiene ni a mí, ¿a qué lectores voy a engañar? Si, por otro lado, consigo terminar el primer borrador (esto quiere decir que he superado la crisis ‘del medio’, esa es inevitable) el proceso de edición suele ser tan tedioso que, como buena cobarde que soy, abandono mis manuscritos y me pongo a otra cosa. Como el marinero con una esposa en cada puerto, tengo al menos tres borradores de novellas por ahí olvidados. Sé que debería hacerme cargo de ellos (uno de ellos incluso está escrito a mano) pero la pereza me puede. Editar es como criar un hijo, me imagino. El fogonazo de pasión concibe la criatura, sí, pero ay, eso es solo el principio. Soy (he de reconocer) una madre bastante irresponsable y egoísta. Pobres manuscritos míos.

En octubre del 2014 empecé el Máster de Escritura Creativa en Lancaster y me prometí a mí misma entregar el que posiblemente podría ser mi único libro en inglés (aunque ahora parece que le he cogido el gusto y escribiré al menos otros tres libros más en el idioma de la Pérfida Albión, como dice Gabriella Campbell). ¿Cómo ha ocurrido semejante milagro? (Teniendo en cuenta que escribir en inglés me lleva el triple de tiempo). Dejad que os cuente los secretos que me han permitido atravesar victoriosa los tres umbrales…

1. Planificación.
Para esta novella (Mrs McLean Cabinet of Curiosities) decidí no saltarme este paso previo. Muchas veces, cuando se nos ocurre una idea es muy fácil dejarse llevar por la emoción y correr a arañar el papel cual felino juguetón. Pero he descubierto que si empiezo muy rápido también me canso rápido. A veces, menos es más. Y la planificación, aunque parezca aburrida en el momento en el que solo quieres ver tu increíble idea en acción, acaba siendo ese pegamento que mantiene todo el proyecto unido en las crisis venideras. (Porque las crisis vendrán, ya lo creo, como viene la lluvia a Inglaterra, más temprano que tarde, me temo).

a. Argumento. Para esta etapa del proceso creativo me ayuda mucho la técnica del snowflake (la conocí gracias a Gabriella, en este post). Intentad resumir vuestra idea en una línea. ¿Difícil, verdad? No desistáis. Al final puede ser hasta divertido.

Tras un sufrir un desengaño amoroso, un doctor obsesionado con su adicción a la sangre se marcha a una mansión aislada en las Highlands para hacerse cargo de la familia McLean durante los meses de invierno.

Sí, ya sé que esta frase es larga y enrevesada, pero mi novella es de terror gótico… ¿qué esperábais?

Desarrollad la frase en varios párrafos y finalmente una página. Puede parecer algo un poco estúpido, pero a mí me ayudó a poner cada cosa en su sitio y a aclararme con lo que quería contar.

A veces, en esta parte del proceso también me gusta planificar los diferentes capítulos del proyecto (aunque al final todos estos detalles me los suelo pasar por el forro una vez que le hinco el diente al primer borrador). Por ejemplo, para esta novella usé el disco Antiphon del grupo Midlake.

La idea original me surgió al escuchar su canción This Weight, tras lo cual decidí dividir la historia en nueve capítulos (cada uno relacionado con las canciones del álbum, y por ese orden). No es la primera vez que la música influencia tanto mi escritura (el álbum de The Thirteen Step inspiró mi otra novella, Kabuki). Pero como digo, esto es una simple pauta, porque al final Mrs McLean’s Cabinet of Curiosities acabó por tener veintiún capítulos en vez de nueve.

b.Personajes. ¿Quién quiere crear estereotipos? Desde luego yo no. Los personajes predecibles me dan (en el mejor de los casos) sueño. Es muy difícil huir de los clichés o de esas ganas de crear múltiples versiones de nosotros mismos en la historia (no es una buena idea, quizá solo les funcione a unos pocos elegidos, como Haruki Murakami).

