5 Reasons Not to Buy My Book

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Yes. McTavish Manor comes out today and I’m very proud it has made it all the way until publication (since it all started in the form of a nightmare back in the Spring of 2014). The little thing is out in the world and, of course, I’m slightly worried about it. I put my soul and heart on this project. And it turns out that is beautifully edited by Holland House Books and it comes with illustrations from the wonderful Mireia Ibàñez Cid, too!

But I thought that, even if I want you to enjoy my stories (and even having nightmares with them) I also want to save you some pennies…

So this are the 5 reasons why you shouldn’t buy my book!

1. You love and need happy endings where everyone comes back home for Christmas. Or there is a wedding. Or someone recieves the Nobel Prize.

Erm… this is not your book, I am sorry. Life is complicated (we all know that) but I like to make my plots even more complicated. And scary. And horrible. (Yes, I wouldn’t like to live inside my novels, either, but I have fun creating them!)

2. You don’t like to think too much when you’re reading. It’s the writer’s job to make things easier for you and not the opposite! You already bought the book for God’s sake.

Aha. Fair point. You’re paying money and time for a book and you want to get something back. But if you just want to relax I’m not your person. Have you ever opened House of Leaves? Yes, a book in which some pages are printed the other way around so you need a mirror to understand what they say. Even when my book is not that extreme, it has its own twisted/complicated things. To me, this is a way to invite the reader for a game and make her/him participate actively into the story. But if you’re not in the mood for this sort of games… stay away and use your money to buy a good cup of tea and a inspiring book.

3.  You think illustrations are just for children’s books.

Ooops. I love illustrations. Yes, I know, your mind can imagine all that I’m describing in your own unique and very valuable way. But I do love getting my hands into an adult novel and discovering it has illustrations or even photos. That’s why I convinced the talented Mireia Ibàñez Cid to draw my characters for me. In fact, as the novella has (mainly) three narrators, do you know that she’s so awesome that she used a different drawing style for each of them? (Sorry, I know you said you didn’t like books with pictures… but still I have to ask you to check Mireia’s portfolio!)

4. Gothic? What Gothic? Do people still read Gothic?

Well, yes. We still read Gothic nowadays. And we even write it, sometimes. But if you’re one of these people who think Gothic is stupid, or it just sends you to sleep like really fast (far enough!) then I guess my novella is not good for you. Even when I was not trying to write the classic gothic story (but to go against many tropes, to be honest) I got so much inspiration from the classic Gothic genre that I cannot ‘forget it’ at this point. So, again, don’t buy my book. (Unless you suffer from insomnia!)

5. If you can say it in just one single word… better!

Mmm… no, sorry, that’s not just my style (generally and in this novel). Even when I love quick, cinematic and journalistic style in writing, I’m a big sucker for metaphors and images. When I read Bill Martin/Poppy Z Brite novels, or the Gormenhast trilogy my heart dances the hula-hula in my chest. So if you hate this kind of suggestive writing full of (crazy) metaphors I’m sorry… we are not made for each other. Keep looking for your perfect read!

So that’s it. I’m being brutally honest here. If you can relate to one or more of these statements, don’t buy my book. Go to the cinema. Try another new author. Treat yourself to a cream capuccino and a muffin in a fancy coffee shop. I won’t take it personally.

But, if after reading this you are curious, then… I just have one thing left to say…

Welcome!


 

¡Sí! Finalmente mi primera novela escrita en inglés sale a la venta y estoy que no me lo creo. Ver esta idea sobrevivir desde su concepción (en forma de pesadilla, allá por la primavera del 2014) hasta aterrizar en una librería es algo que no le ocurre a una todos los días… (y menos mal, porque escribir/editar/publicar este libro ha sido como montarse en la montaña rusa más alta del mundo treinta veces seguidas). Y el mérito no es solo mío: la preciosa y cuidada edición es de Holland House Books, y las maravillosas ilustraciones salieron de los pinceles de Mireia Ibàñez Cid. Menuda suerte la mía….

Sin embargo, estaba yo pensando que, aunque mi objetivo es siempre compartir mis historias con el mundo y entretener al personal (e incluso dar pesadillas a alguno) también quiero ahorraros unos eurillos…

Así que ahí van: 5 razones por las que no deberíais comprar mi libro. En serio.

1. Te encantan los finales felices en los que la gente vuelve a casa por navidad. O hay boda. O a alguien le toca el premio Nóbel, o la lotería, o algo.

Erm… esta no es tu historia, lo siento. La vida es dura (creo que, a estas alturas, todos nos hemos dado cuenta) pero a mí me gusta hacer mis argumentos aún más duros. Y complicados. Y tenebrosos. Y horribles. (No, no querría vivir dentro de uno de mis libros aunque me lo pase pipa escribiéndolos).

2. No te gusta darle al coco cuando lees. El trabajo del escritor es, precísamemte, ponerte las cosas fáciles y no al contrario. ¡Encima que te esfuerzas y le compras el libro…!

Ajá. La verdad es que no te lo niego, tienes razón. Has pagado dinero y (no solo eso) vas a invertir tu valioso tiempo en leerte el libro, con lo que, naturalmente, esperas algo a cambio. Pero si lo que quieres es relajarte… no soy tu tipo. ¿Alguna vez se te ha ocurrido abrir esta novela que se llama La casa de Hojas? Algunas páginas están escritas al contrario, con lo que tienes que hacerte con un espejo para leerlas. Y yo adoro ese libro. Aunque McTavish Manor no es un caso tan extremo, el libro tiene lo suyo de complicado y retorcido. Para mí, no ponérselo fácil al lector es una manera de invitarla o invitarle a jugar conmigo. Yo quiero que seáis una parte activa en la historia como lo soy yo o mis personajes. Pero si no te apetece… pasa de mi libro elegantemente y usa tu dinero para pagarte un cafecito y un comprarte un libro más tranquilito.

