Lune in Autumn

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Nothing soothes my soul like nature. Cycling down the river Lune my heart gets excited, like when I was a child invited to a birthday’s party. The water is wide, and goes down furious. I can’t feel nothing but respect.

Whenever I’m trapped in the cage of writing, I go out. I breathe in the mountains, the trees, the rocks, the rain.

Then I go back and write.


Nada como la naturaleza para calmar my alma. Al bajar en bicicleta al lado del río Lune mi corazón se emociona siempre tanto, igual que cuando era pequeña y me invitaban a una fiesta de cumpleaños. El caudal es abudante, el agua baja furiosa. Siento un profundo respeto.

Cuando me encuentro atrapada en la jaula de la escritura, salgo fuera. Respiro las montañas, los árboles, las piedras, la lluvia.

Luego vuelvo a casa y sigo escribiendo.

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Emptiness

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What’s better to fulfill the heart that a beautiful sunset?

Lancaster gives us sometimes a glorious sunny day in which you feel you want to celebrate, no matter what. And so I did.

I went out and walked under the sun and the nature, letting them nurture me. I’ve been feeling so disconnected and sad lately, but still sunsets make me feel blessed to live here, so I feel grateful for that.

I was going out with two people I know, both of them from completely different backgrounds and situations. We were talking and suddenly both of them started talking about the same things that have been worring me for so many months now.

Emptiness.

Disconnection.

How can this be possible? I thought the fact of not having enough money for living on my own in a foreign country was causing me all this distress. But perhaps it’s something else, if these people who -in many aspects- are in a position that I wished for myslef, keep feeling the same.

I read Pure recently. Andrew Miller is one of my favourite authors. His novel Ingenious Pain was a great inspiration to my writing (in fact, it almost convinced me I didn’t need to write my Gothic Horror novella when he had already touched many of the themes I wanted to address and in a better way!)

Pure tells the story of a young engineer in 18th century France  who goes to Paris to make his fortune. (Like me, going to Lancaster, which is less fashionable but yet…) Once there he’s called in Versailles (no less!) to recieve a very special task… They want him to empty the cementery of Les Innocents, a place in the middle of the town were people had been ‘throwing’ bodies for centuries.

Digging out so much death, carcasses, bones and misery is quiet traumatic. Not talking abot ghosts superstitions and so on.

But sometimes, I guess you have to dig out ‘all your deads’ to breathe pure air again.

Another thing that has been inspiring me lately has been Brené Brown interview in Being Boss. I know I’m always talking about this podcast, but it’s been my running companion since January and I have to say it’s saving my life in these days. It brings me what I need: a boost of inspiration that fills my emptiness.

I loved when she spoke about the Hero’s Journey (the monomyth, Joseph Campbell) and the fact that nobody can skip that dark second act in the journey. To advance, we must go directly to the bottom, where all the shit gathers, and that it is. (Pardon my French, as they say).

Have you read more books about emptiness and disconnection? Sometimes there is nothing that explore ‘the whole’ instead of pretending that is not there, and literature is a safe tool that also allows reflection…

I can think of some:

Sputnik My Love, by Haruki Murakami: A young aspiring writer (Sumire) looking for inspiration and fighting against her unrequited love for an older woman.

1984, by George Orwell. This book doesn’t need an introduction. It gave me a depression when I was just 14…

Persepolis, by Majarne Satrapi. About being an immigrant… the bright and dark sides.

Blindness, by José Saramago. A book everyone should read because it’s simply brilliant. Imagine a future in which everyone goes blind but just one woman? I could also be read as a metaphor of how disconnected we are from each other in this society.

Journey.  A videogame you should play when you’re feeling sad and disconnected, as it was precisely created to combat feelings like that. As a person who normally doesn’t like videogames (I’ve terrible coordination skills that are necessary in most of them) this one has been fascinating me for almost a year.

Can you think about more? Have you ever felt empty? How do you nurture your soul?

 

 

Escritora Errante 18: Ventajas de escribir bajo la lluvia.

Lancaster 02-05
Hace dos minutos estaba lloviendo como si llegara el fin del mundo… ¿Y ahora hace sol? ¿Por qué, Lancaster, por qué?

