Life in The High-Rise, Do You Fancy It?

High_Rise_2014_Film_Poster

Last Saturday I went to the cinema and to watch High-Rise. I was very curious about this film, a) Tom Hiddleston is in it, b) it’s based on a novel by the British writer James Ballard and what I heard of him sounds fascinating.

I have never read anything by Ballard – I plan to grab The Drowned World some time soon – but I enjoyed the film a lot. It has that explosive mix of strange plot, music and visuals that it’s so hard to find in more mainstream movies. The soundtrack is very good – I loved this orchestra version of SOS by ABBA, and the cover that Portishead has done – and the story, even if unsettling, grabbed my attention since second one.

For those who don’t know, High-Rise is the story of an enormous residential building where people have everything they could ask for: swimming pool, gym, supermarket and even a school. This great achievement of modern life is also organised by social levels where the humble people occupy the lower floors and the rich ones the top. However, the apparent perfect status turns into chaos when there is a small power cut…

I was talking the other day with a PhD mate who is doing his thesis on Ballard and he told me that this writer was very influenced by psychology, specially by Freud, and that in this novel characters are supposed to be incarnations of the super-ego, the subconscious and so on. That’s a very interesting theory – and we were talking long about that – but, between us, that’s not what I was thinking about when I was watching the film.

In High-Rise everyone seems to have the perfect life: all of them have jobs in the city, all of them have cars, all of them have been able to afford a flat in the luxurious building and all of them have families and, sometimes, children.

Is not that what we all aim for?

I don’t know about you, but I always grew up thinking, ‘what do I want to do when I’m an adult?’ And that mean what sort of profitable job I was interested into. I went through school and high-school without questioning – not for a moment – that I’d be going to university too. I’m the second generation of university educated people in my family. My parents went and of course I was expect to do the same.

University was challenging in a way but boring too. As an extension of high-school I had to study theories but original thinking was not something we were asked to do. Now I find myself in the academia once again, although this PhD is the best thing I could be wishing for because it’s purely creative.

What should I do afterwards?

I hate working in an office and I hate the nine to five timetable. I’m not lazy, it’s just that I feel that it sucks my life (and creativity) out and I firmly believe there must be another way out. I don’t want to buy a car, I don’t want to buy an apartment, I don’t want to set a perfect family. Is that everything? I’m not surprised people at the High-Rise decided to throw Bachanals all day in the corridors because they were too sick of their perfect lifes. You can become a prisoner of your desires.

I used to believe – when I was 18 and thinking, hey, I’m an adult – that I would just get myself a job I liked and then I would write on the side. I know that works perfectly for some – it worked with the lovely J A White, author of The Thickety – but it doesn’t work for me. I need to be creating all the time. That’s what keeps me sane inside instead of drowning into depression, anguish and panic attacks. It may take me years to figure this out, but I can reinvent myself. I want to be like a modern minstrel going here and there exchanging stories for goods. Everyone likes to hear a good story.

Life in the High-Rise is not for me. I’d rather be a nomad.

Escritora Errante 21: ¿Y Ahora Qué?

Empty room galgate
¡Hasta nunca, extraña habitación asimétrica llena de nidos de araña!

Me ha costado mucho escribir este post porque interiormente aun me siento dolida y asustada. Parece una broma, ¿no? En un año en el que me he sentido más y más desarraigada va y sucede Brexit y las nuevas elecciones generales en España. En fin. La posibilidad de mudarme a una isla deshabitada en el medio del océano Pacífico y formar mi propia comuna cada vez me parece menos descabellada…

Pero, por otro lado, al fin me he mudado (¡al fin!) y ya no tengo que volver a Galgate, ese pueblo fantasma, nunca más.

Últimamente me ha dado por pensar en cómo debían sentirse los juglares de la oscura Edad Media, yendo de un pueblo a otro compartiendo historias. Seguramente sabían varios idiomas y llevaban poca cosa en el macuto pero la cabeza llena de ideas. Un poco como yo.

¿Son todos los artistas nómadas? Yo creo que, de alguna manera, todos somos un poco viajeros porque vamos a lugares recónditos (de manera figurada o literal) a buscar inspiración. Y nos llevamos a los lectores / a la audiencia con nosotros.

Y por otro lado, cuando veo las noticias en Reunido Unido sobre la xenofobia (que siempre ha estado presente, como en cualquier otro país, imagino, pero ahora como que duele aun más) y me doy cuenta de que soy ‘la de fuera’ me da pena. Pero a los dos segundos recuerdo que siempre me he sentido así en todos sitios y grupos, y es que los artistas somos (y nos encanta sentirnos) un poco raritos. Los Gregor Samsa del barrio.

¿Qué pasa con los artistas en tiempos de crisis? Vivir en un sitio con un gobierno como el de España, donde las libertades más básicas están que penden de un hilo, no me apetece nada. Como mujer y ser humano simplemente me niego a creer que no haya algo mejor, por mucho que eche de menos a la familia y al sol.

¿Acabaré en una orquesta itinerante, como en Estación Once? Pues mira, prefiero eso a tener un trabajo convencional. Me siento como el personaje de Miranda en esta novela, que se dedica a dibujar a escondidas una novela gráfica mientras hace como que trabaja en su oficina.

A veces me pregunto qué demonios hago escribiendo en inglés y cómo me las he arreglado para convertir algo que amo (la escritura) en una obligación con todas las fechas de entrega de este doctorado. Pero, siendo realista, si no tuviera esta ‘obligación’ de escribir no tendría ni fuerzas para levantarme por las mañanas. De hecho, un libro que me está ayudando a volver a mis letras con el antiguo entusiasmo es On Writing (Mientras Escribo), de Stephen King. La voz de esta autor es cálida y como un verdadero bálsamo si estáis pasando por el Bloqueo del Escritor. Honesto, divertido… Stephen King no es un superventas por nada. Y si (como yo) sois fan de sus historias de terror, ¿a qué estáis esperando para haceros con una copia? Os confirmo que es tan bueno como dicen, y muy diferente a los clásicos How To manuales de escritura. (Por cierto, que con una infancia como la que tuvo, ¡no me extraña que escriba los libros qu escribe!)

En fin. Me voy a dar una vuelta porque, encima, se me ha roto la bicicleta y me toca ir andando a todas partes (menos mal que lo de andar me va). La incertidumbre interna y externa pesa como llevar una mochila de hierro, pero, de alguna manera, he alcanzado el punto donde ya estoy aburrida de estar triste.

¡Mil gracias por leerme!

Y a vosotros, ¿cómo os va?