Escritora Errante 7: Quiero ser un gallo.

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¿Animal nocturno o diurno?

La mayoría de mis amigos escritores me cuentan que son más creativos a altas horas de la noche, cuando todo está tranquilo y silencioso. Sin embargo, en esos momentos yo apenas puede ver una película sin quedarme dormida… enlazar palabras (y hacer que tengan sentido) no es una opción.

Ayer tuve el privilegio de entrevistar al escritor Jerry White en mi programa de radio, The Writing Life. Nos confesó que él también era un ‘escritor gallo’ ya que según avanzaba el día iba perdiendo motivación hasta que su cerebro se quedaba completamente frito por la tarde. Le pregunté que cuándo se levantaba para escribir –  nos había dicho antes que solía teclear en su ordenador unas dos o tres horas diarias – y dijo que… a las cuatro y media de la mañana. Su respuesta me dejó helada. Me recordó un poco a Haruki Murakami. En su libro De qué hablo cuando hablo de correr leí que cuando está escribiendo una novela se levanta a esa hora de manera muy disciplinada hasta que la acaba. Murakami reconoce que esos horarios dañan un  poco la vida social, pero como no es una persona muy sociable, le importa más bien poco.

Yo sí me considero una persona sociable, pero viviendo en Lancaster (donde todas las tiendas cierran a las cinco de la tarde y la llamada para la última bebida en los pubs es a las once y media) el estilo de vida del ‘escritor gallo’ me parece bastante viable. En España, donde solía cenar a las nueve de la noche, lo habría tenido mucho más difícil.

El reto está en levantarse tan pronto, desde luego. Me gusta madrugar, pero mi franja horaria habitual es 6.45 o 7. ¿Cuál es el secreto para levantarse tan pronto? Llevo más de un año queriendo probar levantarme a las 5.30. (Las 4.30 para cuando escriba betsellers, como Murakami o White). He leído muchos artículos al respecto, como este de Gabriella Campbell y este de Steve Pavlina (al que conocí gracias a Gabriella también). Pero nada, no hay manera. Mi cerebro parece no tener batería a las cinco de la mañana.

Sin embargo, dice Gabriella (es mi gurú literario, sí, lo reconozco) que treinta días son necesarios para asentar un hábito. Hay controversia en este asunto, pero es verdad que, como dicen por Madrid, a la fuerza ahorcan. A base de esforzarme he conseguido cosas que hace un par de años me hubieran parecido imposibles, como correr media hora todas las mañanas o escribir algo decente en inglés.

Quizá me anime a empezar mi primer reto de los treinta días con esto de madrugar…

Y vosotros, ¿escritores gallos o murciélagos? Si madrugáis mucho, ¿cuál es el truco? Se lo he preguntado a Jerry White pero solo se echó a reír. ¿Hay una poción mágica que os tomáis y nadie me ha dicho nada? Compartamos algunas ideas…

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One comment

  1. Se ha de saber la hora solar que corresponde a la del país en que se reside. En verano me levanto sobre las seis de la mañana y son las cuatro solar, y tan frescamente. Sin problemas.

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