Estas semanas se me están haciendo un poco duras, así que, para variar, he decidido centrarme en las cosas buenas que tiene esto de escribir en Inglaterra, porque obviamente no todo son desventajas. ¿Queréis saber qué futuro le aguarda al escritor que se atreve a vivir en la pérfida Albión?

1. Leer es más barato.

¡Sí! Cuando vivía en Madrid, todos los libros que me gustaban costaban como mínimo 18 o 20 euros. Había que esperar a que los sacaran en edición de bolsillo. Y la espera se hacía larga, y algunos libros nunca se editaban en bolsillo, y los que sí se deshacían con una facilidad pasmosa…

Sin embargo, en Reino Unido existen unas tiendas geniales, las charity shops o tiendas de segunda mano, donde una puede comprar libros usados (en la mayoría de los casos prácticamente nuevos) por una, dos o tres libras… De hecho, esta clase de tiendas son mi perdición, porque claro, con libros a ese precio… ¿cómo no te vas a comprar toneladas de ellos? Recuerdo aquella vez que, en Edimburgo, en un mercadillo en un parque subterráneo, había una pareja vendiendo cinco (repito, CINCO) libros por una sola libra. Y tenían una verdadera pila con autores que me gustan tipo Stephen King o Chuck Palahniuk (El club de la lucha).

Eso quiere decir que, por primera vez en mi vida, podría (en teoría) empezar a construír mi propia Biblioteca de Alejandría a un precio más que razonable. ¿El problema? Bueno, el espacio… pero en fin, nada es perfecto.

2. La mayoría de los museos son gratis.

Perdonan que os diga, pero a mí eso de que para entrar a los museos haya que pagar… no sé, no me parece muy bien. Ya sé que en esta vida todo tiene un precio, pero si cada vez que quiero ir al Museo del Prado para investigar mi doctorado tengo que pagar siete euros pues no me sale rentable. Sí, ya sé que el Prado tiene una especie de happy hour en la que puede entrar gratis entonces pero, ¿habéis visto las colas de turistas?

En Reino Unido eso no pasa. ¿Por qué? Porque los museos están abiertos a las donaciones y solo te cobran una libra o dos por dejar los abrigos o mochilas en el guardarropa. Ah, y también te sajan en la cafetería, pero esa me parece una manera más justa de hacer el agosto (porque no obligan a nadie a tomarse un café).

En este país hay museos increíbles, como el British Museum (¡qué cantidad de cosas se llevaron los ingleses de cuando tenían su Imperio, ¡hasta tienen la fachada de una iglesia toledana!) o maravillas escondidas como el Hunterian Museum (que me ayudó mucho en mi novela gótica sobre médicos en el siglo dieciocho). Otros museos que me gustan son el National Museum of Scotland y uno de mis favoritos (porque, aunque sea creepy, me encanta ver animales disecados) es el Natural History Museum en Londres.

Es una alegría para esta escritora poder meterse en cualquier museo y empaparse de todos esos tesoros que esconden en cualquier momento, y repetir tantas veces como se quiera. ¡Sí a los museos gratis!

(Aunque NO a las medidas tontas que a veces ponen en Reino Unido, como eso de que está prohíbido dibujar en el Victoria and Albert Museum de Londres… osea, ¡ya les vale!)

3. No tienes que ir muy lejos para perderte.

Cuando vivía en Madrid, era difícil encontrar un lugar verdaderamente silencioso donde poder ver las estrellas o los animales salvajes. Cosas de vivir en la capital, claro. Pero aquí en Lancaster es tan sencillo perderse por los campos, en la playa, en el canal… Como amante de los paisajes desolados (que son los que más me inspiran) Reino Unido es el sitio perfecto, porque tiene prados, colinas y bosquecillos para aburrir. Y suelen estar muy cerca de los núcleos urbanos. Es lo que tiene tanta lluvia, que hace germinar plantas everywhere.