3. Los dibujitos son para libros de niños.

Ups. Me encantan los dibujitos. Sí, ya lo sé, los libros no los necesitan porque la mente del lector puede imaginarse todos los escenarios y personajes de un modo único y perfecto. Quizá aquí la rara soy yo… pero hay pocas cosas que me gusten más que agarrar una novela adulta y descubrir que viene con ilustraciones. (¡Por eso estoy tan emocionada con proyectos como Crónicas del Fin!) Y esa es la razón por la que convencí a la talentosa Mireia Ibàñez Cid para que dibujara a mis personajes. De hecho, como la novela tiene tres narradores principales, Mireia ha usado diferentes estilos para cada uno de ellos. (Lo siento, ya sé que me has dicho que no te gustan los libros con dibujitos… pero porfa, échale un vistazo al portfolio de Mireia… ¡no te arrepentirás!)

4. ¿Literatura gótica? ¿En serio? ¿La gente aún lee eso?

Pues… sí. Y, lo que es más, algunos hasta la escribimos de vez en cuando. Pero si crees que la literatura gótica es estúpida o simplemente te da un sopor terrible oye, estás en tu derecho. Aunque creo que entonces mi novela no es para ti. Siendo honesta, te diré que no estaba intentando escribir una historia clásica del género gótico (la verdad es que más que nada quería cargarme algunos de sus arquetipos). Pero me inspiré mucho en la tradición gótica (no te voy a mentir) así que fingir que mi obra está completamente separada de este género sería tontería. No compres mi libro. (A no ser que tengas insomnio, en cuyo caso puede que resulte ser el elixir que tanto habías estado buscando).

5. Las cosas, en cuanto menos palabras se digan… ¡mejor!

Mmmm… no, la verdad es que ese no es mi estilo. Aunque disfruto novelas escritas en un lenguaje directo, cinemático y casi periodístico, me pirran las metáforas y las imágenes. Cuando leo novelas de Bill Martin/Poppy Z Brite o la trilogía de Gormenhast my corazón hace el hula-hula en mi pecho. Si odias los estilos sugerentes y llenos de metáforas (un poco extravagantes) lo siento mucho… no éstamos hechos la una para la otra (o el otro). ¡Sigue buscando tu perfecta pareja literaria!

Así que eso. Puede que esté siendo brutalmente honesta, pero si coincides con uno o varios de los puntos que he mencionado, no compres mi libro. Ve al cine. Prueba un autor novel diferente. Mímate con un capuccino y un bollo en alguna cafetería chula. De verdad, no me lo voy a tomar personalmente.

Pero si después de leerte todo esto sientes un poco de curiosidad… en ese caso, solo puedo decir una cosa.

¡Bienvenida/o!

 

Escritora Errante 20: ¿Cómo continuar el viaje?

Grulla
Bucólica imágen en Lancaster un día de primavera tardía, en el que un grupo de vacas tomando el sol son observadas por una extraña criatura picuda.

Escribir es un viaje, pero cuando literalmente te cambias de país para dedicarte a tu pasión a tiempo completo, la metáfora se vuelve más real.

Llegué a Lancaster el 26 de septiembre del 2014 sin saber muy bien qué me encontraría, pero con ganas de escribir y tener nuevas experiencias.

Han pasado casi 20 meses desde aquello. Ahora estoy haciendo el doctorado, lo que quiere decir que tengo tres años para escribir una trilogía de novelas cortas e investigar sobre ella mientras dos escritores profesionales me ayudan en el camino. Hay tantas, tantísimas cosas que he aprendido en estos meses. No creo si quiera que sea la misma persona que se subió nerviosa al avión aquella mañana de septiembre, solo con una maleta y empeñada en irse sola.

Es curioso, porque, como escritora, estos meses han sido de los mejores y también de los peores de mi vida, en cierto sentido. Nunca me había sentido tan conectada y en sintonía con mi esencia, o tan perdida y desarraigada. Y todo en ese corto periodo de tiempo. Me siento como esas personas que se van a los baños turcos y se meten en una sauna para acto seuguido bañarse en una piscina helada. ¿Dicen que eso es bueno?

1. Escritora

Nunca me había atrevido a llamarme ‘escritora’ cuando vivía en España. Me gustaba  inventarme historias y garabatear argumentos, pero, pese a haber publicado, la palabra se me quedaba grande. Tras haber vivido en Lancaster y haberme graduado, me siento mucho más cómoda al decir que soy escritora delante de otros. No porque tenga un máster en Escritura Creativa (no creo que nadie haya de tenerlo para dedicarse a esto, la verdad) sino porque, por primera vez en mi vida, he empezado a tratar la escritura mucho más seriamente: borradores, investigación, edición, envíar cartas a editoriales y agentes, participar en eventos literarios… etc. Digamos que aquí tuve la oportunidad de encontrar una comunidad que me ha enriquecido y confirmado que esto es a lo que quiero dedicarme. Aunque aun no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, y esto es un proceso lleno de errores y sustos, al menos sé como identificarme.