En esta novella decidí usar (por primera vez) este truco de las cien preguntas. Es algo que me había ayudado a crear personajes para mis partidas de rol (sí, soy adicta al rol en vivo, lo confieso) pero que jamás antes me había planteado usar en mis propias historias. Sin embargo, ¡cuánto me divertí el verano pasado! Cien preguntas pueden parecer demasiadas, pero cuando escribes quieres saberlo todo de tus personajes, y en esta lista hay muchas cosas que en un principio ni siquiera me había planteado pero que luego resultaron ser fundamentales. Además, es un ejercicio creativo excelente porque pone en marcha el motor creativo. ¿Cómo fue la infancia de vuestro personaje? ¿Quienes son sus padres? ¿Cuál es su religión? ¿Es vírgen? ¿Zurdo o diestro? Os puedo asegurar que tras esta lista, personajes que en un principio eran bastante planos o parecían caricaturas (como la Mrs McLean del título) acabaron por convertirse en pilones con los que sustentar el argumento.

¿El único peligro de esta técnica? La backstory de los personajes corre el peligro de ser incluso más larga que la historia que quieres contar. No creo que eso sea malo: cuanto más pasado tengan nuestros personajes, más detalles jugosos podemos introducir en la trama. Lo malo es que te pueden entrar muchas ganas de querer contárselo también al lectorr (puesto que nosotros, los autores, lo sabemos, ¿por qué ocultárselo a ellos?) Creo que esto es un gran error, porque hay que ceñirse al argumento en sí. Lo demás, nos lo llevamos a la tumba. (O lo reciclamos en posteriores secuelas si el libro resulta ser un bestseller).

c. Documentación.  ¿Dónde sucede la historia? ¿Cuáles son las circunstancias que envuelven el argumento y los personajes? La documentación es clave cuando estás haciendo worldbuilding (creando el ambiente de tu historia). Las historias con un buen worldbuilding son las que al final se nos quedan en la memoria. En mi caso me siento fascinada por sagas como La Materia Oscura o El Ciclo de la Luna Roja, que describen mundos estremecedoramente oscuros, además de otros libros más realistas como Nunca Me Abandones, donde yo también asistí a la escuela de Hailsham. ¿Cuáles son las vuestras?

Suceda en el pasado (mi novella ocurría en Escocia a principios del siglo XIX), en el presente o en el futuro, el trabajo es el mismo: hay que investigar, encontrar (o crear) detalles, personajes y lugares. Aunque de nuevo, es sabio recordar que no escribimos la historia para mostrarle al lector cuántas horas hemos pasado investigando (afrontémoslo, nadie nos va a reconocer ni pagar todo ese tiempo en bibliotecas, museos, preguntando a expertos o frente a la pantalla del ordenador). Consolémonos pensando que la documentación, a parte de darle un sabor único a nuestras palabras, (pero que sea sútil, como la sal en la cocina) nos convierte en expertos de cosas insospechadas (Humanistas, si queréis, como Leonardo Da Vinci). Yo podría escribir ahora ensayos sobre las transfusiones de sangre en el siglo XVIII o las sangrientas batallas de la Revolución Jacobita en Escocia… o diseccionar y hasta embalsamar un cadáver. Nada mejor que la escritura para sorprenderse a una misma.

Como apunte final, la documentación no tiene por qué ser algo agobiante que nos quite las ganas de coger el borrador. Generalmente yo empiezo investigando un poco lo que me interesa para la historia en sí, y este es un proceso constante, a cuenta gotas, que se puede extender hasta la etapa de la edición. Una vez más, creo que es importante recordar que documentarse sirve para completar la historia pero nunca ha de ser más importante que esta.

2. Borrador(es).
La parte más divertida. ¡A escribir! Una vez. Y dos. Y tres. Suelo perder la cuenta de los borradores que hago de cada capítulo, pero la verdad es que siempre me divierto igual. En mi caso,  funciona mejor olvidarme de editar y saltar directamente a la historia. El subconsciente siempre me ayuda a encontrar nuevas y estimulantes conexiones, así que en esta estapa puedo escribir a cualquier hora del día, con la mente clara o bajo la influencia de sustancias misteriosas… todo vale mientras me lo esté pasando bien. Hablé más de cómo muerdo la hoja en blanco en este post.

3. Edición. Soy una persona inquieta y torpe (no sé cómo no me he despeñado ya por las Highlands o el Lake District a estas alturas, la verdad), así que esta etapa del proceso creativo solía ser la más odiada. Sí, tengo amigos escritores que la disfrutan enormemente, pero yo no soy una de ellos. Esta es también la razón por la que no me haría especial ilusión trabajar en una editorial (aunque ahora mismo trabajaría hasta limpiando váteres, la verdad).

