Escritora Errante 9: Corriendo aventuras.

CW11

Salir a correr y empezar a escribir en serio fueron dos cosas que me vinieron casi de la mano. Nunca he sido una persona especialmente activa o amante de los deportes, pero desde que considero ser escritora profesional me he dado cuenta de lo importante que es asegurarme una cierta dosis de ejercicio diario. No solo por la salud física, sino por la mental. Sí, ya sé que dicen que escribir es una actividad solitaria, pero tengo sentimientos contrarios al respecto.

Es cierto que para escribir uno necesita soledad y recogimiento. La famosa hoja en blanco, o el temido proceso de edición son dos cosas que uno tiene que hacer solo. Como los guerreros que tenían que sobrevivir una noche entera solos en el bosque para ser considerados como tales, escribir historias tiene un poco de reto salvaje.

Sin embargo, las historias beben de imágenes e ideas, y por lo general, la musa no visita en horas fijas – por lo menos no la mía. Mi imaginación tengo que nutrirla y mantenerla fresca y activa, si no se me agarrota. Y para ello necesito salir fuera, tener experiencias, visitar lugares nuevos, conocer gente… en definitiva, correr aventuras.

Correr. Siempre lo odié. De pequeña, en la escuela, Educación Física era mi nemésis personal. Primero por todo ese rollo de tener que hacer grupos o encontrar pareja – no, no era la niña más popular de la clase – y luego porque hacer ejercicio duele. Puede doler mucho.

Tampoco ayudó el famoso test de Cooper al que un sádico profesor decidió someternos sin previo aviso – ni entrenamiento. No sé cuántas vueltas tuve que dar al patio, solo recuerdo el mareo. los pinchazos en el costado y la visión túnel cuando me desplomé al final del maratón.

Pero a los diecinueve años empecé a sufrir ataques de pánico y una de las cosas que me recomendaron en el tratamiento era hacer ejercicio y seguir unas pautas del sueño. En aquella época los ataques de pánico eran un lastre tremendo, y yo estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de librarme de ellos. Incluso correr.

Cuando eres una persona que siempre está liada con mil cosas, correr es la actividad ideal. Puedes hacerlo en prácticamente cualquier sitio, con cualquier tiempo – sí, en Lancaster corro con granizo y todo – y el equipamiento es mínimo. Para animarme, me leí De qué hablo cuando hablo de correr, de uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami. Ese libro marcó un antes y un después en mis correrías. Desde entonces, como Murakami, veo lo de trotar y escribir como dos actividades complementarias. Llevo corriendo de manera regular casi dos años, y me encanta. He notado muchísimo la mejora física. Y además, mi interés por correr me ha llevado a otras cosas como el senderismo o el yoga, dos actividades que ahora también disfruto mucho.

Cuando corro escucho música y pienso en mis historias. En ese momento es como si los engranajes de mi imaginación empezaran a moverse a la misma velocidad que mis piernas, y las ideas surjen como chispas.

Además, –y esto es lo aseguro – una se sienta a escribir mucho más fresca después de correr o hacer yoga o darse una caminata que si ha pasado todo el día en casa sentada en el sofá.

No os voy a engañar, levantarme a las 6.30 de la mañana para salir a trotar nunca me apetece. Pero el subidón de energía que me entra media hora después es tan adictivo – por no hablar de la frescura diaria, le he cogido el gusto a sentirme como una lechuga – que se ha convertido en uno de mis hábitos favoritos.

¿Lo habéis probado? ¿Practicáis algún otro deporte? ¿O las ideas os llegan mientras estáis tumbados en la cama?

 

 

 

 

 

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4 comments

  1. Jusjus me ha encantado tu post. Básicamente, porque me he sentido muy identificada cuando hablabas de Educación física y el horrorosamente horrendo Test de Cooper (qué recuerdos 😦 debería estar prohibido).
    Yo, que he podido ser testigo de tu evolución desde que empezaste a correr de forma diaria y continua, dos años atrás, puedo decirte y confirmarte lo mucho mejor que se te ve en general. Se nota y mucho de cara al exterior.
    Ahora que yo estoy liada con los estudios y eso creo que me vendría fantástico el ponerme a correr como forma de desahogo (a veces siento ganas de ponerme a correr cuando estoy estresada y no parar…) pero admito que soy incapaz de levantarme a las 6:30 para eso! Y por eso te admiro y te admiraré sieeeempre jeje yo veo lo de correr para mí, pero a horas más “decentes” si me permites el término 😉

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  2. A mi también me ha gustado tu post, Inés. Yo lo de correr, como que no…pero quién sabe si me acabo animando algún día (para sorpresa de mí misma). Pero digo “sí a la caminata”, que suele ser entre las 4-5 de la tarde y aunque a veces da pereza, me ayuda tantísimo a despejarme mentalmente y a desperezar mi cuerpo…que si no puedo salir a caminar, acabo sintiendo que me estoy fallando a mí misma (y a mi cuerpo). Cuando vuelvo a casa ya estoy con la mente fresca y lista para pasar un par de horas escribiendo. El paseo de esta tarde me ha regalado una imagen preciosa teñida de ocre y marrón con las copas de unos árboles. Ni el filtro “Valencia” de instagram podría superar esa belleza. Ay, qué imagen más inspiradora. Lo que me hubiera perdido de quedarme en casa. Ánimo con tu hábito 😉

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  3. Te admiro por tu fuerza de voluntad, yo era de los que suspendía educación física… lo que si hago bastante y me ha gustado siempre es andar, puedo andar bastante tiempo sin problemas y se me cansan mucho antes la piernas (9 o 10 horas al día programando sentando hacen que pierdas tono muscular) que el corazón. Disfruto mucho paseando tranquilamente (aunque a ritmo) mirando todo lo que hay a mi alrededor y sorprendiéndome cada día.

    Y efectivamente, es una cosa de las que mas me inspiran para escribir, o al menos para dejarme en un estado psicofísico apto para empezar a escribir.

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    • A mí también me encanta andar y siempre que me bloqueo me doy una caminata y parece que se me desbloquean los engranajes creativos… Y sí, esto de estar sentada tantas horas – yo no programo, pero estoy haciendo un doctorado – te agarrota un poco, por eso necesito salir a ‘desfogarme’ al menos una vez al día. Me alegro de ver que no soy la única 🙂

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