Escritora Errante 19: ¿Lectores Beta? Sí quiero…

Caracol
¿Veis el caracolillo en la esquina, enfrentándose a esa frondosa espesura? Esa soy yo en el mundo de la escritura…

¡Buenos días! Las horas de sol en Lancaster van creciendo exponencialmente según nos acercamos a mi tiempo favorito del año en Inglaterra, esa estación conocida como primaveraverano (lo digo así porque es una mezcla de ambos y, como siempre, aderezada de lluvia).

De hecho, esta mañana me he despertado a las cinco de la mañana porque el sol brillando en la ventana no me dejaba dormir… lo dicho, ¡una gozada! Y no es nada irónico, porque después de la oscuridad del invierno, toda hora de luz (incluso las más intempestivas) son bienvenidas.

Últimamente ando bastante liada y con la sensación de que no llego a nada: el doctorado, conferencias varias en las que presento artículos, editando mi primera novela en inglés antes de que se publique, el trabajo, el programa de radio y este blog… ¡en fin! A veces me entran ganas de desaparecer en la espesura y empezar una vida hippie en una camioneta en la que pueda recorrer el mundo. Pero, como no tengo carné de conducir…

La semana pasada, sin embargo, tuve el privilegio de reunirme otra vez con dos compañeras del Máster de Escritura Creativa que hice el año pasado en Lancaster. Anne y Maggie han sido personas que me han inspirado mucho en este viaje, sobre todo por aquellas cosas que ellas ya han logrado y que yo estoy por conseguir.

Volver a estar con dos amigas sentada en un pub hablando de escritura me recordó lo importante que es rodearse de otras personas que escriban. Antes, yo solía pensar que la escritura era una actividad obligadamente solitaria, especialmente si no queremos que otros nos ‘contaminen’… ¡ja! No podría haber estado más equivocada. El año pasado, en un grupo de catorce escritores (cada uno de su padre y de su madre, como quien dice) aprendí más que en todos los años anteriores que llevaba juntando palabras.

Los escritores son criaturas curiosas (y muy egocéntricas, yo la primera) y aunque tiended a enfurruñarse con quienes les dicen las verdades sobre sus textos, nadie entenderá mejor tu dolor ante la página en blanco o toneladas de carateres por editar que otro compañero escritor. Si eres escritor de esos que (como yo) buscan compartir sus historias con un público, nada mejor que contrastar tu arte con otros para aprender nuevas técnicas, disimular errores y encontrar la mejor manera de contar una historia…

¿Alguna vez habéis pensado en buscaros una lectora beta?

Una lectora beta (o lector, pero voy a hablar en femenino) es aquella persona a la que le dejas tu texto cuando aun estás trabajando en él para que te da la opinión y algunas directrices sobre cómo seguir. Normalmente, en los primeros borradores, no se tiene mucha idea de lo que estamos haciendo (yo no la tengo) y toda está cogido con alfileres. (Perdonad que use tantos dichos, ¡pero es que los hecho de menos!)

Hay que tener mucho cuidado con a quién se enseña estas primeras páginas (no sea que nos quiten las ganas de seguir, aunque, por otro lado, sin un par de comentarios te quitan las ganas de seguir… ¿realmente te gusta tanto esta historia?)

Personalmente, yo encuentro que una o dos lectoras betas que te acompañen a lo largo del camino son una bendición. Dos puede ser un buen número porque así si ambos coinciden en que tu villano es plano que una tabla de planchar no tienes derecho a enfadarte porque queda claro que algo falla en ese personaje, mientras que si ambos se contradicen quizás sea una pura cuestión de gustos…

¿Pero, cómo elegir a tu lectora beta?

1. Es otro escritora. Esto no es obligatorio, pero ayuda. Sí, ya lo sé, no solemos escribir solo para escritoras, sino para una audiencia más grande que no tiene por qué saber de técnica y solo quiere pasar el rato. Pero otras escritoras pueden ayudarte a reconocer, precísamente, errores técnicos, además de darte buenas ideas de cómo solucionarlos. Además, las escritoras son gente muy creativa, con lo que su visión seguro que aportará algo a tu historia.

2. Está dentro del género. Estás escribiendo una novela de terror gótico donde el protagonista es un nigromante que se dedica a beber los intestinos de las ovejas del Lake District para tener visiones del inframundo… y se la das a leer a tu amiga que es fan de 50 Sombras de Grey y los libros de Federico Moccia. Mira, no es buena idea, porque lo único que vas a conseguir es que a la pobre le de una indegestión. Cuando buscas una lectora beta, tiene que ser alguien que se sienta naturalmente atraído a tu género. Hay personas que se duermen leyendo narrativa histórica y piensan que los libros de Jean M Auel son un tostón. ¿Vamos a ponernos aquí a discutir?