2. Publicar

Por primera vez, voy a publicar dos textos largos bajo mi nombre. Es la primera vez que trato con editores sola, y la suerte quiere que sean de Reino Unido y de España, con lo que tengo la ventaja de ver las dos caras de la misma moneda. Cuando llegué a Lancaster jamás pensé que acabaría publicando (¡y en inglés!) en tan poco tiempo. Sin embargo, el proceso de edición ha sido (está siendo, de hecho, porque aún no ha terminado) increíblemente difícil. Me he dado cuenta de lo que es poner algo que tu has creado en manos de otra persona que puede empezar a amputar y añadir miembros a tu engendro original a placer. No es algo que ninguna madre quiera ver… (y yo me considero la madre de todos mis engendros/libros). Pero es el precio que todos hemos de pagar si queremos sacar nuestro trabajo al mundo.

3. Trabajar

Por primera vez, estoy trabajando con contrato y horario fijo. Hasta entonces solo había hecho cosas temporales o en plan freelance, como traducciones, clases de español y demás. Este año he conseguido mi primer contrato profesional que durará lo que tenga que durar, pero por el momento aun estoy en estado de shock. Ya sé que muchos estudiantes de doctorado (como yo) tenemos que sacarnos las castañas del fuego trabajando al mismo tiempo que investigamos. Pero está siendo duro, porque no me gusta estar sentada en una oficina, no me gusta la jerarquía empresarial, ni los horarios fijos, ni el trabajar en algo que no te gusta, solo por el dinero… Pero en fin, tengo que comer, y el dinero y la independencia que este trabajo me dan son algo que valoro. Aunque, desde luego, sé que solo va a ser algo temporal, y por mucho estrés que me esté causando tiene la ventaja de entrenarme en varias áreas en las que estoy un poco verde, como el marketing y el copywriting. Y, además, me hace escribir en inglés durante 8 horas seguidas, lo que seguro mejora mi gramática.

4. El hogar

Si en estos últimos 10 meses he tenido una obsesión, esa ha sido, sin lugar a dudas, encontrar un hogar. Esta es la primera vez que vivo durante tanto tiempo en un país extranjero y sin vistas a regresar pronto, por el momento. Los primeros meses siempre vienen con la maravilla de lo desconocido, pero luego, claro, llega la parte difícil: darte cuenta de que tu vida ha cambiado y tienes que hacerte lugar en un ambiente al que no estás acostumbrada. Vivir en una casa sucia, con alguien con quien no tengo ningún tipo de conexión ha sido desagradable. Es curioso: ese sentimiento de soledad tan doloroso (como si echara de menos un miembro que ha sido amputado) es algo que ya había experimentado en Edimburgo y en Madrid. Siempre había intentado huír de esa sensación, buscando maneras de darle el esquinazo. Pero ya se sabe, uno no puede (realmente) escapar de sus propios miedos, y supongo que los míos me han encontrado sin escapatoria en Galgate. Lo bueno es que he descubierto que la única manera de vencerlos es… cambiar. Y por eso me cambio de casa en dos semanas.

5. Amor

Otra de las cosas que he descubierto en Lancaster ha sido otra persona. Yo no era una novata en esto del amor, pero claro, no sabía que cuando  quiere dar fuerte puede dar muy fuerte… Si antes mi otros enamoramientos habían sido como heridas de bala, esto ha sido una bomba con todas las de la ley. Nunca me había dado cuenta de lo mucho que puede absoberte e incluso obsesionarte una relación. Bueno, sí. Pero estoy descubriendo nuevos extremos. Creo que enamorarme y empezar una nueva relación ha borrado por completo mi identidad. He dejado de ser ‘yo’ para entregarme por completo a otra persona. Es como encerrarte a escribir una novela y olvidarte de comer y dormir. Suena atrayente (para mí) pero no es viable a largo plazo. Creo que esa ha sido otra de las cosas que más me ha dañado últimamente. Estoy en el proceso de distanciarme un poco de todo ese mejunje de sentimientos para entender cómo es posible querer y respetar a otra persona al mismo tiempo que te quieres y te respetas a tí misma.

6. Escribir

Al principio escribir era un hobby que tenía que combinar con los estudios. Luego, durante el máster, pude dedicarme a escribir 24/7, y sí, vaya si me sentó bien… Ahora escribir se ha convertido en una obligación (quizás) demasiadon importante. Las fechas de entrega del doctorado, el miedo general a no poder dar la talla, el hecho de que tengo que combinarlo con un trabajo… Este año han sido pocos los momentos en los que he sentido ese cosquilleo especial cuando la imaginación vuela loca y, por muy rápido que tecleeen tus dedos, no consigues alcanzarla. Este año no he viajado a las localizaciones de mis historias ni he invertido tiempo en buscar ideas en los lugares más insospechados. ¿El resultado? No estoy muy contenta con lo que he producido por ahora.

7. Ser parte de una comunidad

Llegar a Lancaster fue encontrar un grupo de escritores como yo con los que conviví casi mano a mano durante todo el curso. El intercambio energético (sí, es así como lo siento) que se experimenta al rodearse de personas creativas es increíble, y no creo que pudiera vivir sin eso ahora que ya lo he tenido. Sin embargo, este segundo año ha sido un poco más complicado, porque mucha gente se muda, se marcha o simplemente consiguen lo que algunos llaman ‘un trabajo decente’. Lo que me ha llevado a plantearme el crear mi propia comunidad de escritores o alguna manera similar de seguir compartiendo experiencias.