No obstante, escribir en inglés me ha hecho entender que editar un texto no es solo esencial, sino también muy estimulante. Editar es muy diferente a escribir borradores. En el primer caso busco cantidad y expansión. En el segundo, me convierto en una escultora: tengo que mirar la roca deforme (conjunto de todas mis palabras apelotonadas tras los diversos borradores) para comprender la verdadera y armónica forma de mi proyecto… y si tengo la suerte de percibirla, entonces extraigo a cincelazo limpio lo que sobra, que suele ser mucho (la última novella que edité empezó teniendo casi noventa páginas y ha acabado con a penas cincuenta… ups). Ver como la historia va al fin cobrando forma, es una sensación muy placentera, como ordenar y ventilar una habitación caótica.

¿Cómo conseguir que no nos agobie el proceso de edición? En mi caso, el consejo de mi profesora, Zoe Lambert, fue fundamental. Primero, termina la obra. No puedo editar una historia si no puedo verla en perspectiva, con todo incluído. Luego, edita por capas, o corremos el riesgo de quedarnos por siempre en la primera página, ahogadas en un mar de frustraciones e insatisfacción. Si edito pensando en que todo tiene que ser perfecto, obviamente nunca voy a terminar. (La perfección no existe, entre otras cosas, aunque como artista me sigue costando asumirlo). Pero si agarro el manuscrito pensando que solo voy a editar aspectos concretos (los personajes, la trama, o la cronología de la historia, el lenguaje… etc.) la tarea se torna un poco más sencilla.

La edición se alarga hasta ese instante en el que sientes que quieres masacrar a todos tus personajes para luego ir a meter la cabeza en el horno. Nunca vamos a estar satisfechos con nuestros retoños creativos (asumámoslo) pero cuando la energía del proyecto se agota, es mejor dejarlo ir. Entonces llega el temido momento en el que deja de ser tuyo y pasa a ser también de todos aquellos lectores tan majos que quieren dedicar su tiempo a leer tus palabras. Es el momento también de tragarse las lágrimas (cuando le dedicas tanto tiempo a algo es duro admitir que se ha terminado) y empezar a pensar en cosas nuevas. A no ser que seas Joyce Carol Oates y escribas el primer borrador de una novela mientras editas la anterior (tengo que probarlo alguna vez, parece terriblemente difícil pero entretenido.)

¿Planificáis a la hora de escribir?
¿Disfrutáis al editar o es una tortura?

¡Nos leemos el siguiente viernes!

Raisin, raisin please…

Instructions Not Included

Bilingualism… Good or bad? Have you had the chance to speak two languages since you were born? Would you have liked to?

Bilingualism keeps being a controversial issue. Some people say the more languages you speak, the better… others say that raising a child in more than one language is  going to confuse him so in the end he won’t be able to speak any.

Who knows… what it’s clear is that Loreto Peralta, the main actress in the Mexican ‘Comedy’ Instructions Not Included gained this role for being the only child in Mexico able to speak fluent English and Spanish. In fact, the role was originally made for a male child but they couldn’t find a bilingual one…

Instructions Not Included tells the story of a Mexican stunt man, Valentín, who raises her child, Maggie, in Los Angeles. The kid speaks Spanish in the house but English outside, so she is a bilingual child.

On the other hand, Valentín just speaks Spanish. He has lived in US for seven years, yet he refuses to learn English because as a stunt man he doesn’t need it for his job. This is a very common attitude. I’ve met a lot of people both in UK and Spain who do not care about learning the language of the place they live in. Usually it’s because they don’t need it for survival so they cannot be bothered. Personally, I wouldn’t do that. I love travelling, and I’ve noticed it makes a great difference when you know – or not – the language of the country you’re in. In my experience, knowing the language allows you to have real connection with the culture and the people that probably you cannot get otherwise. For instance, now that I’m living UK, speaking fluent English is what has allowed me to look at the Lancastrian countryside feeling that it’s my home… – although I should also learn how to speak Cow and Sheep to feel fully integrated in Lancaster, to be honest.

Maggie knows her dad cannot undertsand English and, of course, as any kid of seven would do, she uses it to her advantage. Therefore, when Valentín uses her as an interpreter she’s not always accurate.