4. Mal tiempo = te encierras a leer y a escribir.

Triste equación (a veces), ¡pero tan cierta! Además, tantos cambios de tiempo (el jueves pasado vi sol, granizo, lluvia y nieve en el mismo día) aunque te fastidian un poco el termostato emocional (te lo joden, básicamente, y perdonad el lenguaje) crean los desequilibrios necesarios para escribir. Quiero decir, si todos los días fueran soleados como en España yo estaría más tranquila. Pero aquí llega el uno de mayo y tenemos tormenta y niebla todo el día. Eso me deprime y me pongo a pensar en el sentido de la vida y en por qué los seres humanos existimos. Finalmente decido escribir algo que refleje todo mi dolor y confusión al ver que la primavera no llega a Reino Unido (¡ni en mayo!)

5. Hay festivales literarios por doquier.

Igual es que en España yo estaba muy desconectada, pero oye, aquí hay festivales literarios hasta debajo de las piedras. Yo creo que el tiempo también tiene mucho que ver. Quiero decir, en España salir ‘a dar una vuelta’ es una de las actividades predilectas que nos ayudan a llenar los días. Pero cuando vives en un sitio donde salir a dar una vuelta puede convertirse en una actividad de riesgo (granizo imprevisto, lluvia torrencial, niebla.. etc) la gente organiza muchas actividades a puerta cerrada. Y entre ellas está escribir, porque aquí también se lee mucho. Mis evento literario favorito en Lancaster es el Northwest Literary Salon que, tristemente, llega a su fin este mismo mes… En fin, lo bueno si breve, dos veces bueno…

6. Amanece más temprano.

Si sois escritores matutinos (yo lo soy) vivir aquí es una gozada. El sol ahora en primavera sale a las cinco de la mañana, con lo que no cuesta nada levantarse pronto para empezar el día escribiendo. En invierno sale a las siete, pero como los días son mucho más cortos, eso también te empuja a madrugar mucho (para no perderte ni una hora de sol). En definitiva, desde que vivo aquí mis mañanas son bastante más productivas, y eso se refleja en mi escritura.

Por mucho que eche de menos el sol, vivir en Reino Unido tiene sus ventajas. ¿Qué cosas os animan a escribir en los sitios donde vivís? ¿Algún festival literario en España que no debería perderme? (A parte del Festival de Fantasía de Fuenlabrada, claro está…)

 

 

 

Escritora Errante 16: ¿Escribir alimenta?

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¿De qué sirve la escritura creativa?

Cuando vivía en España y empecé la universidad no sabía muy bien a qué dedicarme. Me gustaba tocar el piano, pintar y escribir, pero de todas esas cosas escribir era en lo único que había ‘brillado’ verdaderamente. Así que me dije, si tengo que eligir algo, que sea lo que menos me cueste y más disfruto.

Empecé a buscar trabajo en serio en Inglaterra desde enero. El doctorado no da de comer (por ahora no tengo beca, así que más bien me está ocasionando una gran deuda, aunque quiero pensar que tendrá beneficios futuros).  Mi currliculum es un poco extraño. Tengo muchas publicaciones: novelas, historias cortas, artículo académicos… etc. Hago un programa de radio  y colaboro en la organización de eventos literarios. Pero mi experiencia en el mundo laboral es muy reducida. Si nos ponemos en plan serios, solo he sido becaria durante tres meses en la cadena SER. También soy profesora de español y he trabajado de traductora para Notting Hill Editions, pero estos trabajos han sido a nivel freelance y sin contrato alguno. Así que cuando empecé a echar curricula, pues la verdad es que no estaba muy convencidad de que nada (bueno) fuera a pasar.

La primera opción (obvia) fueron sitios como cafeterías y bares. Pero, no sé por qué, nunca tengo suerte con estos. Nunca me llaman, y en la mayoría de los sitios piden experiencia (la famosa serpiente que se muerde la cola, porque si nadie me deja empezar a trabajar como novata, ¿de dónde voy a sacar la experiencia?)

La segunda opción, fue intentar conseguir un trabajo como profesora de español en una academia. Pero tampoco tuve suerte en estos meses. Si me responden, es para decirme que ya tienen gente, que no hay dinero para contratar a un asistente… etc. A veces cuando eres joven te desesperas con estas cosas. Ya sea aquí o en España, parece que todos los negocios están que desbordan con empleados y no hay manera de que las nuevas generaciones se hagan un hueco.

