I lost my job but found my writing?

I lost my job

(Si quieres leer esto en español ve más abajo. ¡Gracias! :D)

Life happens. And it turns out that I lost my part-time job because they didn’t want more part-time people any more. And, because of the PhD, I cannot do full-time. Well, I think I’d have shot myself if I had to do that job full-time. But that’s another story.

Now, where next? I neeed a part time job to support myself. But I don’t want to do something that sucks my creativity away. I feel so identified with Amanda Palmer (I listened to the audiobook The Art of Asking and it was a cathartic experience). It’s not that I’m lazy. I’m ready to work hard, oh, of course I am. It’s just that I don’t want an ordinary job, an office job. I’d rather take my guitar and start playing in the streets. (Oops, I don’t really know how to play guitar. I just play the piano, and it’s not like I can bring it with me easily everywhere I go. But I could learn the guitar, no? And, in any case, you get what I mean.)

Am I the only one here feeling like that? I said it in that other post, I don’t want a life in the highrise. I refuse.

A friend believes I should go for Erotic novels and short stories. That’s where the money is, she said. Well, honestly, I may try it. I forgot to include that in my list of possible professions.

But God and Goddesses, how difficult it is to wake up in the mornings. Although my writing has imrpoved exponentially since I lost my job. I have finished the second draft of a Sci-Fi novella that is about a sinking world, Catholic priests, a teenage bully and a crazy nun. And lots of rain.

And it turns out that hey, above all, I’m a writer, so… do you want to listen to a story?

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Life happens. Resulta que acabo de perder mi trabajo a jornada parcial porque solo quieren a gente trabajando a jornada completa. Y como estoy haciendo el doctorado, eso no puede ser. Lo cierto es que me habría volado los sesos si hubiera tenido que trabajar en esa oficina todos los días de la semana pero, hey, eso es otra historia.

¿Y ahora? ¿Qué va a pasar? La cosa es que necesito un trabajo a jornada parcial para sobrevivir, pero no quiero nada que me chupe la creatividad hasta dejarme vacía. Me siento muy identificada con Amanda Palmer. Hace poco escuché el audiolibro de su libro El Arte de Pedir y fue catártico. No es que yo sea una vaga, ni mucho menos, porque estoy lista para trabajar todo lo duro que haga falta, ya lo creo. Pero no quiero tener un trabajo ‘normal’, de oficina. Antes que eso me largo a la calle y pongo la gorra en el suelo mientras toco la guitarra. (Ups, espera, ¿sé tocar la guitarra? No, la verdad es que no. Solo toco el piano,que es difícil de arrastrar de aquí para allá. Pero siempre se puede aprender, ¿verdad? Además, ya pilláis por donde voy.)

¿Soy la única que se siente así? Ya lo dije en uno de mis posts, no quiero la vida en el Highrise. Me niego.

Una amiga me dijo que debería intentar escribir historias eróticas, que es ahí donde está el dinero. Puede que lo intente un día de estos. Se me olvidó añadir eso a mi lista de posibles futuras profesiones.

Pero por los dioses y diosas, qué difícil es levantarse por las mañanas. Aunque mi escritura ha mejorado exponencialmente desde que perdí el trabajo, algo es algo. Ya he terminado el segundo borrador de una novela corta de Ci-Fi que va de un mundo que se está hundiendo, sacerdotes católicos, un adolescenete acosador y una monja loca. Y lluvia. Mucha lluvia.

Y, bueno, ante todo soy escritora, así que… ¿alguién quiere escuchar una historia?

 

 

Escritora Errante 21: ¿Y Ahora Qué?

Empty room galgate
¡Hasta nunca, extraña habitación asimétrica llena de nidos de araña!

Me ha costado mucho escribir este post porque interiormente aun me siento dolida y asustada. Parece una broma, ¿no? En un año en el que me he sentido más y más desarraigada va y sucede Brexit y las nuevas elecciones generales en España. En fin. La posibilidad de mudarme a una isla deshabitada en el medio del océano Pacífico y formar mi propia comuna cada vez me parece menos descabellada…

Pero, por otro lado, al fin me he mudado (¡al fin!) y ya no tengo que volver a Galgate, ese pueblo fantasma, nunca más.

Últimamente me ha dado por pensar en cómo debían sentirse los juglares de la oscura Edad Media, yendo de un pueblo a otro compartiendo historias. Seguramente sabían varios idiomas y llevaban poca cosa en el macuto pero la cabeza llena de ideas. Un poco como yo.

¿Son todos los artistas nómadas? Yo creo que, de alguna manera, todos somos un poco viajeros porque vamos a lugares recónditos (de manera figurada o literal) a buscar inspiración. Y nos llevamos a los lectores / a la audiencia con nosotros.

Y por otro lado, cuando veo las noticias en Reunido Unido sobre la xenofobia (que siempre ha estado presente, como en cualquier otro país, imagino, pero ahora como que duele aun más) y me doy cuenta de que soy ‘la de fuera’ me da pena. Pero a los dos segundos recuerdo que siempre me he sentido así en todos sitios y grupos, y es que los artistas somos (y nos encanta sentirnos) un poco raritos. Los Gregor Samsa del barrio.

¿Qué pasa con los artistas en tiempos de crisis? Vivir en un sitio con un gobierno como el de España, donde las libertades más básicas están que penden de un hilo, no me apetece nada. Como mujer y ser humano simplemente me niego a creer que no haya algo mejor, por mucho que eche de menos a la familia y al sol.