Han pasado ya 20 meses desde que llegué a Lancaster y cada vez estoy más convencida de que necesito escribir para sentirme bien en mi piel y, al mismo tiempo, aprender a compaginarlo con todas las demás areas de mi vida. ¿Mi meta? Trabajar para mí misma sin tener que pisar una oficina o lidiar con jefes…

¿Cuál es la vuestra? Me encantaría saber cuáles son vuestros caminos artísticos…

 

 

Escritora Errante 19: ¿Lectores Beta? Sí quiero…

Caracol
¿Veis el caracolillo en la esquina, enfrentándose a esa frondosa espesura? Esa soy yo en el mundo de la escritura…

¡Buenos días! Las horas de sol en Lancaster van creciendo exponencialmente según nos acercamos a mi tiempo favorito del año en Inglaterra, esa estación conocida como primaveraverano (lo digo así porque es una mezcla de ambos y, como siempre, aderezada de lluvia).

De hecho, esta mañana me he despertado a las cinco de la mañana porque el sol brillando en la ventana no me dejaba dormir… lo dicho, ¡una gozada! Y no es nada irónico, porque después de la oscuridad del invierno, toda hora de luz (incluso las más intempestivas) son bienvenidas.

Últimamente ando bastante liada y con la sensación de que no llego a nada: el doctorado, conferencias varias en las que presento artículos, editando mi primera novela en inglés antes de que se publique, el trabajo, el programa de radio y este blog… ¡en fin! A veces me entran ganas de desaparecer en la espesura y empezar una vida hippie en una camioneta en la que pueda recorrer el mundo. Pero, como no tengo carné de conducir…

La semana pasada, sin embargo, tuve el privilegio de reunirme otra vez con dos compañeras del Máster de Escritura Creativa que hice el año pasado en Lancaster. Anne y Maggie han sido personas que me han inspirado mucho en este viaje, sobre todo por aquellas cosas que ellas ya han logrado y que yo estoy por conseguir.

Volver a estar con dos amigas sentada en un pub hablando de escritura me recordó lo importante que es rodearse de otras personas que escriban. Antes, yo solía pensar que la escritura era una actividad obligadamente solitaria, especialmente si no queremos que otros nos ‘contaminen’… ¡ja! No podría haber estado más equivocada. El año pasado, en un grupo de catorce escritores (cada uno de su padre y de su madre, como quien dice) aprendí más que en todos los años anteriores que llevaba juntando palabras.

Los escritores son criaturas curiosas (y muy egocéntricas, yo la primera) y aunque tiended a enfurruñarse con quienes les dicen las verdades sobre sus textos, nadie entenderá mejor tu dolor ante la página en blanco o toneladas de carateres por editar que otro compañero escritor. Si eres escritor de esos que (como yo) buscan compartir sus historias con un público, nada mejor que contrastar tu arte con otros para aprender nuevas técnicas, disimular errores y encontrar la mejor manera de contar una historia…

¿Alguna vez habéis pensado en buscaros una lectora beta?

Una lectora beta (o lector, pero voy a hablar en femenino) es aquella persona a la que le dejas tu texto cuando aun estás trabajando en él para que te da la opinión y algunas directrices sobre cómo seguir. Normalmente, en los primeros borradores, no se tiene mucha idea de lo que estamos haciendo (yo no la tengo) y toda está cogido con alfileres. (Perdonad que use tantos dichos, ¡pero es que los hecho de menos!)

Hay que tener mucho cuidado con a quién se enseña estas primeras páginas (no sea que nos quiten las ganas de seguir, aunque, por otro lado, sin un par de comentarios te quitan las ganas de seguir… ¿realmente te gusta tanto esta historia?)

Personalmente, yo encuentro que una o dos lectoras betas que te acompañen a lo largo del camino son una bendición. Dos puede ser un buen número porque así si ambos coinciden en que tu villano es plano que una tabla de planchar no tienes derecho a enfadarte porque queda claro que algo falla en ese personaje, mientras que si ambos se contradicen quizás sea una pura cuestión de gustos…

¿Pero, cómo elegir a tu lectora beta?

1. Es otro escritora. Esto no es obligatorio, pero ayuda. Sí, ya lo sé, no solemos escribir solo para escritoras, sino para una audiencia más grande que no tiene por qué saber de técnica y solo quiere pasar el rato. Pero otras escritoras pueden ayudarte a reconocer, precísamente, errores técnicos, además de darte buenas ideas de cómo solucionarlos. Además, las escritoras son gente muy creativa, con lo que su visión seguro que aportará algo a tu historia.

2. Está dentro del género. Estás escribiendo una novela de terror gótico donde el protagonista es un nigromante que se dedica a beber los intestinos de las ovejas del Lake District para tener visiones del inframundo… y se la das a leer a tu amiga que es fan de 50 Sombras de Grey y los libros de Federico Moccia. Mira, no es buena idea, porque lo único que vas a conseguir es que a la pobre le de una indegestión. Cuando buscas una lectora beta, tiene que ser alguien que se sienta naturalmente atraído a tu género. Hay personas que se duermen leyendo narrativa histórica y piensan que los libros de Jean M Auel son un tostón. ¿Vamos a ponernos aquí a discutir?

Cuando yo escribía horror gótico en mi máster algunas personas me decían que les daba tanto asco leer mis capítulos que no podían terminarlos. A otras les iba el hardcore más puro y aun les parecían flojillos… cómo podéis ver, todo es cuestión de perspectiva. Y si escribís literatura de género, es aún más importante saber las expectaciones de tus posibles lectores.