La tercera opción fue intentar trabajar en la biblioteca de la universidad. Pero como pagan muy bien y el trabajo es (aparentemente) increíblemente sencillo, pues mucha gente lo pidió y tampoco pudo ser. (Y fue, por ciento, una de las entrevistas más humillantes de mi vida… odio buscar trabajo en Reino Unido, porque en el proceso te hacen sentir como un ratón de laboratorio en un laberinto).

Pero al final, sí que he conseguido un trabajo, porque el martes pasado firmé un contrato. Ha sido, como siempre, por conocer a alguien. Creo que es así como funciona el mundo: conoces a alguien, que conoce a otra persona, que te recomienda y… ¡zas! oportunidad al canto. Recomendada esta vez, eché el curriculum, pasé la entrevista, pasé el día de prueba (que no te pagan, por cierto) y finalmente puedo decir que soy content writer.

Después del estrés que llevo desde octubre quiero sentirme alegre pero me cuesta un poco. Aun así, sé que soy afortunada. Puede que solo tenga 10 días de vacaciones al año pero hey, tengo un trabajo a jornada parcial que es lo que quería. Y encima, lo he conseguido por cómo escribo, ni más ni menos. Creo que en España esto habría sido imposible, ya que nunca me planteé que escribir (solo escribir) pudiera darme de comer.

Content writer significa escribir blogs y páginas de internet para negocios en cualquier sector que contratan empresas de marketing como a la que me acabo de unir. Es un trabajo muy estresante porque escribes a contra reloj y tiene que estar perfecto para que el cliente esté satisfecho. Pagan sueldo mínimo, pero con solo dos días a la semana me saco el equivalente a 500 euros (400 libras) que me dan para pagar la renta de la habitación que alquilo y, sumándolo con mis clases de español, me permitirán vivir una vida muy frugal, pero vida al fin y al cabo.

Uno de mis propósitos de año nuevo era conseguir un trabajo para ser independiente. Los tres primeros meses estoy de prueba, pero si todo va bien me harán fija y podré, al fin, respirar. Si además consigo la beca de doctorado, eso significa que no tendré que fundir los ahorros de toda mi vida en la matrícula. Ayer me decía una amiga que, poco a poco, everything is coming together. Espero que sea verdad. Aún sigo un poco asustada y preocupada como para poder respirar y sonreir, pero espero que se me pase pronto.

¡He firmado mi primer contrato de trabajo en Inglaterra y es de escritora!

 

 

 

 

 

Climbing mountains and writing

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This landscape is one of the reasons why I chose to live in Lancaster…

Last week I went to Grassmere to do hiking. Hiking and writing are two things that I equally love and feel scared of. There’s always something beautiful about seeing mountains from the distance and thinking: in two or three hours, I’m going to be at the top. It’s also beautiful to imagine yourself with your own book in your hands: somehow the idea has made its way through paper and words.

But, what happens in between?

1. The desire.

All books and walks start with that desire, curiosity, wanderlust. Your life woul be ten times easier if you just stuck to routine, or job, or the simple things like eating and sleeping. But somehow you’re not enterely satisfied. You need to do something crazy like climb a mountain and write a book. Why? It’s not about survival or  being reasonable or realistic. But, who cares? You want to. So that’s why you decide to start up the journey: going towards the mountain or opening a new document in our computer.

 

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2. The peak between the clouds.

You know this moment when you’re still down in the fields and you are surrounded by mountains and an endless sky? You’re still happy and curious but one part of you is thinking: ‘there’s no way I can get so high.’ You want to laugh, turn back, have a couple of drinks in the local pub and go home to watch a film. It’s also easier to turn on TV than defy the blank space of the page. But it’s not going to happen – leaving – because the peak between the clouds is still too fascinating. Too attractive.

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That bag stands for myself in the picture.

3. Climbing.

Now it starts the fun part. The village and the field behind, you can just see one hill after the other. It might be easy at the beginning, but you know this is just the start of hours of struggling between you and the mountain. And then, zas!, you discover a beautiful view. Because that’s the joy of writing and hiking, the sublime might just be around the corner. Just as I started climbing in Grassmere I discovered this beautiful place where the mountains reflected in a big lake creating another world down the waters. The same way, once one starts writing a piece there is always an initial revelation.

