Escritora Errante 13: Esos días.

Aburrimiento

Es uno de esos días. Miro la pantalla del ordenador, intento teclear, escribir mis 500 palabras diarias como sea pero no hay manera. Estoy desganada, asqueada de la vida al completo. Parece que voy cargando a todos lados con una mochila de cien kilos – no son piedras, no, son preocupaciones. Incluso después de dormir siete horas me levanto cansada. Pienso en el futuro y solo veo un agujero negro…

¿Soy la única que se siente así?

En mi caso se trata de combinar mi pasión con una forma decente de ganarme la vida. Me encanta contar historias y soy muy feliz haciendo mi doctorado en Escritura Creativa. Pero no me alimento de aire y vivir bajo un puente en Inglaterra no es muy aconsejable, con eso del mal tiempo, así que me preocupa mucho el encontrar una manera práctica de hacer dinero. Por lo pronto tengo dos trabajos a media jornada además del doctorado, y aún así lo que gano ni me paga las facturas.

Pero como hay que seguir adelante de una manera u otra – que no me convertí en una escritora errante para sufrir, sino para vivir excitantes aventuras – siempre tengo recursos a mano para ‘seguir tirando’. Y son esas cosas que le digo a mi Yo Triste en los días de lluvia.

1. Escribe, escribe, escribe.

Gabriella Campbell lo dice a menudo en sus posts. No importa que no tengas ganas, tienes que seguir trabajando creatívamente 24/7. Hoy, por ejemplo, he garabateado mis 500 palabras más mal que bien y sintiendo que preferiría que me arrancaran un diente antes que terminarlas. Pero al acabar… una se siente mejor. Primero porque has hecho algo importante en el día (¡escribir!) Segundo, por que las palabras se acumulan, con lo que al terminar estás siempre un pasito más cerca del libro/novela/historia corta… etc. Además, aunque escribas de mala uva – como yo hoy – la gente que te lee no se va a dar cuenta. Los días tristes no tienen por qué ser menos productivos: es más, me atrevería a decir que tienes que hacerlos productivos para al menos levantar esa tristeza.

2. ¡Muévete!

Desde un paseo por el parque hasta correr o irte a nadar. Corro todas las mañanas o si no, hago yoga. Pero no me quedo parada. Sentir el cuerpo anquilosado no te pone de humor, precísamente. Además, escribir es un trabajo que consume mucha energía mental, con lo que es bueno equilibrarlo con otra actividad puramente física. El año pasado salía a dar una vuelta – lloviera o tronara – cada vez que me atascaba con la trama de mi novela de terror gótico. Y vaya si me funcionaba.

3. Comparte tus experiencias con otras almas creativas.

Qué divertido es encontrarte con otro escritor, pintor… etc. con el que poder reír sobre los pesares creativos o inspirarse mutuamente… y si puede ser con unas cañas, ¡mejor que mejor! Las largas conversaciones con otra persona que entiende por dónde estás pasando y valora verdaderamente tus aspiraciones siempre rellenan la batería de la motivación. Sin mi grupo de escritores mi vida en Lancaster sería mucho más gris. Mi amiga ilustradora me trae frescura – en forma de bellas imágenes – cada vez que me sofoco con la tinta negra de las palabras… ¿Tienes amigos artistas? Si no es así, ¡corre a buscarlos! Los sueles encontrar en eventos literarios, tiendas de arte, librerías… etc. Antes yo era una escritorzuela de esas que pensaba que era mejor enhebrar historias en estricta soledad, pero tras conocer a otros escritores me di cuenta de lo mucho que alivia saber que no eres la única sufriendo un bloqueo creativo o desesperando porque la edición de tu novela parecer no tener fin…

4. Aprende de las grandes.

No solo la gripe se contagia… ¡también la grandeza! En mis días más grises – y en los felices también, la verdad – me gusta escuchar las historias, experiencias y consejos de aquellos que – resuenan campanas y un coro celestial – lo han consguido. Aquí os dejo algunas de mis artistas favoritas…

Gabriella Campbell tiene un blog que yo vi crecer hasta convertirse – como es hoy – en uno de los grandes si escribes en español.

Fran Meneses es una ilustradora freelance genial. Amo su estilo, sus gatos y su manera de ser tan natural. Su vídeo sobre la motivación me encantó (chain of doom… so true).