3. Es sincera y no le das miedo. Si le dejas tu manuscrito a tu hermana que sabe que te pondras como una fiera de siete cabezas si te dice algo malo… lo más probable es que te lo devuelva solo con débiles halagos. Seamos sinceros: tener a lectores coaccionados no sirve de nada. Y con quien más se aprende son con aquellas personas que no temen decirte exactamente lo que piensan. Una de cal, y otra de arena, sí, pero desconfían de aquellos que te vienen con críticas muy extremistas (tanto buenas como malas).

4. Se molesta en darte el feedback por escrito. Las reflexiones o el feedback de otra persona sobre tu escritura suelen venir mejor cuando llegan por escrito. Así tienes tiempo de leerlas tranquilamente, guardarlas en un cajón y luego volver a ellas cinco semanas después. Muchas veces me ha ocurrido que alguien ha hecho notas sobre un capítulo mío y lo primero que he pensado ha sido: ‘¡¡oh, no horror!!’ Tres meses después he releído el mismo comentario y me he dado cuenta de que:

A. No era para nada un comentario tan extremo sino un apunte de lo más razonable.

B. Ella/Él tiene razón.

5. Sientes que puedes hablar con ella. Para que esto funcione, tiene que haber una relación igualitaria en la que siempre sientes que puedes hablar. Por ejemplo, a veces me encuentro con personas mucho más mayores que yo y con muchos años de experiencia en esto de escribir, y a veces siento que, por vergüenza, respeto, o una combinación de ambas no me siento tan cómoda al hablar claramente. También me pasa con personas que tienen mucho carácter y quizás se muestran cortantes cada vez que intento controponer mi punto de vista… Estas cosas se notan, pero cuando la comunicación fluye, es una gozada. ¡Seguro que sabéis a qué me refiero! Tu lector beta es como tu amante en el truculento camino de la escritura: va a acabar conociendo tus ‘trapos sucios’ y la cara menos bonita de tu libro, con lo que, al menos, te has de sentir cómoda para charlar siempre que te apetezca.

¿Compartís lo que escribís con otras personas? ¿Tenéis lectoras o lectores beta? ¿Algún otro consejo para conseguirlos?

Por cierto, si alguien quiere profundiar en el asunto, aquí os dejo un pedazo de artículo en Gabriella Literaria que os despejará todas las dudas. Yo me limito a hablar de mi experiencia, pero ella, como siempre, le da un buen repaso al tema…

 

 

 

 

Escritora Errante 18: Ventajas de escribir bajo la lluvia.

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Hace dos minutos estaba lloviendo como si llegara el fin del mundo… ¿Y ahora hace sol? ¿Por qué, Lancaster, por qué?

Estas semanas se me están haciendo un poco duras, así que, para variar, he decidido centrarme en las cosas buenas que tiene esto de escribir en Inglaterra, porque obviamente no todo son desventajas. ¿Queréis saber qué futuro le aguarda al escritor que se atreve a vivir en la pérfida Albión?

1. Leer es más barato.

¡Sí! Cuando vivía en Madrid, todos los libros que me gustaban costaban como mínimo 18 o 20 euros. Había que esperar a que los sacaran en edición de bolsillo. Y la espera se hacía larga, y algunos libros nunca se editaban en bolsillo, y los que sí se deshacían con una facilidad pasmosa…

Sin embargo, en Reino Unido existen unas tiendas geniales, las charity shops o tiendas de segunda mano, donde una puede comprar libros usados (en la mayoría de los casos prácticamente nuevos) por una, dos o tres libras… De hecho, esta clase de tiendas son mi perdición, porque claro, con libros a ese precio… ¿cómo no te vas a comprar toneladas de ellos? Recuerdo aquella vez que, en Edimburgo, en un mercadillo en un parque subterráneo, había una pareja vendiendo cinco (repito, CINCO) libros por una sola libra. Y tenían una verdadera pila con autores que me gustan tipo Stephen King o Chuck Palahniuk (El club de la lucha).

Eso quiere decir que, por primera vez en mi vida, podría (en teoría) empezar a construír mi propia Biblioteca de Alejandría a un precio más que razonable. ¿El problema? Bueno, el espacio… pero en fin, nada es perfecto.

2. La mayoría de los museos son gratis.

Perdonan que os diga, pero a mí eso de que para entrar a los museos haya que pagar… no sé, no me parece muy bien. Ya sé que en esta vida todo tiene un precio, pero si cada vez que quiero ir al Museo del Prado para investigar mi doctorado tengo que pagar siete euros pues no me sale rentable. Sí, ya sé que el Prado tiene una especie de happy hour en la que puede entrar gratis entonces pero, ¿habéis visto las colas de turistas?

En Reino Unido eso no pasa. ¿Por qué? Porque los museos están abiertos a las donaciones y solo te cobran una libra o dos por dejar los abrigos o mochilas en el guardarropa. Ah, y también te sajan en la cafetería, pero esa me parece una manera más justa de hacer el agosto (porque no obligan a nadie a tomarse un café).

En este país hay museos increíbles, como el British Museum (¡qué cantidad de cosas se llevaron los ingleses de cuando tenían su Imperio, ¡hasta tienen la fachada de una iglesia toledana!) o maravillas escondidas como el Hunterian Museum (que me ayudó mucho en mi novela gótica sobre médicos en el siglo dieciocho). Otros museos que me gustan son el National Museum of Scotland y uno de mis favoritos (porque, aunque sea creepy, me encanta ver animales disecados) es el Natural History Museum en Londres.

