5 Reasons Not to Buy My Book

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Yes. McTavish Manor comes out today and I’m very proud it has made it all the way until publication (since it all started in the form of a nightmare back in the Spring of 2014). The little thing is out in the world and, of course, I’m slightly worried about it. I put my soul and heart on this project. And it turns out that is beautifully edited by Holland House Books and it comes with illustrations from the wonderful Mireia Ibàñez Cid, too!

But I thought that, even if I want you to enjoy my stories (and even having nightmares with them) I also want to save you some pennies…

So this are the 5 reasons why you shouldn’t buy my book!

1. You love and need happy endings where everyone comes back home for Christmas. Or there is a wedding. Or someone recieves the Nobel Prize.

Erm… this is not your book, I am sorry. Life is complicated (we all know that) but I like to make my plots even more complicated. And scary. And horrible. (Yes, I wouldn’t like to live inside my novels, either, but I have fun creating them!)

2. You don’t like to think too much when you’re reading. It’s the writer’s job to make things easier for you and not the opposite! You already bought the book for God’s sake.

Aha. Fair point. You’re paying money and time for a book and you want to get something back. But if you just want to relax I’m not your person. Have you ever opened House of Leaves? Yes, a book in which some pages are printed the other way around so you need a mirror to understand what they say. Even when my book is not that extreme, it has its own twisted/complicated things. To me, this is a way to invite the reader for a game and make her/him participate actively into the story. But if you’re not in the mood for this sort of games… stay away and use your money to buy a good cup of tea and a inspiring book.

3.  You think illustrations are just for children’s books.

Ooops. I love illustrations. Yes, I know, your mind can imagine all that I’m describing in your own unique and very valuable way. But I do love getting my hands into an adult novel and discovering it has illustrations or even photos. That’s why I convinced the talented Mireia Ibàñez Cid to draw my characters for me. In fact, as the novella has (mainly) three narrators, do you know that she’s so awesome that she used a different drawing style for each of them? (Sorry, I know you said you didn’t like books with pictures… but still I have to ask you to check Mireia’s portfolio!)

4. Gothic? What Gothic? Do people still read Gothic?

Well, yes. We still read Gothic nowadays. And we even write it, sometimes. But if you’re one of these people who think Gothic is stupid, or it just sends you to sleep like really fast (far enough!) then I guess my novella is not good for you. Even when I was not trying to write the classic gothic story (but to go against many tropes, to be honest) I got so much inspiration from the classic Gothic genre that I cannot ‘forget it’ at this point. So, again, don’t buy my book. (Unless you suffer from insomnia!)

5. If you can say it in just one single word… better!

Mmm… no, sorry, that’s not just my style (generally and in this novel). Even when I love quick, cinematic and journalistic style in writing, I’m a big sucker for metaphors and images. When I read Bill Martin/Poppy Z Brite novels, or the Gormenhast trilogy my heart dances the hula-hula in my chest. So if you hate this kind of suggestive writing full of (crazy) metaphors I’m sorry… we are not made for each other. Keep looking for your perfect read!

So that’s it. I’m being brutally honest here. If you can relate to one or more of these statements, don’t buy my book. Go to the cinema. Try another new author. Treat yourself to a cream capuccino and a muffin in a fancy coffee shop. I won’t take it personally.

But, if after reading this you are curious, then… I just have one thing left to say…

Welcome!


 

¡Sí! Finalmente mi primera novela escrita en inglés sale a la venta y estoy que no me lo creo. Ver esta idea sobrevivir desde su concepción (en forma de pesadilla, allá por la primavera del 2014) hasta aterrizar en una librería es algo que no le ocurre a una todos los días… (y menos mal, porque escribir/editar/publicar este libro ha sido como montarse en la montaña rusa más alta del mundo treinta veces seguidas). Y el mérito no es solo mío: la preciosa y cuidada edición es de Holland House Books, y las maravillosas ilustraciones salieron de los pinceles de Mireia Ibàñez Cid. Menuda suerte la mía….

Sin embargo, estaba yo pensando que, aunque mi objetivo es siempre compartir mis historias con el mundo y entretener al personal (e incluso dar pesadillas a alguno) también quiero ahorraros unos eurillos…

Así que ahí van: 5 razones por las que no deberíais comprar mi libro. En serio.

1. Te encantan los finales felices en los que la gente vuelve a casa por navidad. O hay boda. O a alguien le toca el premio Nóbel, o la lotería, o algo.

Erm… esta no es tu historia, lo siento. La vida es dura (creo que, a estas alturas, todos nos hemos dado cuenta) pero a mí me gusta hacer mis argumentos aún más duros. Y complicados. Y tenebrosos. Y horribles. (No, no querría vivir dentro de uno de mis libros aunque me lo pase pipa escribiéndolos).

2. No te gusta darle al coco cuando lees. El trabajo del escritor es, precísamemte, ponerte las cosas fáciles y no al contrario. ¡Encima que te esfuerzas y le compras el libro…!

Ajá. La verdad es que no te lo niego, tienes razón. Has pagado dinero y (no solo eso) vas a invertir tu valioso tiempo en leerte el libro, con lo que, naturalmente, esperas algo a cambio. Pero si lo que quieres es relajarte… no soy tu tipo. ¿Alguna vez se te ha ocurrido abrir esta novela que se llama La casa de Hojas? Algunas páginas están escritas al contrario, con lo que tienes que hacerte con un espejo para leerlas. Y yo adoro ese libro. Aunque McTavish Manor no es un caso tan extremo, el libro tiene lo suyo de complicado y retorcido. Para mí, no ponérselo fácil al lector es una manera de invitarla o invitarle a jugar conmigo. Yo quiero que seáis una parte activa en la historia como lo soy yo o mis personajes. Pero si no te apetece… pasa de mi libro elegantemente y usa tu dinero para pagarte un cafecito y un comprarte un libro más tranquilito.