What I enjoyed about this movie is that many of the comedy gags are based on linguistic misunderstandings. However, I couldn’t help noticing that you must speak English and Spanish to get the most of them. I wonder if this is a common situation in Mexico – where the film was made. In any case, Instructions Not Included  has been the most profitable Spanish speaking movie in US, and it’s been also incredibly successful in Mexico. So it seems people like multilingualism!

Here you have short video where Loreto and Eugenio (actors from the film) talk about bilingualism.

Valentín finally considers learning English when Maggie’s mother intends to take the sole custody of the child alleging that he’s not a good father because he cannot even speak English when he’s raising his child in LA. Maggie turns to be an exigent teacher and Valentín quite a dumb student.

There is a funny scene in which Valentín asks her daughter how to say ‘pasa’ – ‘come in’ – in English. In Spanish ‘pasa’ is the same word for both, the verb and the noun for ‘raisin’. So Maggie assumes his dad is asking about the fruit. In the next scene Valentín welcomes a very surprised guest by saying ‘raisin, raisin‘.

Considering that nowadays more and more people speak English, I think it could be good to watch more movies that, like this one, use several languages that we all can understand. Perhaps we bilingual writers should start writing the scripts!

Have you watched Instructions Not Included? Do you know any other comedy that uses language for fun?

Escritora Errante 4: Habitaciones vacías

Empty room

Dicen que en la vida hay tres eventos muy estresantes.

  1. Mudarse de casa.
  2. Dejar una relación.
  3. Empezar un trabajo nuevo.

Y, este mes, doy positivo en dos y medio. Voy a empezar mi nuevo trabajo (bueno, un doctorado, pero es lo mismo, porque por lo visto voy a trabajar como una burra). He empezado recientemente una nueva relación (lo que me descoloca tanto como romper, la verdad). Ah, y lo mejor, me he mudado.

Dejad que os cuente la historia.

Lancaster es una ciudad pintoresca, histórica (con castillos y brujas) bohemia… y pequeña. Yo pensaba que este septiembre estaría mudándome al centro, para poder ir al Caffè Nero todos los días (ja, si mi bolsillo se lo pudiera permitir…) visitar las Assembly Rooms para buscar accesorios steampunk y libros chulos, irme de fiesta los viernes por la noche por Apothecary sin tener que preocuparme por coger el bus de vuelta y perderlo y tener que hacerme cuatro millas a pata en lo frío y oscuro de la noche… Me iba a mudar con una amiga muy amiga, también escritora, y la nuestra iba a ser una casa de artistas locos en la que probablemente iba a nacer el siguiente Círculo Bloomsbury. Todo iba de perlas hasta que dicha amiga me anunció, a principios de Agosto, que se iba a Nottingham, que es una ciudad más grande (y, por tanto, con más posibilidades de encontrar trabajo).

Me dejó helada. ¿Sabéis lo difícil que es encontrar una habitación en Lancaster en Agosto? La mayoría de los estudiantes empiezan a mirar y a alquilar en Enero, para que os hagáis una idea.

Me tocó ver todas las habitaciones que quedaban aun sueltas, aquellas que ya nadie quería.

Por ejemplo, una habitación pequeñísima sin armario. El casero me dijo que podía usar el angosto cuartucho del pasillo (donde se suelen dejar las fregonas y los cepillos) para guardar mi ropa…

O aquella casa en la que hubiera podido tener una habitación enorme… pero que estaba a medio construír.

O los pisos en pleno centro de Lancaster que parecían una cárcel federal… con las ventanas tan pequeñas que todas las habitaciones eran como sótanos.

Hasta que, finalmente, una señora me escribió un email muy largo. Esta señora, ya mayor, pero que decía tener espíritu joven era también escritora y había visto mi anuncio de buscar piso. Era budista, iba a empezar el mismo máster que yo he hecho dentro de un año, vivía en Galgate (aka El Fin Del Mundo) en un cottage con una perrita llamada Polly y un jardín secreto.

Tras una dolorosa y larga deliberación, decidí hacer caso a mi intuición y acepté la habitación en El Fin Del Mundo.

Dejar mi habitación en el Graduate College, donde he estado compartiendo piso con otras cinco personas a las que he acabado por coger cariño (y del bueno) ha sido algo mucho más difícil de lo que esperaba. La habitación era pequeña pero la tenía  decorada a mi gusto, con mis libros, mis fotos, mis postales de los sitios interesantes a los que he viajado este año…

En esa habitación imaginé mi primera historia en inglés, recé a los dioses para que me dejaran quedarme en Inglaterra y hacer un doctorado, tuve conversaciones de esas que marcan y perdí (por segunda vez) mi virginidad.