Es una alegría para esta escritora poder meterse en cualquier museo y empaparse de todos esos tesoros que esconden en cualquier momento, y repetir tantas veces como se quiera. ¡Sí a los museos gratis!

(Aunque NO a las medidas tontas que a veces ponen en Reino Unido, como eso de que está prohíbido dibujar en el Victoria and Albert Museum de Londres… osea, ¡ya les vale!)

3. No tienes que ir muy lejos para perderte.

Cuando vivía en Madrid, era difícil encontrar un lugar verdaderamente silencioso donde poder ver las estrellas o los animales salvajes. Cosas de vivir en la capital, claro. Pero aquí en Lancaster es tan sencillo perderse por los campos, en la playa, en el canal… Como amante de los paisajes desolados (que son los que más me inspiran) Reino Unido es el sitio perfecto, porque tiene prados, colinas y bosquecillos para aburrir. Y suelen estar muy cerca de los núcleos urbanos. Es lo que tiene tanta lluvia, que hace germinar plantas everywhere.

4. Mal tiempo = te encierras a leer y a escribir.

Triste equación (a veces), ¡pero tan cierta! Además, tantos cambios de tiempo (el jueves pasado vi sol, granizo, lluvia y nieve en el mismo día) aunque te fastidian un poco el termostato emocional (te lo joden, básicamente, y perdonad el lenguaje) crean los desequilibrios necesarios para escribir. Quiero decir, si todos los días fueran soleados como en España yo estaría más tranquila. Pero aquí llega el uno de mayo y tenemos tormenta y niebla todo el día. Eso me deprime y me pongo a pensar en el sentido de la vida y en por qué los seres humanos existimos. Finalmente decido escribir algo que refleje todo mi dolor y confusión al ver que la primavera no llega a Reino Unido (¡ni en mayo!)

5. Hay festivales literarios por doquier.

Igual es que en España yo estaba muy desconectada, pero oye, aquí hay festivales literarios hasta debajo de las piedras. Yo creo que el tiempo también tiene mucho que ver. Quiero decir, en España salir ‘a dar una vuelta’ es una de las actividades predilectas que nos ayudan a llenar los días. Pero cuando vives en un sitio donde salir a dar una vuelta puede convertirse en una actividad de riesgo (granizo imprevisto, lluvia torrencial, niebla.. etc) la gente organiza muchas actividades a puerta cerrada. Y entre ellas está escribir, porque aquí también se lee mucho. Mis evento literario favorito en Lancaster es el Northwest Literary Salon que, tristemente, llega a su fin este mismo mes… En fin, lo bueno si breve, dos veces bueno…

6. Amanece más temprano.

Si sois escritores matutinos (yo lo soy) vivir aquí es una gozada. El sol ahora en primavera sale a las cinco de la mañana, con lo que no cuesta nada levantarse pronto para empezar el día escribiendo. En invierno sale a las siete, pero como los días son mucho más cortos, eso también te empuja a madrugar mucho (para no perderte ni una hora de sol). En definitiva, desde que vivo aquí mis mañanas son bastante más productivas, y eso se refleja en mi escritura.

Por mucho que eche de menos el sol, vivir en Reino Unido tiene sus ventajas. ¿Qué cosas os animan a escribir en los sitios donde vivís? ¿Algún festival literario en España que no debería perderme? (A parte del Festival de Fantasía de Fuenlabrada, claro está…)

 

 

 

Escritora Errante 17: Se Abre Una Puerta.

Las puertas del infinito

Este año no está siendo fácil. Decidí quedarme en el norte de inglaterra por mi sueño de vivir de la escritura, pero la verdad es que desde que empecé el doctorado escribir no ha sido tan divertido como siempre. ¿Qué anda por mi cabeza?

¿Cómo ganar dinero mientras escribo?

¿Cómo encontrar lo más parecido a un hogar en la Pérfida Albión?

¿Es el doctorado en inglés el camino adecuado?

Tras haber conseguido un trabajo me pasé la Semana Santa currando (y recordando por qué quiero ser escritora y no tener un trabajo de oficina para mantener mi salud mental). Luego me fui de vacaciones a España, pero esos días empezaron teñidos de angustia. Primero porque, como buena escritora, me gustan los dramas (e interpretarlos). Mi dos principales preocupaciones:

  1. Solo dan 10 días de vacaciones al año en el trabajo. (Osea… condiciones dickensianas).
  2. La beca del doctorado. No me la dieron el año pasado y me la jugué invirtiendo mis ahorros para pagarme el primer año, cruzando los dedos para que me la dieran los dos años siguientes.

 

En esos días agridulces en los que me planteaba qué camino tomar si se me cerraban las puertas del doctorado (y la verdad, no se me ocurría nada, porque no me veo trabajando de nueve a cinco en una oficina y escribiendo por las tardes) llegó a mis manos un libro qué precísamente hablaba de puertas: la nueva publicación de José Antonio Cotrina con Víctor Conde.

Cotrina es mi escritor favorito en lengua castellana. Sus palabras me transportan a lugares imposibles y me hacen ver cosas que probablemente solo podría alcanzar bajo los efectos de algún hongo alucinógeno. Su manera de escribir es detallada sin ser barroca (como a mí me gusta) y sus argumentos tienen siempre ese giro oscuro e inesperado que logra afianzarlos en mi memoria. Todos sus libros y personajes (el Conde Sagrada, el Demiurgo, Rocavarancolia…) siguen conmigo aun meses (y años) después de haberlos leído.