Cuando yo escribía horror gótico en mi máster algunas personas me decían que les daba tanto asco leer mis capítulos que no podían terminarlos. A otras les iba el hardcore más puro y aun les parecían flojillos… cómo podéis ver, todo es cuestión de perspectiva. Y si escribís literatura de género, es aún más importante saber las expectaciones de tus posibles lectores.

3. Es sincera y no le das miedo. Si le dejas tu manuscrito a tu hermana que sabe que te pondras como una fiera de siete cabezas si te dice algo malo… lo más probable es que te lo devuelva solo con débiles halagos. Seamos sinceros: tener a lectores coaccionados no sirve de nada. Y con quien más se aprende son con aquellas personas que no temen decirte exactamente lo que piensan. Una de cal, y otra de arena, sí, pero desconfían de aquellos que te vienen con críticas muy extremistas (tanto buenas como malas).

4. Se molesta en darte el feedback por escrito. Las reflexiones o el feedback de otra persona sobre tu escritura suelen venir mejor cuando llegan por escrito. Así tienes tiempo de leerlas tranquilamente, guardarlas en un cajón y luego volver a ellas cinco semanas después. Muchas veces me ha ocurrido que alguien ha hecho notas sobre un capítulo mío y lo primero que he pensado ha sido: ‘¡¡oh, no horror!!’ Tres meses después he releído el mismo comentario y me he dado cuenta de que:

A. No era para nada un comentario tan extremo sino un apunte de lo más razonable.

B. Ella/Él tiene razón.

5. Sientes que puedes hablar con ella. Para que esto funcione, tiene que haber una relación igualitaria en la que siempre sientes que puedes hablar. Por ejemplo, a veces me encuentro con personas mucho más mayores que yo y con muchos años de experiencia en esto de escribir, y a veces siento que, por vergüenza, respeto, o una combinación de ambas no me siento tan cómoda al hablar claramente. También me pasa con personas que tienen mucho carácter y quizás se muestran cortantes cada vez que intento controponer mi punto de vista… Estas cosas se notan, pero cuando la comunicación fluye, es una gozada. ¡Seguro que sabéis a qué me refiero! Tu lector beta es como tu amante en el truculento camino de la escritura: va a acabar conociendo tus ‘trapos sucios’ y la cara menos bonita de tu libro, con lo que, al menos, te has de sentir cómoda para charlar siempre que te apetezca.

¿Compartís lo que escribís con otras personas? ¿Tenéis lectoras o lectores beta? ¿Algún otro consejo para conseguirlos?

Por cierto, si alguien quiere profundiar en el asunto, aquí os dejo un pedazo de artículo en Gabriella Literaria que os despejará todas las dudas. Yo me limito a hablar de mi experiencia, pero ella, como siempre, le da un buen repaso al tema…

 

 

 

 

You are not alone: Write in the language you want!

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Some people ask me why I write in English, when I know it’s going to be twice as difficult to have a writing career in a language that – I don’t have a problem to admit this – I’m still learning and ‘conquering’.

Well… There are many reasons and none at all, but summarising:

  1. I love travelling and I wanted to get out of my country (and English is a lingua franca).
  2. Publishing/getting a writing career in Spain was getting too complicated and depressing.

Truth is, sometimes I feel alone, as if I was a painter using some colours that just I can see – so for other people they are invisible, and artists have to live for their audience as well, so that’s a problem.

Thousands of times I’ve been told that my setences are awckward or that I’m not using grammar in the conventional way. Those are the moments when I feel that writing in another language has challenges I won´t ever overcome because I cannot see these kind of things unless someone (a native, usually) points them out for me.

But… I’m happy, because I’m not alone. When I was doing a Creative Writing MA I used to feel I was the only one struggling in this second tongue to tell stories, and it was pretty frustrating. Thank God, I met other people along the way who were in my same position and inspired me. I seem to be the only one who feels so apologetic (and even an impostor sometimes) because I write in a second language. Whenever I meet other ‘wandering writers’ they seem to be proud of choosing this path and – what is more – usually they maintain they feel more confident writing in English than in their mother togue, something that doesn’t happen to me (so far).

For those of you struggling (or enjoying) writing in English even if it’s not the first language you learned I wanted to bring a compilation of all the interviews we made so far in our radio programme to wandering writers from all over the world. There are tons of valuable advice… Enjoy!

