Escritora Errante 17: Se Abre Una Puerta.

Las puertas del infinito

Este año no está siendo fácil. Decidí quedarme en el norte de inglaterra por mi sueño de vivir de la escritura, pero la verdad es que desde que empecé el doctorado escribir no ha sido tan divertido como siempre. ¿Qué anda por mi cabeza?

¿Cómo ganar dinero mientras escribo?

¿Cómo encontrar lo más parecido a un hogar en la Pérfida Albión?

¿Es el doctorado en inglés el camino adecuado?

Tras haber conseguido un trabajo me pasé la Semana Santa currando (y recordando por qué quiero ser escritora y no tener un trabajo de oficina para mantener mi salud mental). Luego me fui de vacaciones a España, pero esos días empezaron teñidos de angustia. Primero porque, como buena escritora, me gustan los dramas (e interpretarlos). Mi dos principales preocupaciones:

  1. Solo dan 10 días de vacaciones al año en el trabajo. (Osea… condiciones dickensianas).
  2. La beca del doctorado. No me la dieron el año pasado y me la jugué invirtiendo mis ahorros para pagarme el primer año, cruzando los dedos para que me la dieran los dos años siguientes.

 

En esos días agridulces en los que me planteaba qué camino tomar si se me cerraban las puertas del doctorado (y la verdad, no se me ocurría nada, porque no me veo trabajando de nueve a cinco en una oficina y escribiendo por las tardes) llegó a mis manos un libro qué precísamente hablaba de puertas: la nueva publicación de José Antonio Cotrina con Víctor Conde.

Cotrina es mi escritor favorito en lengua castellana. Sus palabras me transportan a lugares imposibles y me hacen ver cosas que probablemente solo podría alcanzar bajo los efectos de algún hongo alucinógeno. Su manera de escribir es detallada sin ser barroca (como a mí me gusta) y sus argumentos tienen siempre ese giro oscuro e inesperado que logra afianzarlos en mi memoria. Todos sus libros y personajes (el Conde Sagrada, el Demiurgo, Rocavarancolia…) siguen conmigo aun meses (y años) después de haberlos leído.

Así que en estos días en los que no escribí ni una palabra ni pensaba que iba a leer, su nuevo libro fue como un soplo de aire fresco. Empecé con la primera página y ya no lo pude dejar hasta terminarlo. La historia es una locura: hay magia, acertijos, monjas, números, sueños, paranoias, crueldad, putas, dragones, el Londres victoriano, morsas verdes, ciudades imposibles, dioses e ídolos de la fertilidad…

Fue leerlo y recordad por qué quiero ser escritora. Por qué estoy dispuesta a sacrificar tantas cosas solon por el placer de crear algo parecido.

Las Puertas del Infinito tiene mucho de Cotrina. Una protagonista femenina que no me da arcadas (para variar), sino con la que me siento indentificada. Unas descripciones que podrían ser cuadros de El Bosco. Un final que quiero discutir con los demás lectores (y con el propio autor, ¡ojalá!) Pero quizás, lo más importante es la manera en que te atrapa. Sus frases son como virus malévolos que te devoran el cerebro para controlarte y que sigas leyendo hasta la última página. Y eso, he de decir, es la maestría en el arte de contar historias. Te pueden convencer más o menos ciertos aspectos, pero si al final te quedaste escuchando hasta el final entonces ese barco ha llegado a un puerto.

Hace tiempo que no escribo por diversión. Últimamente todo son fechas de entrega y un número máximo de palabras a cumplir. Pero gracias a Cotrina y a Conde (que no he leído nada suyo pero con ganas estoy después de esto) vuelvo a mirar el arte con otros ojos. Y estoy dispuesta a comer un poco menos y a ser un pelín más pobre solo por seguir creando.

Por cierto, que al final sí terminaré esa trilogía de novelas cortas en la que estoy trabajando. Porque algunas personas en la Pérfida Albión piensan que merecen la pena y han decidido pagarme la matrícula del doctorado los dos años que me quedan. Si hubiera sido inglesa, la gran noticia habría venido con un dinero mensual para mantenerme, pero como nací en un país con sol me toca seguir haciendo malabares para comer/contar con un refugio. Pero… ¡qué importa! Cómo los aperimantes del libro de Cotrina y Conde, he descifrado la clave de esta puerta y estoy más que dispuesta a cruzar el umbral.

¿Qué puertas habéis abierto vosotros?

¡Nos seguimos leyendo! 

 

 

 

 

 

 

 

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