Así que en estos días en los que no escribí ni una palabra ni pensaba que iba a leer, su nuevo libro fue como un soplo de aire fresco. Empecé con la primera página y ya no lo pude dejar hasta terminarlo. La historia es una locura: hay magia, acertijos, monjas, números, sueños, paranoias, crueldad, putas, dragones, el Londres victoriano, morsas verdes, ciudades imposibles, dioses e ídolos de la fertilidad…

Fue leerlo y recordad por qué quiero ser escritora. Por qué estoy dispuesta a sacrificar tantas cosas solon por el placer de crear algo parecido.

Las Puertas del Infinito tiene mucho de Cotrina. Una protagonista femenina que no me da arcadas (para variar), sino con la que me siento indentificada. Unas descripciones que podrían ser cuadros de El Bosco. Un final que quiero discutir con los demás lectores (y con el propio autor, ¡ojalá!) Pero quizás, lo más importante es la manera en que te atrapa. Sus frases son como virus malévolos que te devoran el cerebro para controlarte y que sigas leyendo hasta la última página. Y eso, he de decir, es la maestría en el arte de contar historias. Te pueden convencer más o menos ciertos aspectos, pero si al final te quedaste escuchando hasta el final entonces ese barco ha llegado a un puerto.

Hace tiempo que no escribo por diversión. Últimamente todo son fechas de entrega y un número máximo de palabras a cumplir. Pero gracias a Cotrina y a Conde (que no he leído nada suyo pero con ganas estoy después de esto) vuelvo a mirar el arte con otros ojos. Y estoy dispuesta a comer un poco menos y a ser un pelín más pobre solo por seguir creando.

Por cierto, que al final sí terminaré esa trilogía de novelas cortas en la que estoy trabajando. Porque algunas personas en la Pérfida Albión piensan que merecen la pena y han decidido pagarme la matrícula del doctorado los dos años que me quedan. Si hubiera sido inglesa, la gran noticia habría venido con un dinero mensual para mantenerme, pero como nací en un país con sol me toca seguir haciendo malabares para comer/contar con un refugio. Pero… ¡qué importa! Cómo los aperimantes del libro de Cotrina y Conde, he descifrado la clave de esta puerta y estoy más que dispuesta a cruzar el umbral.

¿Qué puertas habéis abierto vosotros?

¡Nos seguimos leyendo! 

 

 

 

 

 

 

 

Escritora Errante 16: ¿Escribir alimenta?

Deskview

¿De qué sirve la escritura creativa?

Cuando vivía en España y empecé la universidad no sabía muy bien a qué dedicarme. Me gustaba tocar el piano, pintar y escribir, pero de todas esas cosas escribir era en lo único que había ‘brillado’ verdaderamente. Así que me dije, si tengo que eligir algo, que sea lo que menos me cueste y más disfruto.

Empecé a buscar trabajo en serio en Inglaterra desde enero. El doctorado no da de comer (por ahora no tengo beca, así que más bien me está ocasionando una gran deuda, aunque quiero pensar que tendrá beneficios futuros).  Mi currliculum es un poco extraño. Tengo muchas publicaciones: novelas, historias cortas, artículo académicos… etc. Hago un programa de radio  y colaboro en la organización de eventos literarios. Pero mi experiencia en el mundo laboral es muy reducida. Si nos ponemos en plan serios, solo he sido becaria durante tres meses en la cadena SER. También soy profesora de español y he trabajado de traductora para Notting Hill Editions, pero estos trabajos han sido a nivel freelance y sin contrato alguno. Así que cuando empecé a echar curricula, pues la verdad es que no estaba muy convencidad de que nada (bueno) fuera a pasar.

La primera opción (obvia) fueron sitios como cafeterías y bares. Pero, no sé por qué, nunca tengo suerte con estos. Nunca me llaman, y en la mayoría de los sitios piden experiencia (la famosa serpiente que se muerde la cola, porque si nadie me deja empezar a trabajar como novata, ¿de dónde voy a sacar la experiencia?)

La segunda opción, fue intentar conseguir un trabajo como profesora de español en una academia. Pero tampoco tuve suerte en estos meses. Si me responden, es para decirme que ya tienen gente, que no hay dinero para contratar a un asistente… etc. A veces cuando eres joven te desesperas con estas cosas. Ya sea aquí o en España, parece que todos los negocios están que desbordan con empleados y no hay manera de que las nuevas generaciones se hagan un hueco.

La tercera opción fue intentar trabajar en la biblioteca de la universidad. Pero como pagan muy bien y el trabajo es (aparentemente) increíblemente sencillo, pues mucha gente lo pidió y tampoco pudo ser. (Y fue, por ciento, una de las entrevistas más humillantes de mi vida… odio buscar trabajo en Reino Unido, porque en el proceso te hacen sentir como un ratón de laboratorio en un laberinto).

Pero al final, sí que he conseguido un trabajo, porque el martes pasado firmé un contrato. Ha sido, como siempre, por conocer a alguien. Creo que es así como funciona el mundo: conoces a alguien, que conoce a otra persona, que te recomienda y… ¡zas! oportunidad al canto. Recomendada esta vez, eché el curriculum, pasé la entrevista, pasé el día de prueba (que no te pagan, por cierto) y finalmente puedo decir que soy content writer.

Después del estrés que llevo desde octubre quiero sentirme alegre pero me cuesta un poco. Aun así, sé que soy afortunada. Puede que solo tenga 10 días de vacaciones al año pero hey, tengo un trabajo a jornada parcial que es lo que quería. Y encima, lo he conseguido por cómo escribo, ni más ni menos. Creo que en España esto habría sido imposible, ya que nunca me planteé que escribir (solo escribir) pudiera darme de comer.