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Yamuna Venugopal

She’s a very intense writer who always manages to reach your heart with her simple – yet powerful – prose. She was born in India but came to Lancaster to study Creative Writing. She was my writing pal there and taught me a lot of things about writing. People liked a lot the way she blended Indian English with her writing – in dialogues and descriptions – as well as words from different Indian languages. Reading her stories was like having a free plane ticket for one of the most fascinating countries in the world. I think from her I learned to bring things from my own culture into my writing.

 

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Leonor Macedo

She’s a Portuguese writer who likes fantasy and YA. She grew up reading English writers such as Neil Gaiman, so that´s why she finds natural to write her dystopian novel in this language. Also, she points out the publishing sector in Portugal is very small. If English is going to give you more chances to write and live doing what you love, go for it!

 

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Monica Guerrasio

What I loved about Monica it’s how easily she talked about writing in both languages, English and Italian (her mother tongue). Since I started writing in English (almost two years ago now) I had felt the need to surround myslef with English books, English cinema, English friends… you could almost say I’m afraid of Spanish as if it was going to ‘pollute’ my English! But sometimes I feel sad about it (hey, Spanish is also cool…) Monica made me think that perhaps switching between different languages just depending the country you’re in can be done. She was also very convinced about translating her own stuff from English to Italian and vice versa. Definitely, something that inspired me a lot, because I can stop seeing languages as ‘enemies’ and start using them in a more complementary way in my art, just as I (try to) do in this blog.

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Oscar Delgado Chinchilla.

Oscar was my other writing pal from the MA. What can I see? He’s an amazing Sci-Fi/Fantasy/Steam-punk writer. Check out his stuff there and you’ll get what I mean. He said that writing in English he felt he could be more honest. I also feel I approach writing in different ways depending on the language I write in. Perhaps in English I can be more distant from what I write so I can see the picture and its mechanics better so the final result it’s better (or I feel so). Oscar is also a model to follow because he’s a uni professor (my current goal) and he has this easy way to explain and transmit things in a way that is useful but honest, so you can trust each piece of advice he gives.

We are not alone! These four people really inspired me to continue this journey. They might be the next big name out there, but in any case I’d say that someone who’s so brave as to try writing in another language and sometimes travelling thousand of miles leaving families and friends behind just for the sake of a dream it’s pretty serious about it… Go you!

Have you ever tried to write in a second language? Can you be creative in English? Let’s share experiences!

 

 

 

No coffee, no writing

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I mean, it’s 9.36am here in Lancaster and I’m drinking coffee while I write this. I have the light one because outside is pitch dark and rainny and… well, it feels like night time. Coffee is literally saving me life – and it does so every morning, preparing me to face the challenges of everyday.

I started drinking coffee when I was 18 in a London airport. I had taken a plane at 6am in the morning which meant I was at the airport at 4am and that I had got up at 2am. So when finally my plane arrived – to London – I tried a coffee because I was feeling pretty destroyed and I had heard that coffee lifts you up. A year into drinking it I decided to be a true coffee lover and drink it as it is – no sugar, no milk. It took me a while, but no I can’t stand it sweet, which I guess it’s good for my teeth. I try not to drink more than three or four coffees a day though.

What I noticed  when I started writing for my masters and I had to meet weekly deadlines is that the size of my coffees was increasing – significantly.  By the time I was polishing my novella I was drinking just large coffees, and I bought myself a massive mug that is with me in the office now. Normal mugs just seem too tiny for me now…

Coffee infuses warmth and happiness to my heart, basically, – and If I don’t drink it in the morning I get a  very bad headache. Also, it helps me a lot to associate the pleasure of drinking a super hot coffee with writing my daily 500 words, as I explained in this post.

Do you like coffee? Tea? Do you have any drink or meal that you need to be more creative?

 

 

 

 

 

 

 

 

Escritora Errante 6: ¿Máster en Creative Writing?

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El roble mágico que crece en el departamento de Creative Writing en Láncaster…

Me decidí a hacer un máster en Creative Writing por dos sencillas razones. Me encanta viajar y el inglés es el idioma que más lejos me está llevando por el momento. Era septiembre del 2013, acababa de volver a Madrid desde Edimburgo (¡menudo cambio!) y ya estaba pensando en marcharme otra vez.

‘Me encanta escribir y viajar… un máster en  Creative Writing no estaría nada mal…’, pensé.