3. Los dibujitos son para libros de niños.

Ups. Me encantan los dibujitos. Sí, ya lo sé, los libros no los necesitan porque la mente del lector puede imaginarse todos los escenarios y personajes de un modo único y perfecto. Quizá aquí la rara soy yo… pero hay pocas cosas que me gusten más que agarrar una novela adulta y descubrir que viene con ilustraciones. (¡Por eso estoy tan emocionada con proyectos como Crónicas del Fin!) Y esa es la razón por la que convencí a la talentosa Mireia Ibàñez Cid para que dibujara a mis personajes. De hecho, como la novela tiene tres narradores principales, Mireia ha usado diferentes estilos para cada uno de ellos. (Lo siento, ya sé que me has dicho que no te gustan los libros con dibujitos… pero porfa, échale un vistazo al portfolio de Mireia… ¡no te arrepentirás!)

4. ¿Literatura gótica? ¿En serio? ¿La gente aún lee eso?

Pues… sí. Y, lo que es más, algunos hasta la escribimos de vez en cuando. Pero si crees que la literatura gótica es estúpida o simplemente te da un sopor terrible oye, estás en tu derecho. Aunque creo que entonces mi novela no es para ti. Siendo honesta, te diré que no estaba intentando escribir una historia clásica del género gótico (la verdad es que más que nada quería cargarme algunos de sus arquetipos). Pero me inspiré mucho en la tradición gótica (no te voy a mentir) así que fingir que mi obra está completamente separada de este género sería tontería. No compres mi libro. (A no ser que tengas insomnio, en cuyo caso puede que resulte ser el elixir que tanto habías estado buscando).

5. Las cosas, en cuanto menos palabras se digan… ¡mejor!

Mmmm… no, la verdad es que ese no es mi estilo. Aunque disfruto novelas escritas en un lenguaje directo, cinemático y casi periodístico, me pirran las metáforas y las imágenes. Cuando leo novelas de Bill Martin/Poppy Z Brite o la trilogía de Gormenhast my corazón hace el hula-hula en mi pecho. Si odias los estilos sugerentes y llenos de metáforas (un poco extravagantes) lo siento mucho… no éstamos hechos la una para la otra (o el otro). ¡Sigue buscando tu perfecta pareja literaria!

Así que eso. Puede que esté siendo brutalmente honesta, pero si coincides con uno o varios de los puntos que he mencionado, no compres mi libro. Ve al cine. Prueba un autor novel diferente. Mímate con un capuccino y un bollo en alguna cafetería chula. De verdad, no me lo voy a tomar personalmente.

Pero si después de leerte todo esto sientes un poco de curiosidad… en ese caso, solo puedo decir una cosa.

¡Bienvenida/o!

 

Doctors & Horrors: Why Doctors Scare Me

The Doctor Portrait
One of the first doodles I did of my main character in McTavish Manor, Dr Bilsland.

(En Español más abajo :D)

Allow me to set out exactly how you should proceed to contain Consumption. First, have one of the glasses in my studio heated—you will notice they have slightly sharpened edges. Then, when you are alone in your chamber—away from indiscreet eyes—hold tightly the scalpel I left for you & make a small incision in your skin. The cut has to be made under your clavicle, just above the breast. Immediately after, grab the glass—which should still be hot, not warm—& press it on the flesh—your hands must not tremble. I am sure you can perform the treatment—otherwise you would not have allowed your doctor to leave! Remember to take some linen towels with you to protect your garments.

McTavish Manor

 

¡Hola! How are you doing? Mondays suck. I’m sorry, but that’s who I am: I LOVE Fridays and get kind of blue every Monday. Dunno why, just happens that way.

So I’ve decided to spice things up a little and thought I’d open a new (temporary) section in my blog about doctors & horrors because these are two things I know a lot about. And what’s better than forgetting Monday’s exhaustion than reading a few spooky things you might not know?

As you may already know, I’m publishing my first novella written in English this Otober, and it’s a horror story. And yes, it is about the darkest parts of my soul and – it couldn’t be other way – it includes doctors. In fact, one of the main characters is a 19th century Doctor with a strange relationship with blood…  (Everything was related with blood at the time, in fact, and you can read in my quote of the novella the curious and real treatment of Consumption at the very beginning of the 19th century!)

Fun fact: thee doctor’s appearance is directly inspired in someone I saw in a dream and inspired McTavish Manor as a whole.

Horror fact: To cure Consumption (also known as Tuberculosis or TB) doctors in the 18th/19th centuery prescribed the loss of blod. So, basically, you were already coughing blood all the time and they also bleed you. Where is the logic in all this? Apparently, at the time, they believed that illness were associated to the poor condition of blood. So ‘purging’ blood was ideal to get rid of diseases…

(I’m convinced that at the time it made sense. Perhaps in 200 years people look back with horror at our surgeries in which people are basically cut out! Hopefully, they’d have discovered a better way of fixing things inside the body by then…)

Now, I want to ask you, are you scared of doctors?

If the answer is yes, we have lots of things in common! And if not… well, let me tell you a few things from my own experience.

Why am I scared of doctors?

Let me confess you a little secret: I have the very Gothic habit of fainting. I faint when I see blood, when I experience a strong pain… but also when I’m over excited (I fainted on my 10th birthday because I was soooo happy it was my birthday) and scared (I’ve fainted watching Crouching Tiger & Hidden Dragon when I was nine, no kidding).

I also faint when I experience strong emotions. Once I was doing muffins with my mum and she asked me to ‘massage’ the dough. It felt so… weird (that cold, wet and at the same time dry substance getting stuck in my skin) that I fainted too.

Are you surprised? Confused?

My parents were too, and that’s why they decided to take me to the doctor to see if someone could guess what was wrong with my brain causing all that non-sense fainting.

Now, after seeing a cardiologist (who put weird thins on my head and chest) and a neurologist (who hit my joints with a mini-hammer which was quite annoying), doctors decided to make some tests.

