Escritora Errante 20: ¿Cómo continuar el viaje?

Grulla
Bucólica imágen en Lancaster un día de primavera tardía, en el que un grupo de vacas tomando el sol son observadas por una extraña criatura picuda.

Escribir es un viaje, pero cuando literalmente te cambias de país para dedicarte a tu pasión a tiempo completo, la metáfora se vuelve más real.

Llegué a Lancaster el 26 de septiembre del 2014 sin saber muy bien qué me encontraría, pero con ganas de escribir y tener nuevas experiencias.

Han pasado casi 20 meses desde aquello. Ahora estoy haciendo el doctorado, lo que quiere decir que tengo tres años para escribir una trilogía de novelas cortas e investigar sobre ella mientras dos escritores profesionales me ayudan en el camino. Hay tantas, tantísimas cosas que he aprendido en estos meses. No creo si quiera que sea la misma persona que se subió nerviosa al avión aquella mañana de septiembre, solo con una maleta y empeñada en irse sola.

Es curioso, porque, como escritora, estos meses han sido de los mejores y también de los peores de mi vida, en cierto sentido. Nunca me había sentido tan conectada y en sintonía con mi esencia, o tan perdida y desarraigada. Y todo en ese corto periodo de tiempo. Me siento como esas personas que se van a los baños turcos y se meten en una sauna para acto seuguido bañarse en una piscina helada. ¿Dicen que eso es bueno?

1. Escritora

Nunca me había atrevido a llamarme ‘escritora’ cuando vivía en España. Me gustaba  inventarme historias y garabatear argumentos, pero, pese a haber publicado, la palabra se me quedaba grande. Tras haber vivido en Lancaster y haberme graduado, me siento mucho más cómoda al decir que soy escritora delante de otros. No porque tenga un máster en Escritura Creativa (no creo que nadie haya de tenerlo para dedicarse a esto, la verdad) sino porque, por primera vez en mi vida, he empezado a tratar la escritura mucho más seriamente: borradores, investigación, edición, envíar cartas a editoriales y agentes, participar en eventos literarios… etc. Digamos que aquí tuve la oportunidad de encontrar una comunidad que me ha enriquecido y confirmado que esto es a lo que quiero dedicarme. Aunque aun no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, y esto es un proceso lleno de errores y sustos, al menos sé como identificarme.

2. Publicar

Por primera vez, voy a publicar dos textos largos bajo mi nombre. Es la primera vez que trato con editores sola, y la suerte quiere que sean de Reino Unido y de España, con lo que tengo la ventaja de ver las dos caras de la misma moneda. Cuando llegué a Lancaster jamás pensé que acabaría publicando (¡y en inglés!) en tan poco tiempo. Sin embargo, el proceso de edición ha sido (está siendo, de hecho, porque aún no ha terminado) increíblemente difícil. Me he dado cuenta de lo que es poner algo que tu has creado en manos de otra persona que puede empezar a amputar y añadir miembros a tu engendro original a placer. No es algo que ninguna madre quiera ver… (y yo me considero la madre de todos mis engendros/libros). Pero es el precio que todos hemos de pagar si queremos sacar nuestro trabajo al mundo.

3. Trabajar

Por primera vez, estoy trabajando con contrato y horario fijo. Hasta entonces solo había hecho cosas temporales o en plan freelance, como traducciones, clases de español y demás. Este año he conseguido mi primer contrato profesional que durará lo que tenga que durar, pero por el momento aun estoy en estado de shock. Ya sé que muchos estudiantes de doctorado (como yo) tenemos que sacarnos las castañas del fuego trabajando al mismo tiempo que investigamos. Pero está siendo duro, porque no me gusta estar sentada en una oficina, no me gusta la jerarquía empresarial, ni los horarios fijos, ni el trabajar en algo que no te gusta, solo por el dinero… Pero en fin, tengo que comer, y el dinero y la independencia que este trabajo me dan son algo que valoro. Aunque, desde luego, sé que solo va a ser algo temporal, y por mucho estrés que me esté causando tiene la ventaja de entrenarme en varias áreas en las que estoy un poco verde, como el marketing y el copywriting. Y, además, me hace escribir en inglés durante 8 horas seguidas, lo que seguro mejora mi gramática.