Porque cuando en la Universidad de Edimburgo vi que se podía estudiar Creative Writing se me abrió un mundo. Sé que en España hay cursos de Escritura Creativa, y probablemente empiece a haber másters en las universidades privadas. Pero como soy pobre como una rata jamás valoré esa opción. Además, siendo honesta, no creo que hubiera pagado por hacer un máster de escritura en mi propio idioma. En inglés me parece una idea mucho más estimulante, porque no solo estoy haciendo lo que más me gusta en el mundo (¡escribir!) sino que de paso profundizo en otro idioma para perfeccionarlo. Dos pájaros de un tiro.

¿Habéis considerado alguna vez estudiar Creative Writing? ¿Estáis pensando en hacerlo? Aquí van mis consejos basados en mi propia experiencia…

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Escritora Errante 5: Mis 3 pasos para terminar un proyecto.

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Escribir un libro no es cosa fácil. He tenido que rebasar la veintena para poder decir, mirada alta y desafiante, que he podido terminar un proyecto largo y de calidad publicable. Ha sido toda una odisea en la que he tenido que atravesar los tres umbrales: planificación, borradores y edición.

Bueno, he de reconocer que el proyecto que he terminado no es una novela, sino una novela corta. Pero me siento igualmente orgullosa, ya que además he descubierto que este formato (el de la novela corta, que tiene su propia palabra en inglés, novella, y voy a usar de ahora en adelante porque es más breve) es en el que me siento más cómoda. Pero ya hablaré en otro post de por qué me gusta escribir novellas.

Como a muchos escritores, las ideas me acechan en las esquinas, especialmente cuando camino, corro por las mañanas o me escaldo voluntariamente en la ducha… La idea inicial es como las burbujas que me rascan la garganta tras haber tomado el primer trago de coca-cola. Pero en el momento en que intento darle forma, empiezan a surgir los primeros problemas. Las ideas necesitan suportes, igual que los edificios vigas. Y estos no resultan siempre evidentes en las historias.

Si mi idea sobrevive el periodo de planificación, empiezo con los borradores. Y aquí está lo difícil. Como una corredora novata intentando un maratón, muero generalmente a la mitad. La historia pierde su fuelle. Los personajes se tornan planos, o se deprimen y se suicidan ellos solos. El tiempo se detiene o avanza tan despacio como la baba de caracol. Y yo, la escritora, estoy más aburrida que nadie de mi propia historia. Cuando ese sentimiento de hastío me invade, prefiero abandonar el proyecto porque, me digo, si esto no me entretiene ni a mí, ¿a qué lectores voy a engañar? Si, por otro lado, consigo terminar el primer borrador (esto quiere decir que he superado la crisis ‘del medio’, esa es inevitable) el proceso de edición suele ser tan tedioso que, como buena cobarde que soy, abandono mis manuscritos y me pongo a otra cosa. Como el marinero con una esposa en cada puerto, tengo al menos tres borradores de novellas por ahí olvidados. Sé que debería hacerme cargo de ellos (uno de ellos incluso está escrito a mano) pero la pereza me puede. Editar es como criar un hijo, me imagino. El fogonazo de pasión concibe la criatura, sí, pero ay, eso es solo el principio. Soy (he de reconocer) una madre bastante irresponsable y egoísta. Pobres manuscritos míos.

En octubre del 2014 empecé el Máster de Escritura Creativa en Lancaster y me prometí a mí misma entregar el que posiblemente podría ser mi único libro en inglés (aunque ahora parece que le he cogido el gusto y escribiré al menos otros tres libros más en el idioma de la Pérfida Albión, como dice Gabriella Campbell). ¿Cómo ha ocurrido semejante milagro? (Teniendo en cuenta que escribir en inglés me lleva el triple de tiempo). Dejad que os cuente los secretos que me han permitido atravesar victoriosa los tres umbrales…

1. Planificación.
Para esta novella (Mrs McLean Cabinet of Curiosities) decidí no saltarme este paso previo. Muchas veces, cuando se nos ocurre una idea es muy fácil dejarse llevar por la emoción y correr a arañar el papel cual felino juguetón. Pero he descubierto que si empiezo muy rápido también me canso rápido. A veces, menos es más. Y la planificación, aunque parezca aburrida en el momento en el que solo quieres ver tu increíble idea en acción, acaba siendo ese pegamento que mantiene todo el proyecto unido en las crisis venideras. (Porque las crisis vendrán, ya lo creo, como viene la lluvia a Inglaterra, más temprano que tarde, me temo).

a. Argumento. Para esta etapa del proceso creativo me ayuda mucho la técnica del snowflake (la conocí gracias a Gabriella, en este post). Intentad resumir vuestra idea en una línea. ¿Difícil, verdad? No desistáis. Al final puede ser hasta divertido.