And this was the first one.

Picture me. I was 12 years old and basically still a child. My dad took me to the hospitals. Doctors had told me I couldn’t have breakfast that day, which is always a BAD omen, if you ask me. They made us wait for a little while then they called my name. My father wanted to come along (my parents always want to be present in any doctor’s interactions even now, and they are the kind of folks that won’t let me even speak about my condition!) But the doctor told him, politely, to wait.

I was alone.

The doctor took me to an enormous room of huge ceilings. There was just a hospital bed in the middle and intense lightubs directly over it. Nothing else. No nurse, no pictures on the walls or skeletons in the corner… nothing.

The doctor asked me to get naked and put on one of those thin green hospital robes (that seem to be made of paper). He disappeared for five minutes so I could do so. Then, he was back and made me sit on the hospital bed. I felt completely naked and vulnerable (to be honest, the robe didn’t make much of a difference). And quite uncomfortable, because he hadn’t told me what was going to happen.

Now, I realised that there was something attached to the hospital bed. Black straps. And that’s when the doctor told me.

The test consisted on the following: he was going to tie me up to the bed and then, he was going to make the bed turn exponentially faster until I was so sick and dizzy that I fainted. And then, they would study my brain.

Picture me in your heads: a twelve-year-old who faints with strong emotions. I felt like fainting just after hearing what it was going to happen to me. I don’t know if you have fainted, but it’s the most disgusting and horrible sensation ever – the complete loss of control (and conscience). So… letting them to make me faint?

Erm… no, thanks.

So I started crying. And screaming. And stating, very loud and clear, that I was NOT going to do that.

The doctor tried to convince me. It was an important procedure for my health… etc.

No, thanks.

Another doctor came to see if he was more persuasive.

Nop.

Finally they ‘threatened’ to call my dad.

I said, fine, bring him here.

My dad came.

‘Please, please don’t let them.’ I cried.

My dad looked at the doctors. Then he looked at the hospital bed with stripes. Then, he looked at me, his poor semi-naked daughter.

‘So, you don’t want to do it?’

‘No.’

And he took me home.

Since then, I don’t trust doctors – well, many other things have happened, but that’s for other chapters. I know I’m very coward and that what happened there was almost nothing compared to the procedures other people had undergone.

Still, it’s quite nightmarish in my mind.

Are you scared of doctors, too? Why?

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Permitidme explicaros con total exactitud aquello que debéis hacer para detener el mortal avance de la Tuberculosis. En primer lugar, mandad que os calienten uno de los vasos que hallaréis en mi estudio–veréis que tienen los bordes ligeramente afilados. Después, cuando os encontréis completamente sola en vuestras habitaciones –a salvo de cualquier mirada indiscreta– sujetad con firmeza el bisturí que os entregué & haced una minúscula incisión en vuestra piel. El corte se habrá de hallar bajo la clavícula, justo por encima del pecho. Imediatamente después, coged el vaso –que debe estar caliente, no templado– y usadlo para hacer presión contra la carne – no consintáis ni un solo temblor a vuestras manos. Confío en que podréis seguir este procedimiento –de otro modo, ¡estoy seguro de que jamás habríais permitido marchar a vuestro médico! Recordad que debéis tener cerca algunas toallas de lino con el fin de proteger vuestras delicadas vestimentas.

McTavish Manor

Hey! ¿Qué tal andais? Los lunes dan asco. Lo siento, pero soy de esas personas a las que les encantan los viernes y los lunes les ponen un poco tristes. No sé por qué, simplemente me pasa.

Así que he decidido animar las cosas un poquillo y empezar una nueva sección en el blog (aunque va a ser solo temporal). Se llama ‘Doctors & Horrors’ y en ella voy a hablar de estas dos cosas de las que resulta que sé bastante. ¿Os apetece empezar la semana leyendo algo horripilante?

Como seguro que ya sabéis, este octubre publico my primera novela corta en inglés (¡cruzo los dedos para que la traducción al español llegue pronto!). En ella podréis tener acceso a las partes más recónditas y oscuras de mi alma y, como no podría ser de otro modo, salen médicos. De hecho, uno de los protagonistas es un médico de principios del siglo XIX con una relación un tanto extraña con la sangre. (Casi todo estaba relacionado con la sangre en aquella época, como podéis ver en el extracto de la novela que he colgado al principio de este post. ¡Es una receta real de cómo curar la tuberculosis en el siglo XIX!)

Hecho curioso: La apariencia de mi médico la he sacado directamente de la persona que vi en aquel sueño que inspiró McTavish Manor

Hecho Tenebroso: Para curar la tuberculosis, algunos médicos de los siglos XVIII y XIX les recetaban a sus pacientes una ‘sana’ pérdida de sangre. Vamos, que los pobres enfermos se pasaban la vida tosiendo y escupiendo sangre y encima los desangraban… Ilógico, lo sé… pero es que resulta que en aquella época casi todos estaban convencidos que las enfermedades estaban relacionadas con tener la sangre en malas condiciones. Osea, que desangrar a un paciente era la manera perfecta de purgar enfermedades.

(Estoy segura de que, en su momento, todo esto era de lo más sensato. Es más, en 200 años seguro que la gente mira atrás para horrorizarse ante las operaciones que se hacen hoy en día en la que los médicos, básicamente, abren al paciente de un par de tajos… Seguro que para entonces se han descubierto procesos menos invasivos…)

¿A vosotros os dan miedo los médicos?

Si la respuesta es sí, entonces tenemos muchas cosa en común. Y si es que no… bueno, dejadme que os cuente una historia.

Voy a confesaros un pequeño secreto: tengo una manía muy gótica, desmayarme. Me desmayo cuando veo sangre, cuando experimento un dolor muy fuerte… pero también cuando estoy muy excitada (por ejemplo, me desmayé el día que cumplí diez años porque estaba ultrafeliz de estar celebrando mi cumpleaños… sí, en serio).