Content writer significa escribir blogs y páginas de internet para negocios en cualquier sector que contratan empresas de marketing como a la que me acabo de unir. Es un trabajo muy estresante porque escribes a contra reloj y tiene que estar perfecto para que el cliente esté satisfecho. Pagan sueldo mínimo, pero con solo dos días a la semana me saco el equivalente a 500 euros (400 libras) que me dan para pagar la renta de la habitación que alquilo y, sumándolo con mis clases de español, me permitirán vivir una vida muy frugal, pero vida al fin y al cabo.

Uno de mis propósitos de año nuevo era conseguir un trabajo para ser independiente. Los tres primeros meses estoy de prueba, pero si todo va bien me harán fija y podré, al fin, respirar. Si además consigo la beca de doctorado, eso significa que no tendré que fundir los ahorros de toda mi vida en la matrícula. Ayer me decía una amiga que, poco a poco, everything is coming together. Espero que sea verdad. Aún sigo un poco asustada y preocupada como para poder respirar y sonreir, pero espero que se me pase pronto.

¡He firmado mi primer contrato de trabajo en Inglaterra y es de escritora!

 

 

 

 

 

Escritora Errante 15: Cenando palabras.

Nieve-Lancaster
Primavera en Lancaster

Empieza la primavera – pronto – pero en vez de sentirme contenta de ver los daffodiles y snowdrops salir  sigo triste y apesadumbrada. En esta semana me estaba preguntando por qué he elegido este camino. Por qué ando en una pequeña ciudad del norte luchando contra los elementos, subiendo y bajando colinas con mi bicicleta, siempre cargada de libros.

¿Por qué?

En días como estos me viene bien recordar las X razones por las que he decidido ser escritora – a toda costa.

1. Para pasar el rato. Y es tan cierto… Cuando era una pequeña seta mis padres se empeñaban en llevarnos a mi y a mi hermana pequeña de senderismo. Subiendo montes de aquí para allá para contemplar ‘vistas’ or acabar en algún pueblo rural perdido con casitas de pizarra negra y dos habitantes. Por supuesto yo lo odiaba: el calor, el sudor, el hambre, lo que duelen los gemelos y las pantorrillas cuando una lleva subiendo una cuesta durante horas… Lo único que me hacía pasar el rato era contarle historias a mi hermana pequeña. A veces eran películas que había visto en la televisión o libros que había leído (pero siempre con mis propias variaciones, para hacerlos más interesantes). Otras veces eran sagas enteras que me iba inventando sobre la marcha. En cualquier caso,esto me aislaba de la cruda realidad (cuestas después de cuestas y después de más cuestas) y la caminata de tres horas se me hacía bastante más corta.*

2. Subidón. A veces es cuando estoy escuchando una canción, otras es al ver una imágen o tener un sueño… Pero de vez en cuando a mi cerebro le dan chispazos (o cortocircuitos) y me vienen ideas sobre personajes o historias. El corazón me empieza a latir muy rápido, los dedos se me mueven como si ya estuvieran escribiendo sobre el teclado y la boca se me seca. Son los signos de la inspiración (o la addicción a alguna sustancia, lo sé) pero soy completamente dependiente de ese subidón que da empezar una idea nueva. Y no puedo (ni quiero) dejarlo.

3. Palabras bonitas. Cuando intento hacer muffins se me explotan en el horno. O cuando los saco tienen formas extraterrestres. O una capa de corteza seca encima que no hay quien se la trague. O incluso dan dolor de estómago a mis – pobres – amigos. Sin embargo, cuando escribo una historia la gente me dice que se han entretenido leyendo – o que les han entrado ganas de vomitar si se trata de alguno de mis cuentos gores, pero eso también lo cuento como un halago. O me pagan por escribir. Así que por el bien de la humanidad y el de mi cuenta bancaria (o porque me gusta escuchar cosas bonitas de vez en cuando) sigo juntando letras…

4. Multipersonalidad. ¿A veces habéis deseado tener varias vidas? ¿Qué habría pasado si en el cole hubiérais elegido estudiar ballet en vez de baloncesto? ¿Y si no fuérais de España pero de Japón? ¿Y si no fuérais humanos sino un gato amarillo sobrealimentado? Bueno, una puede imaginar todas esas respuestas a través de la escritura. Es como soñar despierto, o tener un ticket de viaje que te permite ir a todos sitios del universo y meterte en la mente de cualquier – desde tu vecina hasta un ácaro. No sé, pero a mí que soy tan curiosa me va bastante…

5. Para alejar las nubes. He probado lo que es trabajar 14 horas al día en algo que me gusta pero que no es muy creativo… Y aunque disfruté mucho de la experiencia me di cuenta de que por el bien de mi salud mental, y para mantener a raya la tristeza, necesito escribir o hacer algo creativo diariamente. Lo que es muy curioso, porque ahora mismo a costa de estar haciendo lo que más amo (escribir) me encuentro sin un duro, con lo que necesitaría volver a trabajar, pero… eso fue precísamente lo que dejé para venirme aquí a Lancaster.

No entiendo nada.

Si una pudiera alimentarse solo de palabras…

¿Cuáles son las razones por las que escribís? ¿Qué es aquello que os arrastra por el tortuoso camino del autor?

 

*Cosas de la vida, ahora soy una apasionada del hiking (senderismo) en Inglaterra y hago cosas tan locas como irme al lake district a subir montañas mientras graniza y nieva al mismo tiempo.