Lo que más me gustaba eran las vistas. Solo veía ramas afiladas y una hojarasca verde oscuro. Tan misterioso, gótico, recóndito, salvaje… Voy a echar mucho de menos esa calma melancólica.

Así que ahora vivo con esta escritora inglesa llamada Sue. Alguien me dijo que podría ser una buena oportunidad para analizar a los ingleses, para respirar, sentir, cocinar… vivir con ellos. Inmersa al cien por cien. Desde luego, como escritora, toda experiencia es bienvenida.

La casa tiene carácter. Huele a moho, las paredes se caen a cachos, todas las estanterías están repletas de libros, gafas y botellas vacías de alcohol, guardando un muy precario equilibrio contra las paredes llenas de humedades. (Si muero aplastada por una de ellas… bueno, al menos será una muerte literaria).

Mi habitación es… curiosa. También desafía a su manera las leyes de la lógica, con una chimenea que solo sirve para acumular polvo (y esperemos que no muchos entes misteriosos), unos enchufes que se esconden para que no pueda utilizarlos, un armario de IKEA hecho con palillos mondadientes, un escritorio torcido, unas estanterías muy temblonas que voy a tener que anclar a la pared si no quiero cuatriplicar mis posibilidades de abandonar este mundo y un monstruo de cama doble que se come todo el espacio y puede que se me coma a mí también. Ah, y al llegar tuve que limpiarla durante más de seis horas… no tenía muchas ganas de compartirla con una población de arácnidos nada dispuestos a pagar la renta. Soy escritora, está claro que el dinero no es algo que me sobre.

Polly, la perrita, esta sorda y sube las escaleras como la anciana canina que es (me parte el alma cada vez que la veo…) La pobre tiene incontinencia (ay, Polly, ¿por qué tuve que conocerte en el ocaso de tus días?) pero se ve sola películas de terror sentada en el sofá a las diez de la noche (lo cual confirma que es mucho más fuerte que aquí una servidora).

Sue es amable, de momento. Un compañero de clase se reía, porque ella vive en el piso de arriba del todo en un pequeño apartamentito, algo así como the mad woman in the attic… (bueno, si voy a ser Jane Eyre, ¿dónde está mi Mr Rochester?)

Su Jardín Secreto es alucinante, pero no tengo permitido entrar mientras ella está allí escribiendo en su casita de la inspiración. Prometo algunas fotos en los próximos posts.

La casa está justo bajo un enorme puente de piedra que me gusta mucho. Las arcadas son tan grandes que cada vez que cruzo por debajo me parece estar entrando en otra dimensión. Como cruzando una de esas puertas que aparcen en los universos de Cotrina. De vez en cuando veo los trenes pasar. El ruido, contrariamente a lo que se pueda pensar, no me molesta, sino que me gusta. Mucho. Ver un tren deslizarse a toda velocidad hacia quién sabe dónde alegra mi corazón. Todo en la vida son viajes.

¿Os habéis mudado alguna vez?

¿Habéis convivido con un escritor?

Quiero escuchar vuestras historias…

Writing in… 34 Golgotha Rd

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As a writer, it’s very important for me to change environment when I work. I don’t necessarily need a quiet place like a library, although I often go there because they allow you to drink coffee, they have toilets and you can stay there as long as you want. The only forbidden place to write for me – personally – it’s my room or – even worse! – my bed – although I know that two of my favourite writers like doing so, Patricia Highsmith and Gabriella Campbell. Gabriella said that there’s nothing  like a beautiful notebook and a cup of tea to let her imagination flow on the paper. I also read that Patricia spent the days in bed, leaning on fluffy pillows and eating sweets while she wrote her amazing dark short stories – like the ones in her collection The Snail-Watcher and other stories. But I cannot concentrate in my room, because I consider it a place to relax and sleep  – and perhaps do some funny stuff, but that doesn’t include writing.

So I would like to introduce in the blog a record of places that I have found inspiring for my art. And I will start talking about Yamuna’s kitchen. Yamuna is my writing pal – we met in our MA in Creative Writing at Lancaster University. She recently moved houses and because she knows I am a nomadic writer, she offered me her place whenever I might need it.