También me desmayo cuando me invaden sensaciones o emociones muy intensas. Una vez, estaba haciendo rosquillas con mi madre cuando ella me pidió que trabajara un poco la masa. La cosa es que, en cuanto me puse a ello, se me hizo muy… raro. Quiero decir, la masa estaba fría, húmeda y seca a un tiempo e increíblemente pegajosa. (Sí. Me desmayé enseguida.)

¿Sorprendidos? ¿Confusos?

Mis padres estaban en las mismas por aquel entonces, así que decidieron llevarme a un médico a ver si se podía resolver el misterio de mi cerebro ordenando desmayos a diestro y siniestro.

Después de ver a un cardiólogo (que me puso cosas en la cabeza y en el pecho) y a un neurólogo (que me golpeó en las articulaciones con un mini-martillo de lo más molesto) los médicos se pusieron de acuerdo para hacerme una prueba.

A ver, imaginad la escena. Yo tenía solo doce años (seguía siendo una cría). Mi padre me llevó al hospital por la mañana. Los médicos me habían dicho que no podía desayunar, lo que, ciertamente, yo ya iba considerando como un mal augurio. Tuvimos que esperar un rato en la sala hasta que el doctor me llamó. Mi padre quería venirse conmigo pero el doctor le dijo, amablemente, que se tenía que quedar en la sala. (Sí, mis padres son de ese tipo de gente que siempre quiere estar presente cada vez que voy al médico, y en la mayoría de los casos esto implica que hablarán ellos todo el rato sin dejarme explicar qué es lo que me pasa…)

Así que fui sola.

El médico me llevó a una habitación enorme con techos altísimos. No había nada (ni enfermera, ni dibujitos en las paredes, ni un esqueleto de plástico en la esquina). Solo una cama y, sobre ella, unos focos super intensos.

El médico me pidió que me desnudara y me pusiera una de esas batas verdes que parecen de papel que te dan en los hospitales. Después, me hizo sentarme en la camilla. En ese momento, yo ya me sentía completamente desnuda y vulnerable (entre llevar aquella bata fulerilla y nada…) Y encima aun no me habían dicho de qué iba la prueba.

Fue entonces cuando me di cuenta de que la cama tenía unas correas negras.

El médico me comentó lo que me iba a pasar: me iban a atar a la cama y luego iban a hacer que esta diera vueltas cada vez más rápido hasta que yo estuviera tan mareada que me desmayara. Y luego… estudiarían mi cerebro.

¿Os he comentado ya que yo era una cría que se desmayaba ante el más ligero estímulo? Vamos, que solo al escuchar al médico describiendo ese proceso me sentí flaquear una vez más. ¿Os habéis desmayado alguna vez? Entonces sabréis que es la cosa más horrible y desagradable (la pérdida absoluta de control y, obviamente, consciencia). ¿Acceder voluntariamente a que me provocaran un desmayo?

Eh.. no, gracias.

Así que me eché a llorar. Y me puse a gritar. Básicamente, les dejé muy claro que no pensaba hacer esa prueba.

El médico intentó convencerme diciendo que era importante para mi salud… etc.

No, gracias.

Otro médico vino para ver si podía persuadirme.

Nop.

Al final, ‘amenazaron’ con llamar a mi padre.

Estupendo, les dije, traedle aquí.

My padre apareció en la sala.

‘Por favor, no dejes que me hagan esto…’ Le rogué.

My padre miró a los doctores. Luego a la cama con las correas. Luego a mí, su pobre hija semi desnuda e indefensa.

‘¿No quieres hacerlo?’ Me preguntó.

‘No.’

Así que me llevó de vuelta a casa.

Desde entonces, no me fio ni un pelo de los médicos (bueno, la verdad es que otras cosas  han sucedido que han intensificado mi creencia, pero eso es para otra historia). Ya sé que soy una cobarde total y lo que me sucedió entonces fue practicamente nada comparado con lo que otra gente tiene que sufrir en los hospitales.

Aun así, yo lo recuerdo como una pesadilla…

¿Os dan miedo los médicos? ¿Por qué?

 

 

 

 

Escritora Errante 20: ¿Cómo continuar el viaje?

Grulla
Bucólica imágen en Lancaster un día de primavera tardía, en el que un grupo de vacas tomando el sol son observadas por una extraña criatura picuda.

Escribir es un viaje, pero cuando literalmente te cambias de país para dedicarte a tu pasión a tiempo completo, la metáfora se vuelve más real.

Llegué a Lancaster el 26 de septiembre del 2014 sin saber muy bien qué me encontraría, pero con ganas de escribir y tener nuevas experiencias.

Han pasado casi 20 meses desde aquello. Ahora estoy haciendo el doctorado, lo que quiere decir que tengo tres años para escribir una trilogía de novelas cortas e investigar sobre ella mientras dos escritores profesionales me ayudan en el camino. Hay tantas, tantísimas cosas que he aprendido en estos meses. No creo si quiera que sea la misma persona que se subió nerviosa al avión aquella mañana de septiembre, solo con una maleta y empeñada en irse sola.

Es curioso, porque, como escritora, estos meses han sido de los mejores y también de los peores de mi vida, en cierto sentido. Nunca me había sentido tan conectada y en sintonía con mi esencia, o tan perdida y desarraigada. Y todo en ese corto periodo de tiempo. Me siento como esas personas que se van a los baños turcos y se meten en una sauna para acto seuguido bañarse en una piscina helada. ¿Dicen que eso es bueno?