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4. No way back.

There’s always a point when you find yourself climbing using hands, feet and mouth if necessary. You try not to look down – there are just crags and cliffs – and focus in each little step. The hand here, the feet there. I imagine myself going down, breaking my neck, or my leg, or even dying. ‘Young writer ends her days in the Lakes.‘ I can already read that in the local news. And, most important, I know there’s no way back. I would like to say: OK, I’m going home. But I know there’s no way I try to go down through those risks again, so the only solution is to keep going until the top (even if it seems there’s never going to be one). The same happens when have passed the mid point of your novel: you cannot leave it there even if what you have produced so far feels like crap…

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5. The peak?

After the difficult part, when you believed you would never make it, comes ‘the peak’. And I’m saying it like this because it’s never ‘the peak’. THE peak is still a little bit further away but at this point you need to sit down, enjoy the (already) astonishing views and take your time to eat some well-deserved lunch. This break always feels like the best part of the hiking. All the previous suffering is forgotten and you feel truly grateful for being alive. In writing happens something similar when you finish the first draft of your novel or piece. You feel you have done it, you feel like a hero. There’s still so much way ahead, but for a brief time it feels like a nice conclusion. The idea is already on the paper. The thoughts have turn into letters. Now, it’s good to remember we need to keep walking. If you stay too long high in the mountain just looking at the views you start feeling really, really cold and dump. In writing, the first draft is merely the door to editing and rewriting. So let’s keep going!

6. THE peak!

This can be a tedious part in the hiking. You had lunch but the hills are still there, one after the other. You start thinking why you bother about climbing, I mean, you already got the nice views and all, does it pay off to get to the peak? Who’s going to care in the end? When you are telling the adventures of the hiking to your friends next day you can always say you reached the peak anyways. I always tell myself these things when I’m dragging my body to the peak. It never seems good enough to deserve the effort at that point. In a novel, the editing process can be equally grueling. You always reach the point in which you just want to throw the whole damn thing into the bin, I mean, who cares? The world already got Shakespeare and Clive Barker and José Antonio Cotrina. But then…

Then you reach THE peak. And I’m not going to explain but that feels about because if you have reached THE peak in hiking and writing you already know it and if not… you need to discover it for yourself.

7. Missing the hills.

Yep. Remember all that suffering when climbing? You never thought you would miss such a thing, would you? Well, there’s just something worse than going up murderous hills… and that’s going down. Becasue the possibilities of sliding and suffering a bloody death increase in 267%.  In writing this is the moment when you want to put your piece out there and realise than the process of getting it published is much worse than getting it written. Because there are so many things you cannot control and don’t depend at all on you. It’s part luck but part hard-effort – believe, if something I’m learning from interviewing authors in The Writing Life is that all of them worked incredibly hard before they had that ‘lucky’ coincidence or encounter with an agent/editor. So even if you feel you’ll die, go slow but don’t stop. You need to get out of the mountain (or get your story out there) at any price. That’s why you climbed it in the first place!

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Can you see the tiny daffofil in the rock on the river?

8. Those sweet vallies.

And finally you’re down there. You find the path and everything is easy, too easy in fact. The mountain is behind and you already miss it. You feel happy with yourself but already start thinking about the next hiking, and promise yourself you’ll do it as soon as possible because damn it, it feels so, so good. Whenever I hold a book in my arms I feel incredibly proud but at the same time the story has been detached of myself. It’s not ‘interesting’ anymore. I need something new to ‘get me high’ and that’s writing another book!

 

Do you like hiking? Does it inspire your writing in any way?

 

 

 

 

 

Escritora Errante 15: Cenando palabras.

Nieve-Lancaster
Primavera en Lancaster

Empieza la primavera – pronto – pero en vez de sentirme contenta de ver los daffodiles y snowdrops salir  sigo triste y apesadumbrada. En esta semana me estaba preguntando por qué he elegido este camino. Por qué ando en una pequeña ciudad del norte luchando contra los elementos, subiendo y bajando colinas con mi bicicleta, siempre cargada de libros.

¿Por qué?