She lived on 34 Golgotha road in Lancaster*if you want to pay her a visit it’s too late, by the time I will be publishing this she would have returned to India, sadly. Her house has a cute little kitchen with a big ‘welcome’ written in wooden letters on the wall. There is a circular table besides a window from where you can see the green from the back yard. I love green and open spaces, so for me it is ideal.

Also, one of the advantages of writing inside a kitchen is that it is very easy to reach for coffee and food when your stomach starts growling but you don’t want to stop writing. Plus every time I go and visit Yamuna she makes for me coffee in the Indian style. This means she adds to water two spoons of coffee and two spoons of sugar and then boils it slowly. After a while she filters the dark liquid and… voilà! I always drink my coffee without sugar, but I like Yamuna’s version because it’s not just caffeine, it’s also a treat.

We usually eat chocolate cakes – she buys them for me, she knows I am more of the sweet kind – and the spiciest crackers I can possibly find – I know she needs spices as she needs to breathe oxygen.What you can see in the photo, Hot Chili Chips is my latest discovery in the Spar next to her place. I just could eat a few before my lips and tongue started burning. As always, she maintains it’s not even closer to the spicy level you can find in India… I don’t know if she really means this  or if she’s just mocking me – in any case, I had to stop eating those because of survival.

Writing with Yamuna is fun. We listen to vibrant Indian music when she helps me with grammar and gives me interesting ideas. I usually see her staring at the white page of the computer or burying her head in her arms and sleeping over the table. Yet I cannot call this laziness because she’s an amazing writer… – want to check one of her stories?

Do you have any writing pals?

Do you invade their places to write?

Check this sophisticated Indian Coffee recipe in any case, it might strengthen your inspiration!

*This is the coolest name for a road ever.

Escritora Errante 3: Lluvia gallega en Madrid.

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En el verano de 2013 comprendí que quería dedicarme a la escritura. Sé que la gente (los escritores especialmente) suelen ponerse lívidos cuando las jovenzuelas como yo se acercan a ellos con los ojillos brillantes y diciendo cosas como ‘quiero ser escritora.’

Pero es cierto. Quiero. I want to make a living on my words. No me importa si es escribiendo sobre fútbol (no sé nada sobre este deporte, ni siquiera me gusta), marcas de maquillaje (si no se ni hacerme una línea decente con eye liner, por favor…) o los niveles de suavidad y absorción del papel de váter. A mí lo que me gusta es contar historias, y se pueden contar sobre tantísimas cosas. Nada me hace sentir más feliz y equilibrada que golpear las teclas del ordenador hasta que retumban las vigas del techo o rayar con mi pluma la página en blanco.

Cuento historias desde que tengo uso de razón. Mi abuela dice que recuerda a mi madre por las noches, frente a la cuna, escuchándome hablar cómo embobada. Mi abuela pensaba, ‘¿pero qué hace esta peduga que no calla ni un segundo delante de su madre?’ Probablemente mis balbuceos de aquel entonces tenían escaso sentido (creo que mi madre los escuchaba porque todas las madres están orgullosas de sus retoños, lo tienen escrito en los genes) pero estoy segura de que ya entonces sentía ese calorcillo en el estómago. Necesito expresarme a través de las palabras.

Obviamente cuando me hice ‘mayor’ tuve que estudiar algo ‘de provecho.’ Hice un poco de trampa y desoí los consejos de mis profesores y progenitores. No estudié Medicina ni cosas útiles, sino que me largué a por los idiomas pensando, ‘bueno, al menos viajaré.’ Y la verdad no me ha salido tan mal, porque viajar por las Islas Británicas sí es algo que estoy haciendo.

Aquellos años en la universidad no fueron muy buenos para mi creatividad. Escribí una novela corta y una novela larga en el género de steampunk porque estaba enamorada (el amor a veces, a demás de destruírme, me inspira). Luego otra novela corta realista justo al terminar mi año de Erasmus en Edimburgo porque me rompió el corazón abandonar esa maravillosa ciudad. Necesitaba tejer un hilo de letras entre sus viejos y húmedos edificios y mi alma, en la que siempre estará Arthur’s Seat. A parte de eso, mis años académicos fueron exasperantes y tristes. Exámenes, memorizar miles de cosas sin sentido. La Lingüística se me atragantaba y la Literatura, aunque era más interesante, también me aburría porque no nos dejaban ser creativos, siempre había que memorizar las interpretaciones de los críticos o de nuestros profesores. En ese sentido me siento muy identificada con José Antonio Cotrina, uno de mis escritores favoritos que dijo en una entrevista que sus años en la universidad estudiando Publicidad y Relaciones Públicas fueron los más estériles creativamente hablando.