1. Escritora

Nunca me había atrevido a llamarme ‘escritora’ cuando vivía en España. Me gustaba  inventarme historias y garabatear argumentos, pero, pese a haber publicado, la palabra se me quedaba grande. Tras haber vivido en Lancaster y haberme graduado, me siento mucho más cómoda al decir que soy escritora delante de otros. No porque tenga un máster en Escritura Creativa (no creo que nadie haya de tenerlo para dedicarse a esto, la verdad) sino porque, por primera vez en mi vida, he empezado a tratar la escritura mucho más seriamente: borradores, investigación, edición, envíar cartas a editoriales y agentes, participar en eventos literarios… etc. Digamos que aquí tuve la oportunidad de encontrar una comunidad que me ha enriquecido y confirmado que esto es a lo que quiero dedicarme. Aunque aun no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, y esto es un proceso lleno de errores y sustos, al menos sé como identificarme.

2. Publicar

Por primera vez, voy a publicar dos textos largos bajo mi nombre. Es la primera vez que trato con editores sola, y la suerte quiere que sean de Reino Unido y de España, con lo que tengo la ventaja de ver las dos caras de la misma moneda. Cuando llegué a Lancaster jamás pensé que acabaría publicando (¡y en inglés!) en tan poco tiempo. Sin embargo, el proceso de edición ha sido (está siendo, de hecho, porque aún no ha terminado) increíblemente difícil. Me he dado cuenta de lo que es poner algo que tu has creado en manos de otra persona que puede empezar a amputar y añadir miembros a tu engendro original a placer. No es algo que ninguna madre quiera ver… (y yo me considero la madre de todos mis engendros/libros). Pero es el precio que todos hemos de pagar si queremos sacar nuestro trabajo al mundo.

3. Trabajar

Por primera vez, estoy trabajando con contrato y horario fijo. Hasta entonces solo había hecho cosas temporales o en plan freelance, como traducciones, clases de español y demás. Este año he conseguido mi primer contrato profesional que durará lo que tenga que durar, pero por el momento aun estoy en estado de shock. Ya sé que muchos estudiantes de doctorado (como yo) tenemos que sacarnos las castañas del fuego trabajando al mismo tiempo que investigamos. Pero está siendo duro, porque no me gusta estar sentada en una oficina, no me gusta la jerarquía empresarial, ni los horarios fijos, ni el trabajar en algo que no te gusta, solo por el dinero… Pero en fin, tengo que comer, y el dinero y la independencia que este trabajo me dan son algo que valoro. Aunque, desde luego, sé que solo va a ser algo temporal, y por mucho estrés que me esté causando tiene la ventaja de entrenarme en varias áreas en las que estoy un poco verde, como el marketing y el copywriting. Y, además, me hace escribir en inglés durante 8 horas seguidas, lo que seguro mejora mi gramática.

4. El hogar

Si en estos últimos 10 meses he tenido una obsesión, esa ha sido, sin lugar a dudas, encontrar un hogar. Esta es la primera vez que vivo durante tanto tiempo en un país extranjero y sin vistas a regresar pronto, por el momento. Los primeros meses siempre vienen con la maravilla de lo desconocido, pero luego, claro, llega la parte difícil: darte cuenta de que tu vida ha cambiado y tienes que hacerte lugar en un ambiente al que no estás acostumbrada. Vivir en una casa sucia, con alguien con quien no tengo ningún tipo de conexión ha sido desagradable. Es curioso: ese sentimiento de soledad tan doloroso (como si echara de menos un miembro que ha sido amputado) es algo que ya había experimentado en Edimburgo y en Madrid. Siempre había intentado huír de esa sensación, buscando maneras de darle el esquinazo. Pero ya se sabe, uno no puede (realmente) escapar de sus propios miedos, y supongo que los míos me han encontrado sin escapatoria en Galgate. Lo bueno es que he descubierto que la única manera de vencerlos es… cambiar. Y por eso me cambio de casa en dos semanas.

5. Amor

Otra de las cosas que he descubierto en Lancaster ha sido otra persona. Yo no era una novata en esto del amor, pero claro, no sabía que cuando  quiere dar fuerte puede dar muy fuerte… Si antes mi otros enamoramientos habían sido como heridas de bala, esto ha sido una bomba con todas las de la ley. Nunca me había dado cuenta de lo mucho que puede absoberte e incluso obsesionarte una relación. Bueno, sí. Pero estoy descubriendo nuevos extremos. Creo que enamorarme y empezar una nueva relación ha borrado por completo mi identidad. He dejado de ser ‘yo’ para entregarme por completo a otra persona. Es como encerrarte a escribir una novela y olvidarte de comer y dormir. Suena atrayente (para mí) pero no es viable a largo plazo. Creo que esa ha sido otra de las cosas que más me ha dañado últimamente. Estoy en el proceso de distanciarme un poco de todo ese mejunje de sentimientos para entender cómo es posible querer y respetar a otra persona al mismo tiempo que te quieres y te respetas a tí misma.

6. Escribir

Al principio escribir era un hobby que tenía que combinar con los estudios. Luego, durante el máster, pude dedicarme a escribir 24/7, y sí, vaya si me sentó bien… Ahora escribir se ha convertido en una obligación (quizás) demasiadon importante. Las fechas de entrega del doctorado, el miedo general a no poder dar la talla, el hecho de que tengo que combinarlo con un trabajo… Este año han sido pocos los momentos en los que he sentido ese cosquilleo especial cuando la imaginación vuela loca y, por muy rápido que tecleeen tus dedos, no consigues alcanzarla. Este año no he viajado a las localizaciones de mis historias ni he invertido tiempo en buscar ideas en los lugares más insospechados. ¿El resultado? No estoy muy contenta con lo que he producido por ahora.

7. Ser parte de una comunidad

Llegar a Lancaster fue encontrar un grupo de escritores como yo con los que conviví casi mano a mano durante todo el curso. El intercambio energético (sí, es así como lo siento) que se experimenta al rodearse de personas creativas es increíble, y no creo que pudiera vivir sin eso ahora que ya lo he tenido. Sin embargo, este segundo año ha sido un poco más complicado, porque mucha gente se muda, se marcha o simplemente consiguen lo que algunos llaman ‘un trabajo decente’. Lo que me ha llevado a plantearme el crear mi propia comunidad de escritores o alguna manera similar de seguir compartiendo experiencias.