Tras un sufrir un desengaño amoroso, un doctor obsesionado con su adicción a la sangre se marcha a una mansión aislada en las Highlands para hacerse cargo de la familia McLean durante los meses de invierno.

Sí, ya sé que esta frase es larga y enrevesada, pero mi novella es de terror gótico… ¿qué esperábais?

Desarrollad la frase en varios párrafos y finalmente una página. Puede parecer algo un poco estúpido, pero a mí me ayudó a poner cada cosa en su sitio y a aclararme con lo que quería contar.

A veces, en esta parte del proceso también me gusta planificar los diferentes capítulos del proyecto (aunque al final todos estos detalles me los suelo pasar por el forro una vez que le hinco el diente al primer borrador). Por ejemplo, para esta novella usé el disco Antiphon del grupo Midlake.

La idea original me surgió al escuchar su canción This Weight, tras lo cual decidí dividir la historia en nueve capítulos (cada uno relacionado con las canciones del álbum, y por ese orden). No es la primera vez que la música influencia tanto mi escritura (el álbum de The Thirteen Step inspiró mi otra novella, Kabuki). Pero como digo, esto es una simple pauta, porque al final Mrs McLean’s Cabinet of Curiosities acabó por tener veintiún capítulos en vez de nueve.

b.Personajes. ¿Quién quiere crear estereotipos? Desde luego yo no. Los personajes predecibles me dan (en el mejor de los casos) sueño. Es muy difícil huir de los clichés o de esas ganas de crear múltiples versiones de nosotros mismos en la historia (no es una buena idea, quizá solo les funcione a unos pocos elegidos, como Haruki Murakami).

En esta novella decidí usar (por primera vez) este truco de las cien preguntas. Es algo que me había ayudado a crear personajes para mis partidas de rol (sí, soy adicta al rol en vivo, lo confieso) pero que jamás antes me había planteado usar en mis propias historias. Sin embargo, ¡cuánto me divertí el verano pasado! Cien preguntas pueden parecer demasiadas, pero cuando escribes quieres saberlo todo de tus personajes, y en esta lista hay muchas cosas que en un principio ni siquiera me había planteado pero que luego resultaron ser fundamentales. Además, es un ejercicio creativo excelente porque pone en marcha el motor creativo. ¿Cómo fue la infancia de vuestro personaje? ¿Quienes son sus padres? ¿Cuál es su religión? ¿Es vírgen? ¿Zurdo o diestro? Os puedo asegurar que tras esta lista, personajes que en un principio eran bastante planos o parecían caricaturas (como la Mrs McLean del título) acabaron por convertirse en pilones con los que sustentar el argumento.

¿El único peligro de esta técnica? La backstory de los personajes corre el peligro de ser incluso más larga que la historia que quieres contar. No creo que eso sea malo: cuanto más pasado tengan nuestros personajes, más detalles jugosos podemos introducir en la trama. Lo malo es que te pueden entrar muchas ganas de querer contárselo también al lectorr (puesto que nosotros, los autores, lo sabemos, ¿por qué ocultárselo a ellos?) Creo que esto es un gran error, porque hay que ceñirse al argumento en sí. Lo demás, nos lo llevamos a la tumba. (O lo reciclamos en posteriores secuelas si el libro resulta ser un bestseller).

c. Documentación.  ¿Dónde sucede la historia? ¿Cuáles son las circunstancias que envuelven el argumento y los personajes? La documentación es clave cuando estás haciendo worldbuilding (creando el ambiente de tu historia). Las historias con un buen worldbuilding son las que al final se nos quedan en la memoria. En mi caso me siento fascinada por sagas como La Materia Oscura o El Ciclo de la Luna Roja, que describen mundos estremecedoramente oscuros, además de otros libros más realistas como Nunca Me Abandones, donde yo también asistí a la escuela de Hailsham. ¿Cuáles son las vuestras?

Suceda en el pasado (mi novella ocurría en Escocia a principios del siglo XIX), en el presente o en el futuro, el trabajo es el mismo: hay que investigar, encontrar (o crear) detalles, personajes y lugares. Aunque de nuevo, es sabio recordar que no escribimos la historia para mostrarle al lector cuántas horas hemos pasado investigando (afrontémoslo, nadie nos va a reconocer ni pagar todo ese tiempo en bibliotecas, museos, preguntando a expertos o frente a la pantalla del ordenador). Consolémonos pensando que la documentación, a parte de darle un sabor único a nuestras palabras, (pero que sea sútil, como la sal en la cocina) nos convierte en expertos de cosas insospechadas (Humanistas, si queréis, como Leonardo Da Vinci). Yo podría escribir ahora ensayos sobre las transfusiones de sangre en el siglo XVIII o las sangrientas batallas de la Revolución Jacobita en Escocia… o diseccionar y hasta embalsamar un cadáver. Nada mejor que la escritura para sorprenderse a una misma.

