London

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I visited London for the first time in 2011. I was 18. It looked like a weird, mysterious, eccentric place. It had daker vibes than Paris – the other big capital I had visited so far – but I loved it. Every stone, every mouldy monument, every dirty corner.

Back in October this year. London again. Westminster Abbey. The House of Lords. The Big Ben. I felt sad. Angry. Upset. Betrayed. I had been checking out twitter, FB and reading all sort of disturbing news.

London, you’re full of shit, I thought. You’re all full of shit. I just want to go but I’m trapped here for at least two years to finsih my PhD. Fuck.

I was with my mother. She said, ‘don’t worry. History swings. When I was young it was a moment of freedom… new values… liberation… we’re going back the dark times I guess. It’s all the same, all the time.’

I got annoyed at her. I’m 23, for God’s sake. You’re going, mum, I thought. You’re going some time in the next twenty, thirty years. I’m stuck here. I don’t want to be here.

Frustration. I feel uproted in every possible sense. I’m a ‘woman’ and I put that in quotations because I don’t see myself in the word – not much – I think we should invent another word for a third genre that is not cursed . That is not artificial. I’m bisexual. I’m an immigrant. I demand absolute freedom on my body and my life. And oustide, the stories we heard in the media are stories of opression. Stories that deny what I feel I am.

London. I love you. It’s not your fault.

 


 

Visité Londres por primera vez, hallá por 2011, con 18 años. Todo era tan extraño, excéntrico, misterioso. Encontré vibraciones mucho más oscuras que en París – la única otra capital que había visto hasta la fecha – pero se ganó mi corazón. Cada piedra. cada monumento castigado por la lluvia, cada sucia esquina.

Octubre 2016. Londres. Westminster Abbey. The House of Lords. The Big Ben. Rabia. Enfado. Traición. Justo después de mirar Twitter y FB para leer toda clase de noticias desagradables.

Londres, estás lleno de mierda, pensé. Todos estáis llenos de mierda. Solo me quiero ir pero no puedo, estoy aquí atrapada por lo menos por otros dos años, hasta que termine el doctorado. Mierda.

Mi madre estaba a mi lado aquella mañana, y me dijo, ‘no te preocupes. La historia es así, ciclos… van y vienen… cuando yo era joven eran tiempos de libertad, valores nuevos… y ahora nos toca volver a los tiempos oscuros. Es siempre la misma historia.’

Me sentó fatal lo que dijo. Tengo 23 años, por Dios. Tú te irás más pronto, pensé, mamá, a ti te quedan qué, ¿veinte o treinta años? Pero a mí me toca quedarme. Y no quiero.

Frustración. Me siento desarraigada, dentro y fuera. Soy una ‘mujer’ – y lo pongo entre comas porque no me veo en esa palabra, creo que deberíamos inventar otra para un tercer género que no esté maldito. Que no sea tan artificial. Soy bisexual. Soy immigrante. Exigo absoluta libertad sobre mi cuepro y mi vida. Y fuera, las historias que me llegan son historias de opresión, historias que niegan lo que siento y lo que soy.

Londres. Te quiero. No es culpa tuya.

 

Lune in Autumn

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Nothing soothes my soul like nature. Cycling down the river Lune my heart gets excited, like when I was a child invited to a birthday’s party. The water is wide, and goes down furious. I can’t feel nothing but respect.

Whenever I’m trapped in the cage of writing, I go out. I breathe in the mountains, the trees, the rocks, the rain.

Then I go back and write.


Nada como la naturaleza para calmar my alma. Al bajar en bicicleta al lado del río Lune mi corazón se emociona siempre tanto, igual que cuando era pequeña y me invitaban a una fiesta de cumpleaños. El caudal es abudante, el agua baja furiosa. Siento un profundo respeto.

Cuando me encuentro atrapada en la jaula de la escritura, salgo fuera. Respiro las montañas, los árboles, las piedras, la lluvia.

Luego vuelvo a casa y sigo escribiendo.

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