Han pasado ya 20 meses desde que llegué a Lancaster y cada vez estoy más convencida de que necesito escribir para sentirme bien en mi piel y, al mismo tiempo, aprender a compaginarlo con todas las demás areas de mi vida. ¿Mi meta? Trabajar para mí misma sin tener que pisar una oficina o lidiar con jefes…

¿Cuál es la vuestra? Me encantaría saber cuáles son vuestros caminos artísticos…

 

 

Escritora Errante 17: Se Abre Una Puerta.

Las puertas del infinito

Este año no está siendo fácil. Decidí quedarme en el norte de inglaterra por mi sueño de vivir de la escritura, pero la verdad es que desde que empecé el doctorado escribir no ha sido tan divertido como siempre. ¿Qué anda por mi cabeza?

¿Cómo ganar dinero mientras escribo?

¿Cómo encontrar lo más parecido a un hogar en la Pérfida Albión?

¿Es el doctorado en inglés el camino adecuado?

Tras haber conseguido un trabajo me pasé la Semana Santa currando (y recordando por qué quiero ser escritora y no tener un trabajo de oficina para mantener mi salud mental). Luego me fui de vacaciones a España, pero esos días empezaron teñidos de angustia. Primero porque, como buena escritora, me gustan los dramas (e interpretarlos). Mi dos principales preocupaciones:

  1. Solo dan 10 días de vacaciones al año en el trabajo. (Osea… condiciones dickensianas).
  2. La beca del doctorado. No me la dieron el año pasado y me la jugué invirtiendo mis ahorros para pagarme el primer año, cruzando los dedos para que me la dieran los dos años siguientes.

 

En esos días agridulces en los que me planteaba qué camino tomar si se me cerraban las puertas del doctorado (y la verdad, no se me ocurría nada, porque no me veo trabajando de nueve a cinco en una oficina y escribiendo por las tardes) llegó a mis manos un libro qué precísamente hablaba de puertas: la nueva publicación de José Antonio Cotrina con Víctor Conde.

Cotrina es mi escritor favorito en lengua castellana. Sus palabras me transportan a lugares imposibles y me hacen ver cosas que probablemente solo podría alcanzar bajo los efectos de algún hongo alucinógeno. Su manera de escribir es detallada sin ser barroca (como a mí me gusta) y sus argumentos tienen siempre ese giro oscuro e inesperado que logra afianzarlos en mi memoria. Todos sus libros y personajes (el Conde Sagrada, el Demiurgo, Rocavarancolia…) siguen conmigo aun meses (y años) después de haberlos leído.

Así que en estos días en los que no escribí ni una palabra ni pensaba que iba a leer, su nuevo libro fue como un soplo de aire fresco. Empecé con la primera página y ya no lo pude dejar hasta terminarlo. La historia es una locura: hay magia, acertijos, monjas, números, sueños, paranoias, crueldad, putas, dragones, el Londres victoriano, morsas verdes, ciudades imposibles, dioses e ídolos de la fertilidad…

Fue leerlo y recordad por qué quiero ser escritora. Por qué estoy dispuesta a sacrificar tantas cosas solon por el placer de crear algo parecido.

Las Puertas del Infinito tiene mucho de Cotrina. Una protagonista femenina que no me da arcadas (para variar), sino con la que me siento indentificada. Unas descripciones que podrían ser cuadros de El Bosco. Un final que quiero discutir con los demás lectores (y con el propio autor, ¡ojalá!) Pero quizás, lo más importante es la manera en que te atrapa. Sus frases son como virus malévolos que te devoran el cerebro para controlarte y que sigas leyendo hasta la última página. Y eso, he de decir, es la maestría en el arte de contar historias. Te pueden convencer más o menos ciertos aspectos, pero si al final te quedaste escuchando hasta el final entonces ese barco ha llegado a un puerto.

Hace tiempo que no escribo por diversión. Últimamente todo son fechas de entrega y un número máximo de palabras a cumplir. Pero gracias a Cotrina y a Conde (que no he leído nada suyo pero con ganas estoy después de esto) vuelvo a mirar el arte con otros ojos. Y estoy dispuesta a comer un poco menos y a ser un pelín más pobre solo por seguir creando.

Por cierto, que al final sí terminaré esa trilogía de novelas cortas en la que estoy trabajando. Porque algunas personas en la Pérfida Albión piensan que merecen la pena y han decidido pagarme la matrícula del doctorado los dos años que me quedan. Si hubiera sido inglesa, la gran noticia habría venido con un dinero mensual para mantenerme, pero como nací en un país con sol me toca seguir haciendo malabares para comer/contar con un refugio. Pero… ¡qué importa! Cómo los aperimantes del libro de Cotrina y Conde, he descifrado la clave de esta puerta y estoy más que dispuesta a cruzar el umbral.

¿Qué puertas habéis abierto vosotros?

¡Nos seguimos leyendo! 

 

 

 

 

 

 

 

You are not alone: Write in the language you want!

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Some people ask me why I write in English, when I know it’s going to be twice as difficult to have a writing career in a language that – I don’t have a problem to admit this – I’m still learning and ‘conquering’.

Well… There are many reasons and none at all, but summarising:

  1. I love travelling and I wanted to get out of my country (and English is a lingua franca).
  2. Publishing/getting a writing career in Spain was getting too complicated and depressing.

Truth is, sometimes I feel alone, as if I was a painter using some colours that just I can see – so for other people they are invisible, and artists have to live for their audience as well, so that’s a problem.

Thousands of times I’ve been told that my setences are awckward or that I’m not using grammar in the conventional way. Those are the moments when I feel that writing in another language has challenges I won´t ever overcome because I cannot see these kind of things unless someone (a native, usually) points them out for me.