Being Boss podcast. Gracias a Fran Meneses descubrí este podcast (en inglés, eso sí) sobre dos mujeres que han montado sus propios negocios basados en la creatividad. Nunca me había vuelto tan adicta a un podcast, pero es que estas dos te alegran el día y además vienen cargadas de consejos más valiosos que el oro. Especialmente si estás pensando en ser freelance o ya lo eres pero quieres seguir aprendiendo.

The Writing Life. Es mi programa de radio en el que, con la ayuda de un marvilloso equipo, entrevisto a todo tipo de escritores. Es un privilegio poder sentarme delante de mis autores favoritos y escuchar las historias de cómo consiguieron publicar su primera novela, o como encontraron un agente literario… La mayoría de las veces te das cuenta, además, que son gente corriente y moliente, con las mismas preocupaciones que tú. Como Kirsty Logan – ojalá su libro The Gracekeepers se traduzca pronto al español, porque es una maravilla – que enseguida dejó claro lo mucho que sufre algunas mañanas para escribir sus 400 palabras diarias…

5. Devora arte. ¿Qué ha sido lo último que te ha inspirado? ¡Y no solo valen libros! A veces una película o una canción pueden ser incluso mejores.

Por ejemplo, Room fue una película que me dio pesadillas por la noche pero me hizo maravillarme ante lo increíble que puede ser contar una historia tan difícil como esta con la voz de un niño de cinco años – y que funcione. Tengo ganas de coger el libro – que según tengo entendido, es mucho más fuerte – para ver como Emma Donoghue consiguió el efecto. Para mí, narrar a través de una voz infantil es una de las cosas más complicadas – pero en esta película lo consiguieron, ya lo creo.

En cuestión de libros, justo ahora acabo de terminar The Loney. Es una historia gótica ambientada en Lancaster. Es una de estas lecturas en las que ‘no pasa nada’ y al mismo tiempo los cimientos del universo tiemblan, si entendéis lo que quiero decir. Me ha encantado la manera en la que el autor te arrastra a un lugar a donde – evidentemente – nadie quiere estar. Y te hace quedarte. Y observar. Más de una vez me revolvió el estómago o me provocó ligeras taquicardias. En fin, el género Gótico es mi amor verdadero en la literatura, lo quiera yo o no… Y libros como este se encargan de recordármelo.

¿Música? ¿Por qué no escucháis esta de Pearl Jam? Me ha ayudado a escribir las 500 palabras de hoy que no querían salir.

6. Hazte una taza de té. Sí, lo sé, soy adicta al café y nada me pone de mejor humor por las mañanas que una buena taza de café – eso, o sexo. De hecho, hace poco hice un post sobre cómo el café es la gasolina para mi escritura. Pero a veces no hay nada mejor que una buena taza de té – y hay mil variedades y sabores – para reconectar con tu ser artístico y ponerte ‘en la onda.’ Hace poco una amiga me ha enviado macha (té verde) desde japón y la verdad es que me ha vigorizado por dentro – y de paso me ha hecho más productiva. Así que, ¿por qué no iros a una de esas tiendas especializadas a comprar un delicioso té para ‘regalaros’ un momento de escritura? A parte del macha japonés a mí me encanta el té negro con caramelo y gengibre…

7. Cambia de chaqueta.  A veces la frustración artística – o de la vida en general – viene cuando no producimos nada que nos parezca válido. Por ejemplo, las 500 palabras que escribí ayer eran pura bazofia, y probablemente ninguna de ellas sobreviva la etapa de edición. Queremos sentirnos completos, llenos, realizados. Es fácil atascarse en lo que más nos gusta – por eso del perfeccionismo, el ego… – pero sin embargo hay cosas que todos podemos hacer rápido y bien. Por ejemplo, a mi supervisora del doctorado, la escritora Jenn Ashworth, le da por hacer ganchillo. A mí me gusta garabatear dibujillos. ¿Y a vosotros? Cualquier cosa que sea creativa y produzca algo – como la cocina – vale. Y al terminar uno alcanza la misma felicidad que habiendo escrito 500 palabras maravillosas, os lo garantizo.

¿Cuáles son las cosas que os ayudan a seguir tirando? ¿Qué trucos amenizan esas palabras diarias? Aquí en Lancaster tenemos un febrero bastante lúgubre, así que, ¡todos los consejos motivamentes son más que bienvenidos!

 

 

 

 

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