Como apunte final, la documentación no tiene por qué ser algo agobiante que nos quite las ganas de coger el borrador. Generalmente yo empiezo investigando un poco lo que me interesa para la historia en sí, y este es un proceso constante, a cuenta gotas, que se puede extender hasta la etapa de la edición. Una vez más, creo que es importante recordar que documentarse sirve para completar la historia pero nunca ha de ser más importante que esta.

2. Borrador(es).
La parte más divertida. ¡A escribir! Una vez. Y dos. Y tres. Suelo perder la cuenta de los borradores que hago de cada capítulo, pero la verdad es que siempre me divierto igual. En mi caso,  funciona mejor olvidarme de editar y saltar directamente a la historia. El subconsciente siempre me ayuda a encontrar nuevas y estimulantes conexiones, así que en esta estapa puedo escribir a cualquier hora del día, con la mente clara o bajo la influencia de sustancias misteriosas… todo vale mientras me lo esté pasando bien. Hablé más de cómo muerdo la hoja en blanco en este post.

3. Edición. Soy una persona inquieta y torpe (no sé cómo no me he despeñado ya por las Highlands o el Lake District a estas alturas, la verdad), así que esta etapa del proceso creativo solía ser la más odiada. Sí, tengo amigos escritores que la disfrutan enormemente, pero yo no soy una de ellos. Esta es también la razón por la que no me haría especial ilusión trabajar en una editorial (aunque ahora mismo trabajaría hasta limpiando váteres, la verdad).

No obstante, escribir en inglés me ha hecho entender que editar un texto no es solo esencial, sino también muy estimulante. Editar es muy diferente a escribir borradores. En el primer caso busco cantidad y expansión. En el segundo, me convierto en una escultora: tengo que mirar la roca deforme (conjunto de todas mis palabras apelotonadas tras los diversos borradores) para comprender la verdadera y armónica forma de mi proyecto… y si tengo la suerte de percibirla, entonces extraigo a cincelazo limpio lo que sobra, que suele ser mucho (la última novella que edité empezó teniendo casi noventa páginas y ha acabado con a penas cincuenta… ups). Ver como la historia va al fin cobrando forma, es una sensación muy placentera, como ordenar y ventilar una habitación caótica.

¿Cómo conseguir que no nos agobie el proceso de edición? En mi caso, el consejo de mi profesora, Zoe Lambert, fue fundamental. Primero, termina la obra. No puedo editar una historia si no puedo verla en perspectiva, con todo incluído. Luego, edita por capas, o corremos el riesgo de quedarnos por siempre en la primera página, ahogadas en un mar de frustraciones e insatisfacción. Si edito pensando en que todo tiene que ser perfecto, obviamente nunca voy a terminar. (La perfección no existe, entre otras cosas, aunque como artista me sigue costando asumirlo). Pero si agarro el manuscrito pensando que solo voy a editar aspectos concretos (los personajes, la trama, o la cronología de la historia, el lenguaje… etc.) la tarea se torna un poco más sencilla.

La edición se alarga hasta ese instante en el que sientes que quieres masacrar a todos tus personajes para luego ir a meter la cabeza en el horno. Nunca vamos a estar satisfechos con nuestros retoños creativos (asumámoslo) pero cuando la energía del proyecto se agota, es mejor dejarlo ir. Entonces llega el temido momento en el que deja de ser tuyo y pasa a ser también de todos aquellos lectores tan majos que quieren dedicar su tiempo a leer tus palabras. Es el momento también de tragarse las lágrimas (cuando le dedicas tanto tiempo a algo es duro admitir que se ha terminado) y empezar a pensar en cosas nuevas. A no ser que seas Joyce Carol Oates y escribas el primer borrador de una novela mientras editas la anterior (tengo que probarlo alguna vez, parece terriblemente difícil pero entretenido.)

¿Planificáis a la hora de escribir?
¿Disfrutáis al editar o es una tortura?

¡Nos leemos el siguiente viernes!

Escritora Errante 4: Habitaciones vacías

Empty room

Dicen que en la vida hay tres eventos muy estresantes.