Luego tuve mi primera experiencia laboral real haciendo prácticas en un medio de comunicación, la cadena SER, en el verano del 2013. El trabajo era increíble: redactar guiones, asistir a la emisión en vivo de los programas y entrevistar a artistas famosos (tuve la suerte de que me pusieran en la sección de Cine y Literatura). Trabajábamos muchas horas (de nueve de la mañana a ocho de la tarde, generalmente) pero el ritmo era excitante. De hecho, el periodismo es muy adictivo, y ahora puedo entender por qué los periodistas nunca paran por casa y son siempre personajes interesantes en las series americanas como Freddie en Hannibal o Zoe en House of Cards.

Sin emargo, cuando llegaba a casa por la noche a las diez, estaba mentalmente exhausta. Me hacía una cena rápida y me tiraba en el sillón en frente de la televisión a ver Homeland. Los fines de semana iba a visitar a mi amiga y a su bebé en Villaverde Bajo, o me iba con otros amigos a hacer senderismo a la Sierra de Guadarrama. ¿Pero coger el ordenador para escribir? Tras horas y horas redactando guiones y buscando en la red información sobre la gente que entrevistábamos, era la última cosa que quería hacer.

Me puse triste.

No sé como explicarlo, pero era ese tipo de tristeza que casi no se nota, como la lluvia finísima en Galicia. Caminas por los bosques y ni te molestas en ponerte la capucha del chubasquero, pero cuando llegas a casa estás chorreando. Eso me sucedía a mí. El trabajo era increíble, y sé que fui muy afortunada de poder hacer esas prácticas en un sitio tan interesante en vez de estar sirviendo cafés o de cajera en un supermercado (con todo el respeto del mundo a quienes tienen estas profesiones.) Pero al final del día me di cuenta de que no era lo que quería hacer. La tristeza es húmeda y te oxida poco a poco. En mi caso, lo va nublando todo paulatinamente, se traga los colores y la luz. Cuando abres los ojos por las mañanas y el mundo es un lugar gris, monótono y aburrido, ¿qué sentido tiene todo lo demás?

Un pez necesita nadar en el agua. Los pájaros baten las alas y vuelan. Los topos excavan madrigueras en lo profundo de la tierra. ¿Por qué? Nadie se pregunta esas cosas. Fueron creados así. Yo fui creada para contar historias. Antes me daba vergüenza decirlo en voz alta porque pensaba que era egoísta o estúpido. ¿Contar historias? ¿Quién necesita historias? Existen millones de historias out there.

-De la escritura no se vive.

-Si quieres escribir necesitas un trabajo para darte dinero.

-No te dediques a esto, mira que mal me va… etc.

Eso te dicen constantemente. Y tienen razón. Pero, ¿sabéis qué? En España esas frases se pueden aplicar a cualquier profesión ahora que estamos en crisis. NO hay trabajo digno seamos escritores, científicos o camareros. Así que bueno, si me voy a morír de hambre de todas formas, por lo menos que sea haciendo algo divertido.

Ahora que me dedico a la escritura soy más pobre que nunca. Voy a perder mis (escasos) ahorros haciendo un doctorado de Escritura Creativa en Lancaster al mismo tiempo que, cual sangüijuela, sigo chupando dinero a mis padres, porque las clases de español que doy no me dan para mucho. Y el dinero que gano escribiendo en inglés es también muy escaso.

Pero qué feliz soy.

Words like bullets in the Wild West

django-unchained-poster

Dr. King Schultz: I wish to parlez with you.

Dicky Speck: Speak English.

Dr. King Schultz: Oh, I’m sorry, please forgive me. It is a second language.

You don’t need to speak perfect English to be cool. You just need a good eye for shooting, a carriage with a giant tooth on top and of course, Tarantino must write your dialogues. Do you know who I’m talking about?

