Escritora Errante 11: Ríos.

York_flooded

Escribí esta entrada el 6 de diciembre de 2015, cuando Lancaster acababa de sufrir un corte en el suministro eléctrico debido a las inundaciones de varios ríos.

Últimamente tenía problemas para escribir mis quinientas palabras diarias, pero mira por dónde hoy ese va a ser el último de mis problemas. Supongo que a España estas noticias no llegan, porque a nadie le importa Lancaster, esa pequeña ciudad con castillo en el Noroeste de Inglaterra. Después de estar lloviendo un mes los ríos se han desbordado y la estación eléctrica en Lancaster se ha inundado. No hay electricidad, ni internet, ni cobertura en los móviles.

Esto es bastante relevante, ya que estoy escribiendo una novela corta de Ciencia Ficción sobre un mundo en el que siempre llueve. Nunca pensé que llegaría a ver imágenes post-apocalípticamente inspiradoras tan cerca de casa. Qué cosas.

Llevábamos todo noviembre lloviendo sin parar, y mi humor pasaba de gris a negro e incluso peor. No dejaba de pensar que el tiempo era especialmente malo – incluso para Inglaterra – pero la mayoría de las personas me miraban con una media sonrisa por eso de que soy española y claro, tanto sol mientras crecía en mi Madrid me he convertido en una malcriada…

Cielos grises, la lluvia inclemente cual amenaza divina… Ahora mismo me acuerdo mucho de que alguien – no sé quién, pero esa persona merece ser arrojada a un río, lo siento – decidió que el Distrito de los Lagos – uno de los lugares más hermosos del planeta – sería un buen lugar para deshacerse de residuos radioactivos.

No sé si la naturaleza tiene algún tipo de alma – lo dejaremos en misterio – pero cuando el río Conder – que pasa muy cerca de mi casa – bajaba marrón, espuma amarillenta, a toda velocidad, como nunca lo había visto antes… Estaba enfadado, iracundo, y no es una metáfora, es la emoción que me embargó al verlo.

Como el río Ouse en York hoy – estoy en York, por azares del destino he logrado escapar de Lancaster – que también se ha desbordado, y podéis ver en la foto. Ese paseo de adoquinado al lado del río por el que yo caminaba tan feliz al sol este pasado septiembre se encuentra completamente inundado, los primeros pisos de las casas y los soportales completamente cubiertos. Una señal de tráfico. Una grúa. Todo ha dejado de ser una herramienta humana, un elemento más de la ciudad para convertirse en huesos, fantasmas. El Ouse no está enfadado, está pletórico. Cubre todo con sus aguas, se adueña de la ciudad que con tanto ahínco se h ido construyendo a través de los años, piedra tras piedra. Parece querer decir, aquí estoy yo, como estuve siempre antes que ninguno de vosotros, y este es mi reino.

La naturaleza puede convertirnos en polvo en un solo instante. Y la electricidad, los teléfonos, el internet… sirven para cualquier cosa menos para emergencias. Anoche, cuando se fue la luz por primera vez, me fui a dormir ligeramente angustiada. La lluvia seguía cayendo y no podía evitar pensar en el Conder, furioso.

No dejo de pensar en Station Eleven, el libro que leímos en el club de lectura de Ciencia Ficción este trimestre. La historia de un mundo que se va al carajo porque un virus que viene de Georgia – los virus malos siempre vienen de lugares remotos, no de EEUU o cosas así – mata al 99% de la población. Ellos también se quedan sin electricidad, sin agua… el caos y la angustia de esta sociedad fantasma – todo lo que ‘importa’ es intangible.

Bosques oscuros. Tan solo los brillos de los ojos de las ovejas que aun siguen pastando después de que el sol se haya hundido bajo las montañas pasadas las cuatro de la tarde. Recuerdo cuando andaba por el Distrito de los Lagos, Great End. La noche empezó a caer y yo seguía por las alturas. Recuerdo el color del cielo: el azul se volvió más intenso, oscuro y brillante a un tiempo. Añil. La luna se veía enorme entre las montañas,  con un tinte plateado, y las primeras estrellas empezaban a salir pero aún era de día. Nubes rojas en el horizonte, y dorado donde el sol empezaba a estrellarse, contra los riscos.

Cuando la noche se derramó completamente sobre el valle, solo se veía la luna, lejana y distante, ahora dorada, majestuosa. La luna de lejos vigilando como una madre atenta siempre al lado del bebé que dueme. Mil estrellas encima, y debajo brillos aquí y allá, como jemas de jet, titilando, velas de materia oscura. Los ojos de las ovejas. Las ovejas siguen pastando pese a todo en esas noches largas que empiezan demasiado pronto a comerse a Inglaterra.

Durmiendo en York pero pensando en Lancaster. En los campos vacíos, en la ciudad dormida, sin luz, sin ruido, simplemente existiendo.

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4 comments

  1. Hi Inés, I’m Hyo-Bul/ Christian, the second oldest of your French cousins ^^. It’s been a while, it would be cool to see each other sometime next year. I’ll be working not too far, in Dublin.

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  2. Hey! No idea your second name was Christian, that’s why I was confused! Nice to hear about you. I’ll be living in Lancaster (North England) for at leat two years more. My PhD is about Ireland so I’m planning to go to the country as much as I can! So definitely, we’ll see each other in Dublin 😀

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