  1. Mudarse de casa.
  2. Dejar una relación.
  3. Empezar un trabajo nuevo.

Y, este mes, doy positivo en dos y medio. Voy a empezar mi nuevo trabajo (bueno, un doctorado, pero es lo mismo, porque por lo visto voy a trabajar como una burra). He empezado recientemente una nueva relación (lo que me descoloca tanto como romper, la verdad). Ah, y lo mejor, me he mudado.

Dejad que os cuente la historia.

Lancaster es una ciudad pintoresca, histórica (con castillos y brujas) bohemia… y pequeña. Yo pensaba que este septiembre estaría mudándome al centro, para poder ir al Caffè Nero todos los días (ja, si mi bolsillo se lo pudiera permitir…) visitar las Assembly Rooms para buscar accesorios steampunk y libros chulos, irme de fiesta los viernes por la noche por Apothecary sin tener que preocuparme por coger el bus de vuelta y perderlo y tener que hacerme cuatro millas a pata en lo frío y oscuro de la noche… Me iba a mudar con una amiga muy amiga, también escritora, y la nuestra iba a ser una casa de artistas locos en la que probablemente iba a nacer el siguiente Círculo Bloomsbury. Todo iba de perlas hasta que dicha amiga me anunció, a principios de Agosto, que se iba a Nottingham, que es una ciudad más grande (y, por tanto, con más posibilidades de encontrar trabajo).

Me dejó helada. ¿Sabéis lo difícil que es encontrar una habitación en Lancaster en Agosto? La mayoría de los estudiantes empiezan a mirar y a alquilar en Enero, para que os hagáis una idea.

Me tocó ver todas las habitaciones que quedaban aun sueltas, aquellas que ya nadie quería.

Por ejemplo, una habitación pequeñísima sin armario. El casero me dijo que podía usar el angosto cuartucho del pasillo (donde se suelen dejar las fregonas y los cepillos) para guardar mi ropa…

O aquella casa en la que hubiera podido tener una habitación enorme… pero que estaba a medio construír.

O los pisos en pleno centro de Lancaster que parecían una cárcel federal… con las ventanas tan pequeñas que todas las habitaciones eran como sótanos.

Hasta que, finalmente, una señora me escribió un email muy largo. Esta señora, ya mayor, pero que decía tener espíritu joven era también escritora y había visto mi anuncio de buscar piso. Era budista, iba a empezar el mismo máster que yo he hecho dentro de un año, vivía en Galgate (aka El Fin Del Mundo) en un cottage con una perrita llamada Polly y un jardín secreto.

Tras una dolorosa y larga deliberación, decidí hacer caso a mi intuición y acepté la habitación en El Fin Del Mundo.

Dejar mi habitación en el Graduate College, donde he estado compartiendo piso con otras cinco personas a las que he acabado por coger cariño (y del bueno) ha sido algo mucho más difícil de lo que esperaba. La habitación era pequeña pero la tenía  decorada a mi gusto, con mis libros, mis fotos, mis postales de los sitios interesantes a los que he viajado este año…

En esa habitación imaginé mi primera historia en inglés, recé a los dioses para que me dejaran quedarme en Inglaterra y hacer un doctorado, tuve conversaciones de esas que marcan y perdí (por segunda vez) mi virginidad.

Lo que más me gustaba eran las vistas. Solo veía ramas afiladas y una hojarasca verde oscuro. Tan misterioso, gótico, recóndito, salvaje… Voy a echar mucho de menos esa calma melancólica.

Así que ahora vivo con esta escritora inglesa llamada Sue. Alguien me dijo que podría ser una buena oportunidad para analizar a los ingleses, para respirar, sentir, cocinar… vivir con ellos. Inmersa al cien por cien. Desde luego, como escritora, toda experiencia es bienvenida.

La casa tiene carácter. Huele a moho, las paredes se caen a cachos, todas las estanterías están repletas de libros, gafas y botellas vacías de alcohol, guardando un muy precario equilibrio contra las paredes llenas de humedades. (Si muero aplastada por una de ellas… bueno, al menos será una muerte literaria).

Mi habitación es… curiosa. También desafía a su manera las leyes de la lógica, con una chimenea que solo sirve para acumular polvo (y esperemos que no muchos entes misteriosos), unos enchufes que se esconden para que no pueda utilizarlos, un armario de IKEA hecho con palillos mondadientes, un escritorio torcido, unas estanterías muy temblonas que voy a tener que anclar a la pared si no quiero cuatriplicar mis posibilidades de abandonar este mundo y un monstruo de cama doble que se come todo el espacio y puede que se me coma a mí también. Ah, y al llegar tuve que limpiarla durante más de seis horas… no tenía muchas ganas de compartirla con una población de arácnidos nada dispuestos a pagar la renta. Soy escritora, está claro que el dinero no es algo que me sobre.