Dr Schultz is my favourite character in the 2012 Tarantino film Django Unchained. One of the main reasons for this is the astonishing performance of his actor, Cristoph Waltz, who played the SS colonel Hans Landa in Inglorious Basterds – did you watch it? I will make an article about it soon. I think Tarantino fell –understandably – in love with this actor, because he always gives him the best lines in his films – I suspect he made the German character of Dr Schultz just because he wanted to film Waltz again.

Dr Schultz comes from the land of Beethoven, beer – he introduces Django to it – and The Song of Nibelungs – that partially inspired The Lord of the Rings and also resembles Django’s real life. Somehow Dr Schultz ended up in the Wild West where he makes a living as a bounty hunter. What define this character is his love for killing people – although he focus only on the bad guys – and for language. Apart from German he can he can also speak French and English –the latter better than most of the characters in the film, who are mainly slave traders. You can tell from the beginning he likes playing with words as much as with guns. For example, when Dr Schultz and Django are trapped in Daughtrey –right after Dr Schultz killed the sheriff every single living soul in this little town is pointing their guns at them – Dr Schultz’s smart speech not only saves their lives but also makes them rich.

Language is not only Dr Schultz’s way of getting what he wants. Tarantino also uses it to introduce some comedy.

Dr. King Schultz: [aiming .45-70 rifle at fleeing Ellis Brittle] You sure that’s him?

Django: Yeah.

Dr. King Schultz: Positive?

Django: I don’t know.

Dr. King Schultz: You don’t know if you’re positive?

Django: I don’t know what ‘positive’ means.

Dr. King Schultz: It means you’re sure.

Django: Yes.

Dr. King Schultz: Yes, what?

Django: Yes, I’m sure that’s Ellis Brittle.

[Schultz shoots Brittle off his horse]

Django: I’m positive he dead.

Opposite to Dr Schutlz – who kills people but has a moral we can identify with, as he is against slavery – there is Calvin Candie. He is not just bad, but completely crazy. He enjoys violence – he uses his slaves to fight as if they were dogs and if they don’t satisfy him he feeds them to the dogs themselves. In order to appear sophisticated he pretends to speak French – and makes people call him ‘Monsieur Candie’. But this is a mere facade as Candie knows as much about French as about human empathy.

Dr. King Schultz: Anything else about Mr. Candie I should know about before I meet him?

Leonide Moguy: Yes, he is a bit of a francophile. Well, what civilized people aren’t? And he prefers ‘Monsieur Candie’ to ‘Mr Candie’.

Dr. King Schultz: Si c’est cela qu’il préfère.

[Whatever he prefers]

Leonide Moguy: He doesn’t speak French. Don’t speak French to him, it’ll embarrass him.

I will add that this is one of Leonardo Di Caprio’s best roles. From the very first minute he appeared on screen I wanted to take one of Dr Schutltz’s guns and put a bullet in his head – I am normally a very pacific person who would never kill a spider, even if it is very disgusting.

Language also saves Broomhilda, Django’s lover.

Dr. King Schultz: [in disbelief] Let me get this straight: Your slave wife speaks German and her name is Broomhilda von Schaft?

Django: Yep.

Raised by a German mistress, her knowledge of this language makes her a ‘home slave’ so she doesn’t have to work in the plantation. She is kept as a rarity by her owners. In the end, this unique characteristic is what allows Dr Schultz and Django to find her. It also gives Broomhilda a perfect opportunity to speak with Dr Schultz to plan her escape without anyone else understanding. Do you see? The more languages you know in this film the more chances you have of not turning into a blood bomb – seriously, have you noticed how people seem to explode in blood every time they get shot?

Maybe when you don’t learn a language as a native you become more aware of its complexity. It happens to me in English that I usually have to think about every word I write. In the end, the editing of my texts is more exhaustive and I feel they are closer to what I initially intended to express with them. On the other hand, in Spanish I’m usually way more relaxed – speaking my mother tongue is like wearing my old trainers, it’s so comfortable that I don’t bother about how they look anymore.

So next time you’re struggling with your second language, don’t focus on the accent or the – unavoidable – grammatical mistakes. Think about Dr Schultz and how he uses words as if they were bullets. Communicating in a different language in a different country can be challenging and a bit like going around the Wild West. So you don’t want your words to be necessarly perfect but quick. That’s important to survive.

Want to learn a bit of German today? Here you get one last scene from
Django where you can learn about the meaning of Auf Wiedersehen.

Auf Wiedersehen and see you next Tuesday!