En días como estos me viene bien recordar las X razones por las que he decidido ser escritora – a toda costa.

1. Para pasar el rato. Y es tan cierto… Cuando era una pequeña seta mis padres se empeñaban en llevarnos a mi y a mi hermana pequeña de senderismo. Subiendo montes de aquí para allá para contemplar ‘vistas’ or acabar en algún pueblo rural perdido con casitas de pizarra negra y dos habitantes. Por supuesto yo lo odiaba: el calor, el sudor, el hambre, lo que duelen los gemelos y las pantorrillas cuando una lleva subiendo una cuesta durante horas… Lo único que me hacía pasar el rato era contarle historias a mi hermana pequeña. A veces eran películas que había visto en la televisión o libros que había leído (pero siempre con mis propias variaciones, para hacerlos más interesantes). Otras veces eran sagas enteras que me iba inventando sobre la marcha. En cualquier caso,esto me aislaba de la cruda realidad (cuestas después de cuestas y después de más cuestas) y la caminata de tres horas se me hacía bastante más corta.*

2. Subidón. A veces es cuando estoy escuchando una canción, otras es al ver una imágen o tener un sueño… Pero de vez en cuando a mi cerebro le dan chispazos (o cortocircuitos) y me vienen ideas sobre personajes o historias. El corazón me empieza a latir muy rápido, los dedos se me mueven como si ya estuvieran escribiendo sobre el teclado y la boca se me seca. Son los signos de la inspiración (o la addicción a alguna sustancia, lo sé) pero soy completamente dependiente de ese subidón que da empezar una idea nueva. Y no puedo (ni quiero) dejarlo.

3. Palabras bonitas. Cuando intento hacer muffins se me explotan en el horno. O cuando los saco tienen formas extraterrestres. O una capa de corteza seca encima que no hay quien se la trague. O incluso dan dolor de estómago a mis – pobres – amigos. Sin embargo, cuando escribo una historia la gente me dice que se han entretenido leyendo – o que les han entrado ganas de vomitar si se trata de alguno de mis cuentos gores, pero eso también lo cuento como un halago. O me pagan por escribir. Así que por el bien de la humanidad y el de mi cuenta bancaria (o porque me gusta escuchar cosas bonitas de vez en cuando) sigo juntando letras…

4. Multipersonalidad. ¿A veces habéis deseado tener varias vidas? ¿Qué habría pasado si en el cole hubiérais elegido estudiar ballet en vez de baloncesto? ¿Y si no fuérais de España pero de Japón? ¿Y si no fuérais humanos sino un gato amarillo sobrealimentado? Bueno, una puede imaginar todas esas respuestas a través de la escritura. Es como soñar despierto, o tener un ticket de viaje que te permite ir a todos sitios del universo y meterte en la mente de cualquier – desde tu vecina hasta un ácaro. No sé, pero a mí que soy tan curiosa me va bastante…

5. Para alejar las nubes. He probado lo que es trabajar 14 horas al día en algo que me gusta pero que no es muy creativo… Y aunque disfruté mucho de la experiencia me di cuenta de que por el bien de mi salud mental, y para mantener a raya la tristeza, necesito escribir o hacer algo creativo diariamente. Lo que es muy curioso, porque ahora mismo a costa de estar haciendo lo que más amo (escribir) me encuentro sin un duro, con lo que necesitaría volver a trabajar, pero… eso fue precísamente lo que dejé para venirme aquí a Lancaster.

No entiendo nada.

Si una pudiera alimentarse solo de palabras…

¿Cuáles son las razones por las que escribís? ¿Qué es aquello que os arrastra por el tortuoso camino del autor?

 

*Cosas de la vida, ahora soy una apasionada del hiking (senderismo) en Inglaterra y hago cosas tan locas como irme al lake district a subir montañas mientras graniza y nieva al mismo tiempo.

Escritora Errante 13: Esos días.

Aburrimiento

Es uno de esos días. Miro la pantalla del ordenador, intento teclear, escribir mis 500 palabras diarias como sea pero no hay manera. Estoy desganada, asqueada de la vida al completo. Parece que voy cargando a todos lados con una mochila de cien kilos – no son piedras, no, son preocupaciones. Incluso después de dormir siete horas me levanto cansada. Pienso en el futuro y solo veo un agujero negro…

¿Soy la única que se siente así?