Polly, la perrita, esta sorda y sube las escaleras como la anciana canina que es (me parte el alma cada vez que la veo…) La pobre tiene incontinencia (ay, Polly, ¿por qué tuve que conocerte en el ocaso de tus días?) pero se ve sola películas de terror sentada en el sofá a las diez de la noche (lo cual confirma que es mucho más fuerte que aquí una servidora).

Sue es amable, de momento. Un compañero de clase se reía, porque ella vive en el piso de arriba del todo en un pequeño apartamentito, algo así como the mad woman in the attic… (bueno, si voy a ser Jane Eyre, ¿dónde está mi Mr Rochester?)

Su Jardín Secreto es alucinante, pero no tengo permitido entrar mientras ella está allí escribiendo en su casita de la inspiración. Prometo algunas fotos en los próximos posts.

La casa está justo bajo un enorme puente de piedra que me gusta mucho. Las arcadas son tan grandes que cada vez que cruzo por debajo me parece estar entrando en otra dimensión. Como cruzando una de esas puertas que aparcen en los universos de Cotrina. De vez en cuando veo los trenes pasar. El ruido, contrariamente a lo que se pueda pensar, no me molesta, sino que me gusta. Mucho. Ver un tren deslizarse a toda velocidad hacia quién sabe dónde alegra mi corazón. Todo en la vida son viajes.

¿Os habéis mudado alguna vez?

¿Habéis convivido con un escritor?

Quiero escuchar vuestras historias…

Writing in… 34 Golgotha Rd

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As a writer, it’s very important for me to change environment when I work. I don’t necessarily need a quiet place like a library, although I often go there because they allow you to drink coffee, they have toilets and you can stay there as long as you want. The only forbidden place to write for me – personally – it’s my room or – even worse! – my bed – although I know that two of my favourite writers like doing so, Patricia Highsmith and Gabriella Campbell. Gabriella said that there’s nothing  like a beautiful notebook and a cup of tea to let her imagination flow on the paper. I also read that Patricia spent the days in bed, leaning on fluffy pillows and eating sweets while she wrote her amazing dark short stories – like the ones in her collection The Snail-Watcher and other stories. But I cannot concentrate in my room, because I consider it a place to relax and sleep  – and perhaps do some funny stuff, but that doesn’t include writing.

So I would like to introduce in the blog a record of places that I have found inspiring for my art. And I will start talking about Yamuna’s kitchen. Yamuna is my writing pal – we met in our MA in Creative Writing at Lancaster University. She recently moved houses and because she knows I am a nomadic writer, she offered me her place whenever I might need it.

She lived on 34 Golgotha road in Lancaster*if you want to pay her a visit it’s too late, by the time I will be publishing this she would have returned to India, sadly. Her house has a cute little kitchen with a big ‘welcome’ written in wooden letters on the wall. There is a circular table besides a window from where you can see the green from the back yard. I love green and open spaces, so for me it is ideal.

Also, one of the advantages of writing inside a kitchen is that it is very easy to reach for coffee and food when your stomach starts growling but you don’t want to stop writing. Plus every time I go and visit Yamuna she makes for me coffee in the Indian style. This means she adds to water two spoons of coffee and two spoons of sugar and then boils it slowly. After a while she filters the dark liquid and… voilà! I always drink my coffee without sugar, but I like Yamuna’s version because it’s not just caffeine, it’s also a treat.

We usually eat chocolate cakes – she buys them for me, she knows I am more of the sweet kind – and the spiciest crackers I can possibly find – I know she needs spices as she needs to breathe oxygen.What you can see in the photo, Hot Chili Chips is my latest discovery in the Spar next to her place. I just could eat a few before my lips and tongue started burning. As always, she maintains it’s not even closer to the spicy level you can find in India… I don’t know if she really means this  or if she’s just mocking me – in any case, I had to stop eating those because of survival.

Writing with Yamuna is fun. We listen to vibrant Indian music when she helps me with grammar and gives me interesting ideas. I usually see her staring at the white page of the computer or burying her head in her arms and sleeping over the table. Yet I cannot call this laziness because she’s an amazing writer… – want to check one of her stories?

Do you have any writing pals?

Do you invade their places to write?

Check this sophisticated Indian Coffee recipe in any case, it might strengthen your inspiration!

*This is the coolest name for a road ever.