But… I’m happy, because I’m not alone. When I was doing a Creative Writing MA I used to feel I was the only one struggling in this second tongue to tell stories, and it was pretty frustrating. Thank God, I met other people along the way who were in my same position and inspired me. I seem to be the only one who feels so apologetic (and even an impostor sometimes) because I write in a second language. Whenever I meet other ‘wandering writers’ they seem to be proud of choosing this path and – what is more – usually they maintain they feel more confident writing in English than in their mother togue, something that doesn’t happen to me (so far).

For those of you struggling (or enjoying) writing in English even if it’s not the first language you learned I wanted to bring a compilation of all the interviews we made so far in our radio programme to wandering writers from all over the world. There are tons of valuable advice… Enjoy!

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Yamuna Venugopal

She’s a very intense writer who always manages to reach your heart with her simple – yet powerful – prose. She was born in India but came to Lancaster to study Creative Writing. She was my writing pal there and taught me a lot of things about writing. People liked a lot the way she blended Indian English with her writing – in dialogues and descriptions – as well as words from different Indian languages. Reading her stories was like having a free plane ticket for one of the most fascinating countries in the world. I think from her I learned to bring things from my own culture into my writing.

 

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Leonor Macedo

She’s a Portuguese writer who likes fantasy and YA. She grew up reading English writers such as Neil Gaiman, so that´s why she finds natural to write her dystopian novel in this language. Also, she points out the publishing sector in Portugal is very small. If English is going to give you more chances to write and live doing what you love, go for it!

 

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Monica Guerrasio

What I loved about Monica it’s how easily she talked about writing in both languages, English and Italian (her mother tongue). Since I started writing in English (almost two years ago now) I had felt the need to surround myslef with English books, English cinema, English friends… you could almost say I’m afraid of Spanish as if it was going to ‘pollute’ my English! But sometimes I feel sad about it (hey, Spanish is also cool…) Monica made me think that perhaps switching between different languages just depending the country you’re in can be done. She was also very convinced about translating her own stuff from English to Italian and vice versa. Definitely, something that inspired me a lot, because I can stop seeing languages as ‘enemies’ and start using them in a more complementary way in my art, just as I (try to) do in this blog.

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Oscar Delgado Chinchilla.

Oscar was my other writing pal from the MA. What can I see? He’s an amazing Sci-Fi/Fantasy/Steam-punk writer. Check out his stuff there and you’ll get what I mean. He said that writing in English he felt he could be more honest. I also feel I approach writing in different ways depending on the language I write in. Perhaps in English I can be more distant from what I write so I can see the picture and its mechanics better so the final result it’s better (or I feel so). Oscar is also a model to follow because he’s a uni professor (my current goal) and he has this easy way to explain and transmit things in a way that is useful but honest, so you can trust each piece of advice he gives.

We are not alone! These four people really inspired me to continue this journey. They might be the next big name out there, but in any case I’d say that someone who’s so brave as to try writing in another language and sometimes travelling thousand of miles leaving families and friends behind just for the sake of a dream it’s pretty serious about it… Go you!

Have you ever tried to write in a second language? Can you be creative in English? Let’s share experiences!

 

 

 

Escritora Errante 16: ¿Escribir alimenta?

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¿De qué sirve la escritura creativa?

Cuando vivía en España y empecé la universidad no sabía muy bien a qué dedicarme. Me gustaba tocar el piano, pintar y escribir, pero de todas esas cosas escribir era en lo único que había ‘brillado’ verdaderamente. Así que me dije, si tengo que eligir algo, que sea lo que menos me cueste y más disfruto.

Empecé a buscar trabajo en serio en Inglaterra desde enero. El doctorado no da de comer (por ahora no tengo beca, así que más bien me está ocasionando una gran deuda, aunque quiero pensar que tendrá beneficios futuros).  Mi currliculum es un poco extraño. Tengo muchas publicaciones: novelas, historias cortas, artículo académicos… etc. Hago un programa de radio  y colaboro en la organización de eventos literarios. Pero mi experiencia en el mundo laboral es muy reducida. Si nos ponemos en plan serios, solo he sido becaria durante tres meses en la cadena SER. También soy profesora de español y he trabajado de traductora para Notting Hill Editions, pero estos trabajos han sido a nivel freelance y sin contrato alguno. Así que cuando empecé a echar curricula, pues la verdad es que no estaba muy convencidad de que nada (bueno) fuera a pasar.

La primera opción (obvia) fueron sitios como cafeterías y bares. Pero, no sé por qué, nunca tengo suerte con estos. Nunca me llaman, y en la mayoría de los sitios piden experiencia (la famosa serpiente que se muerde la cola, porque si nadie me deja empezar a trabajar como novata, ¿de dónde voy a sacar la experiencia?)

La segunda opción, fue intentar conseguir un trabajo como profesora de español en una academia. Pero tampoco tuve suerte en estos meses. Si me responden, es para decirme que ya tienen gente, que no hay dinero para contratar a un asistente… etc. A veces cuando eres joven te desesperas con estas cosas. Ya sea aquí o en España, parece que todos los negocios están que desbordan con empleados y no hay manera de que las nuevas generaciones se hagan un hueco.

La tercera opción fue intentar trabajar en la biblioteca de la universidad. Pero como pagan muy bien y el trabajo es (aparentemente) increíblemente sencillo, pues mucha gente lo pidió y tampoco pudo ser. (Y fue, por ciento, una de las entrevistas más humillantes de mi vida… odio buscar trabajo en Reino Unido, porque en el proceso te hacen sentir como un ratón de laboratorio en un laberinto).

Pero al final, sí que he conseguido un trabajo, porque el martes pasado firmé un contrato. Ha sido, como siempre, por conocer a alguien. Creo que es así como funciona el mundo: conoces a alguien, que conoce a otra persona, que te recomienda y… ¡zas! oportunidad al canto. Recomendada esta vez, eché el curriculum, pasé la entrevista, pasé el día de prueba (que no te pagan, por cierto) y finalmente puedo decir que soy content writer.