4. El hogar

Si en estos últimos 10 meses he tenido una obsesión, esa ha sido, sin lugar a dudas, encontrar un hogar. Esta es la primera vez que vivo durante tanto tiempo en un país extranjero y sin vistas a regresar pronto, por el momento. Los primeros meses siempre vienen con la maravilla de lo desconocido, pero luego, claro, llega la parte difícil: darte cuenta de que tu vida ha cambiado y tienes que hacerte lugar en un ambiente al que no estás acostumbrada. Vivir en una casa sucia, con alguien con quien no tengo ningún tipo de conexión ha sido desagradable. Es curioso: ese sentimiento de soledad tan doloroso (como si echara de menos un miembro que ha sido amputado) es algo que ya había experimentado en Edimburgo y en Madrid. Siempre había intentado huír de esa sensación, buscando maneras de darle el esquinazo. Pero ya se sabe, uno no puede (realmente) escapar de sus propios miedos, y supongo que los míos me han encontrado sin escapatoria en Galgate. Lo bueno es que he descubierto que la única manera de vencerlos es… cambiar. Y por eso me cambio de casa en dos semanas.

5. Amor

Otra de las cosas que he descubierto en Lancaster ha sido otra persona. Yo no era una novata en esto del amor, pero claro, no sabía que cuando  quiere dar fuerte puede dar muy fuerte… Si antes mi otros enamoramientos habían sido como heridas de bala, esto ha sido una bomba con todas las de la ley. Nunca me había dado cuenta de lo mucho que puede absoberte e incluso obsesionarte una relación. Bueno, sí. Pero estoy descubriendo nuevos extremos. Creo que enamorarme y empezar una nueva relación ha borrado por completo mi identidad. He dejado de ser ‘yo’ para entregarme por completo a otra persona. Es como encerrarte a escribir una novela y olvidarte de comer y dormir. Suena atrayente (para mí) pero no es viable a largo plazo. Creo que esa ha sido otra de las cosas que más me ha dañado últimamente. Estoy en el proceso de distanciarme un poco de todo ese mejunje de sentimientos para entender cómo es posible querer y respetar a otra persona al mismo tiempo que te quieres y te respetas a tí misma.

6. Escribir

Al principio escribir era un hobby que tenía que combinar con los estudios. Luego, durante el máster, pude dedicarme a escribir 24/7, y sí, vaya si me sentó bien… Ahora escribir se ha convertido en una obligación (quizás) demasiadon importante. Las fechas de entrega del doctorado, el miedo general a no poder dar la talla, el hecho de que tengo que combinarlo con un trabajo… Este año han sido pocos los momentos en los que he sentido ese cosquilleo especial cuando la imaginación vuela loca y, por muy rápido que tecleeen tus dedos, no consigues alcanzarla. Este año no he viajado a las localizaciones de mis historias ni he invertido tiempo en buscar ideas en los lugares más insospechados. ¿El resultado? No estoy muy contenta con lo que he producido por ahora.

7. Ser parte de una comunidad

Llegar a Lancaster fue encontrar un grupo de escritores como yo con los que conviví casi mano a mano durante todo el curso. El intercambio energético (sí, es así como lo siento) que se experimenta al rodearse de personas creativas es increíble, y no creo que pudiera vivir sin eso ahora que ya lo he tenido. Sin embargo, este segundo año ha sido un poco más complicado, porque mucha gente se muda, se marcha o simplemente consiguen lo que algunos llaman ‘un trabajo decente’. Lo que me ha llevado a plantearme el crear mi propia comunidad de escritores o alguna manera similar de seguir compartiendo experiencias.

Han pasado ya 20 meses desde que llegué a Lancaster y cada vez estoy más convencida de que necesito escribir para sentirme bien en mi piel y, al mismo tiempo, aprender a compaginarlo con todas las demás areas de mi vida. ¿Mi meta? Trabajar para mí misma sin tener que pisar una oficina o lidiar con jefes…

¿Cuál es la vuestra? Me encantaría saber cuáles son vuestros caminos artísticos…

 

 

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