En mi caso se trata de combinar mi pasión con una forma decente de ganarme la vida. Me encanta contar historias y soy muy feliz haciendo mi doctorado en Escritura Creativa. Pero no me alimento de aire y vivir bajo un puente en Inglaterra no es muy aconsejable, con eso del mal tiempo, así que me preocupa mucho el encontrar una manera práctica de hacer dinero. Por lo pronto tengo dos trabajos a media jornada además del doctorado, y aún así lo que gano ni me paga las facturas.

Pero como hay que seguir adelante de una manera u otra – que no me convertí en una escritora errante para sufrir, sino para vivir excitantes aventuras – siempre tengo recursos a mano para ‘seguir tirando’. Y son esas cosas que le digo a mi Yo Triste en los días de lluvia.

1. Escribe, escribe, escribe.

Gabriella Campbell lo dice a menudo en sus posts. No importa que no tengas ganas, tienes que seguir trabajando creatívamente 24/7. Hoy, por ejemplo, he garabateado mis 500 palabras más mal que bien y sintiendo que preferiría que me arrancaran un diente antes que terminarlas. Pero al acabar… una se siente mejor. Primero porque has hecho algo importante en el día (¡escribir!) Segundo, por que las palabras se acumulan, con lo que al terminar estás siempre un pasito más cerca del libro/novela/historia corta… etc. Además, aunque escribas de mala uva – como yo hoy – la gente que te lee no se va a dar cuenta. Los días tristes no tienen por qué ser menos productivos: es más, me atrevería a decir que tienes que hacerlos productivos para al menos levantar esa tristeza.

2. ¡Muévete!

Desde un paseo por el parque hasta correr o irte a nadar. Corro todas las mañanas o si no, hago yoga. Pero no me quedo parada. Sentir el cuerpo anquilosado no te pone de humor, precísamente. Además, escribir es un trabajo que consume mucha energía mental, con lo que es bueno equilibrarlo con otra actividad puramente física. El año pasado salía a dar una vuelta – lloviera o tronara – cada vez que me atascaba con la trama de mi novela de terror gótico. Y vaya si me funcionaba.

3. Comparte tus experiencias con otras almas creativas.

Qué divertido es encontrarte con otro escritor, pintor… etc. con el que poder reír sobre los pesares creativos o inspirarse mutuamente… y si puede ser con unas cañas, ¡mejor que mejor! Las largas conversaciones con otra persona que entiende por dónde estás pasando y valora verdaderamente tus aspiraciones siempre rellenan la batería de la motivación. Sin mi grupo de escritores mi vida en Lancaster sería mucho más gris. Mi amiga ilustradora me trae frescura – en forma de bellas imágenes – cada vez que me sofoco con la tinta negra de las palabras… ¿Tienes amigos artistas? Si no es así, ¡corre a buscarlos! Los sueles encontrar en eventos literarios, tiendas de arte, librerías… etc. Antes yo era una escritorzuela de esas que pensaba que era mejor enhebrar historias en estricta soledad, pero tras conocer a otros escritores me di cuenta de lo mucho que alivia saber que no eres la única sufriendo un bloqueo creativo o desesperando porque la edición de tu novela parecer no tener fin…

4. Aprende de las grandes.

No solo la gripe se contagia… ¡también la grandeza! En mis días más grises – y en los felices también, la verdad – me gusta escuchar las historias, experiencias y consejos de aquellos que – resuenan campanas y un coro celestial – lo han consguido. Aquí os dejo algunas de mis artistas favoritas…

Gabriella Campbell tiene un blog que yo vi crecer hasta convertirse – como es hoy – en uno de los grandes si escribes en español.

Fran Meneses es una ilustradora freelance genial. Amo su estilo, sus gatos y su manera de ser tan natural. Su vídeo sobre la motivación me encantó (chain of doom… so true).