Después del estrés que llevo desde octubre quiero sentirme alegre pero me cuesta un poco. Aun así, sé que soy afortunada. Puede que solo tenga 10 días de vacaciones al año pero hey, tengo un trabajo a jornada parcial que es lo que quería. Y encima, lo he conseguido por cómo escribo, ni más ni menos. Creo que en España esto habría sido imposible, ya que nunca me planteé que escribir (solo escribir) pudiera darme de comer.

Content writer significa escribir blogs y páginas de internet para negocios en cualquier sector que contratan empresas de marketing como a la que me acabo de unir. Es un trabajo muy estresante porque escribes a contra reloj y tiene que estar perfecto para que el cliente esté satisfecho. Pagan sueldo mínimo, pero con solo dos días a la semana me saco el equivalente a 500 euros (400 libras) que me dan para pagar la renta de la habitación que alquilo y, sumándolo con mis clases de español, me permitirán vivir una vida muy frugal, pero vida al fin y al cabo.

Uno de mis propósitos de año nuevo era conseguir un trabajo para ser independiente. Los tres primeros meses estoy de prueba, pero si todo va bien me harán fija y podré, al fin, respirar. Si además consigo la beca de doctorado, eso significa que no tendré que fundir los ahorros de toda mi vida en la matrícula. Ayer me decía una amiga que, poco a poco, everything is coming together. Espero que sea verdad. Aún sigo un poco asustada y preocupada como para poder respirar y sonreir, pero espero que se me pase pronto.

¡He firmado mi primer contrato de trabajo en Inglaterra y es de escritora!

 

 

 

 

 

Escritora Errante 15: Cenando palabras.

Nieve-Lancaster
Primavera en Lancaster

Empieza la primavera – pronto – pero en vez de sentirme contenta de ver los daffodiles y snowdrops salir  sigo triste y apesadumbrada. En esta semana me estaba preguntando por qué he elegido este camino. Por qué ando en una pequeña ciudad del norte luchando contra los elementos, subiendo y bajando colinas con mi bicicleta, siempre cargada de libros.

¿Por qué?

En días como estos me viene bien recordar las X razones por las que he decidido ser escritora – a toda costa.

1. Para pasar el rato. Y es tan cierto… Cuando era una pequeña seta mis padres se empeñaban en llevarnos a mi y a mi hermana pequeña de senderismo. Subiendo montes de aquí para allá para contemplar ‘vistas’ or acabar en algún pueblo rural perdido con casitas de pizarra negra y dos habitantes. Por supuesto yo lo odiaba: el calor, el sudor, el hambre, lo que duelen los gemelos y las pantorrillas cuando una lleva subiendo una cuesta durante horas… Lo único que me hacía pasar el rato era contarle historias a mi hermana pequeña. A veces eran películas que había visto en la televisión o libros que había leído (pero siempre con mis propias variaciones, para hacerlos más interesantes). Otras veces eran sagas enteras que me iba inventando sobre la marcha. En cualquier caso,esto me aislaba de la cruda realidad (cuestas después de cuestas y después de más cuestas) y la caminata de tres horas se me hacía bastante más corta.*

2. Subidón. A veces es cuando estoy escuchando una canción, otras es al ver una imágen o tener un sueño… Pero de vez en cuando a mi cerebro le dan chispazos (o cortocircuitos) y me vienen ideas sobre personajes o historias. El corazón me empieza a latir muy rápido, los dedos se me mueven como si ya estuvieran escribiendo sobre el teclado y la boca se me seca. Son los signos de la inspiración (o la addicción a alguna sustancia, lo sé) pero soy completamente dependiente de ese subidón que da empezar una idea nueva. Y no puedo (ni quiero) dejarlo.

3. Palabras bonitas. Cuando intento hacer muffins se me explotan en el horno. O cuando los saco tienen formas extraterrestres. O una capa de corteza seca encima que no hay quien se la trague. O incluso dan dolor de estómago a mis – pobres – amigos. Sin embargo, cuando escribo una historia la gente me dice que se han entretenido leyendo – o que les han entrado ganas de vomitar si se trata de alguno de mis cuentos gores, pero eso también lo cuento como un halago. O me pagan por escribir. Así que por el bien de la humanidad y el de mi cuenta bancaria (o porque me gusta escuchar cosas bonitas de vez en cuando) sigo juntando letras…

4. Multipersonalidad. ¿A veces habéis deseado tener varias vidas? ¿Qué habría pasado si en el cole hubiérais elegido estudiar ballet en vez de baloncesto? ¿Y si no fuérais de España pero de Japón? ¿Y si no fuérais humanos sino un gato amarillo sobrealimentado? Bueno, una puede imaginar todas esas respuestas a través de la escritura. Es como soñar despierto, o tener un ticket de viaje que te permite ir a todos sitios del universo y meterte en la mente de cualquier – desde tu vecina hasta un ácaro. No sé, pero a mí que soy tan curiosa me va bastante…

5. Para alejar las nubes. He probado lo que es trabajar 14 horas al día en algo que me gusta pero que no es muy creativo… Y aunque disfruté mucho de la experiencia me di cuenta de que por el bien de mi salud mental, y para mantener a raya la tristeza, necesito escribir o hacer algo creativo diariamente. Lo que es muy curioso, porque ahora mismo a costa de estar haciendo lo que más amo (escribir) me encuentro sin un duro, con lo que necesitaría volver a trabajar, pero… eso fue precísamente lo que dejé para venirme aquí a Lancaster.

No entiendo nada.

Si una pudiera alimentarse solo de palabras…

¿Cuáles son las razones por las que escribís? ¿Qué es aquello que os arrastra por el tortuoso camino del autor?

 

*Cosas de la vida, ahora soy una apasionada del hiking (senderismo) en Inglaterra y hago cosas tan locas como irme al lake district a subir montañas mientras graniza y nieva al mismo tiempo.