Being Boss podcast. Gracias a Fran Meneses descubrí este podcast (en inglés, eso sí) sobre dos mujeres que han montado sus propios negocios basados en la creatividad. Nunca me había vuelto tan adicta a un podcast, pero es que estas dos te alegran el día y además vienen cargadas de consejos más valiosos que el oro. Especialmente si estás pensando en ser freelance o ya lo eres pero quieres seguir aprendiendo.

The Writing Life. Es mi programa de radio en el que, con la ayuda de un marvilloso equipo, entrevisto a todo tipo de escritores. Es un privilegio poder sentarme delante de mis autores favoritos y escuchar las historias de cómo consiguieron publicar su primera novela, o como encontraron un agente literario… La mayoría de las veces te das cuenta, además, que son gente corriente y moliente, con las mismas preocupaciones que tú. Como Kirsty Logan – ojalá su libro The Gracekeepers se traduzca pronto al español, porque es una maravilla – que enseguida dejó claro lo mucho que sufre algunas mañanas para escribir sus 400 palabras diarias…

5. Devora arte. ¿Qué ha sido lo último que te ha inspirado? ¡Y no solo valen libros! A veces una película o una canción pueden ser incluso mejores.

Por ejemplo, Room fue una película que me dio pesadillas por la noche pero me hizo maravillarme ante lo increíble que puede ser contar una historia tan difícil como esta con la voz de un niño de cinco años – y que funcione. Tengo ganas de coger el libro – que según tengo entendido, es mucho más fuerte – para ver como Emma Donoghue consiguió el efecto. Para mí, narrar a través de una voz infantil es una de las cosas más complicadas – pero en esta película lo consiguieron, ya lo creo.

En cuestión de libros, justo ahora acabo de terminar The Loney. Es una historia gótica ambientada en Lancaster. Es una de estas lecturas en las que ‘no pasa nada’ y al mismo tiempo los cimientos del universo tiemblan, si entendéis lo que quiero decir. Me ha encantado la manera en la que el autor te arrastra a un lugar a donde – evidentemente – nadie quiere estar. Y te hace quedarte. Y observar. Más de una vez me revolvió el estómago o me provocó ligeras taquicardias. En fin, el género Gótico es mi amor verdadero en la literatura, lo quiera yo o no… Y libros como este se encargan de recordármelo.

¿Música? ¿Por qué no escucháis esta de Pearl Jam? Me ha ayudado a escribir las 500 palabras de hoy que no querían salir.

6. Hazte una taza de té. Sí, lo sé, soy adicta al café y nada me pone de mejor humor por las mañanas que una buena taza de café – eso, o sexo. De hecho, hace poco hice un post sobre cómo el café es la gasolina para mi escritura. Pero a veces no hay nada mejor que una buena taza de té – y hay mil variedades y sabores – para reconectar con tu ser artístico y ponerte ‘en la onda.’ Hace poco una amiga me ha enviado macha (té verde) desde japón y la verdad es que me ha vigorizado por dentro – y de paso me ha hecho más productiva. Así que, ¿por qué no iros a una de esas tiendas especializadas a comprar un delicioso té para ‘regalaros’ un momento de escritura? A parte del macha japonés a mí me encanta el té negro con caramelo y gengibre…

7. Cambia de chaqueta.  A veces la frustración artística – o de la vida en general – viene cuando no producimos nada que nos parezca válido. Por ejemplo, las 500 palabras que escribí ayer eran pura bazofia, y probablemente ninguna de ellas sobreviva la etapa de edición. Queremos sentirnos completos, llenos, realizados. Es fácil atascarse en lo que más nos gusta – por eso del perfeccionismo, el ego… – pero sin embargo hay cosas que todos podemos hacer rápido y bien. Por ejemplo, a mi supervisora del doctorado, la escritora Jenn Ashworth, le da por hacer ganchillo. A mí me gusta garabatear dibujillos. ¿Y a vosotros? Cualquier cosa que sea creativa y produzca algo – como la cocina – vale. Y al terminar uno alcanza la misma felicidad que habiendo escrito 500 palabras maravillosas, os lo garantizo.

¿Cuáles son las cosas que os ayudan a seguir tirando? ¿Qué trucos amenizan esas palabras diarias? Aquí en Lancaster tenemos un febrero bastante lúgubre, así que, ¡todos los consejos motivamentes son más que bienvenidos!