¿Acabaré en una orquesta itinerante, como en Estación Once? Pues mira, prefiero eso a tener un trabajo convencional. Me siento como el personaje de Miranda en esta novela, que se dedica a dibujar a escondidas una novela gráfica mientras hace como que trabaja en su oficina.

A veces me pregunto qué demonios hago escribiendo en inglés y cómo me las he arreglado para convertir algo que amo (la escritura) en una obligación con todas las fechas de entrega de este doctorado. Pero, siendo realista, si no tuviera esta ‘obligación’ de escribir no tendría ni fuerzas para levantarme por las mañanas. De hecho, un libro que me está ayudando a volver a mis letras con el antiguo entusiasmo es On Writing (Mientras Escribo), de Stephen King. La voz de esta autor es cálida y como un verdadero bálsamo si estáis pasando por el Bloqueo del Escritor. Honesto, divertido… Stephen King no es un superventas por nada. Y si (como yo) sois fan de sus historias de terror, ¿a qué estáis esperando para haceros con una copia? Os confirmo que es tan bueno como dicen, y muy diferente a los clásicos How To manuales de escritura. (Por cierto, que con una infancia como la que tuvo, ¡no me extraña que escriba los libros qu escribe!)

En fin. Me voy a dar una vuelta porque, encima, se me ha roto la bicicleta y me toca ir andando a todas partes (menos mal que lo de andar me va). La incertidumbre interna y externa pesa como llevar una mochila de hierro, pero, de alguna manera, he alcanzado el punto donde ya estoy aburrida de estar triste.

¡Mil gracias por leerme!

Y a vosotros, ¿cómo os va?

 

Escritora Errante 20: ¿Cómo continuar el viaje?

Grulla
Bucólica imágen en Lancaster un día de primavera tardía, en el que un grupo de vacas tomando el sol son observadas por una extraña criatura picuda.

Escribir es un viaje, pero cuando literalmente te cambias de país para dedicarte a tu pasión a tiempo completo, la metáfora se vuelve más real.

Llegué a Lancaster el 26 de septiembre del 2014 sin saber muy bien qué me encontraría, pero con ganas de escribir y tener nuevas experiencias.

Han pasado casi 20 meses desde aquello. Ahora estoy haciendo el doctorado, lo que quiere decir que tengo tres años para escribir una trilogía de novelas cortas e investigar sobre ella mientras dos escritores profesionales me ayudan en el camino. Hay tantas, tantísimas cosas que he aprendido en estos meses. No creo si quiera que sea la misma persona que se subió nerviosa al avión aquella mañana de septiembre, solo con una maleta y empeñada en irse sola.

Es curioso, porque, como escritora, estos meses han sido de los mejores y también de los peores de mi vida, en cierto sentido. Nunca me había sentido tan conectada y en sintonía con mi esencia, o tan perdida y desarraigada. Y todo en ese corto periodo de tiempo. Me siento como esas personas que se van a los baños turcos y se meten en una sauna para acto seuguido bañarse en una piscina helada. ¿Dicen que eso es bueno?

1. Escritora

Nunca me había atrevido a llamarme ‘escritora’ cuando vivía en España. Me gustaba  inventarme historias y garabatear argumentos, pero, pese a haber publicado, la palabra se me quedaba grande. Tras haber vivido en Lancaster y haberme graduado, me siento mucho más cómoda al decir que soy escritora delante de otros. No porque tenga un máster en Escritura Creativa (no creo que nadie haya de tenerlo para dedicarse a esto, la verdad) sino porque, por primera vez en mi vida, he empezado a tratar la escritura mucho más seriamente: borradores, investigación, edición, envíar cartas a editoriales y agentes, participar en eventos literarios… etc. Digamos que aquí tuve la oportunidad de encontrar una comunidad que me ha enriquecido y confirmado que esto es a lo que quiero dedicarme. Aunque aun no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, y esto es un proceso lleno de errores y sustos, al menos sé como identificarme.

2. Publicar

Por primera vez, voy a publicar dos textos largos bajo mi nombre. Es la primera vez que trato con editores sola, y la suerte quiere que sean de Reino Unido y de España, con lo que tengo la ventaja de ver las dos caras de la misma moneda. Cuando llegué a Lancaster jamás pensé que acabaría publicando (¡y en inglés!) en tan poco tiempo. Sin embargo, el proceso de edición ha sido (está siendo, de hecho, porque aún no ha terminado) increíblemente difícil. Me he dado cuenta de lo que es poner algo que tu has creado en manos de otra persona que puede empezar a amputar y añadir miembros a tu engendro original a placer. No es algo que ninguna madre quiera ver… (y yo me considero la madre de todos mis engendros/libros). Pero es el precio que todos hemos de pagar si queremos sacar nuestro trabajo al mundo.

3. Trabajar

Por primera vez, estoy trabajando con contrato y horario fijo. Hasta entonces solo había hecho cosas temporales o en plan freelance, como traducciones, clases de español y demás. Este año he conseguido mi primer contrato profesional que durará lo que tenga que durar, pero por el momento aun estoy en estado de shock. Ya sé que muchos estudiantes de doctorado (como yo) tenemos que sacarnos las castañas del fuego trabajando al mismo tiempo que investigamos. Pero está siendo duro, porque no me gusta estar sentada en una oficina, no me gusta la jerarquía empresarial, ni los horarios fijos, ni el trabajar en algo que no te gusta, solo por el dinero… Pero en fin, tengo que comer, y el dinero y la independencia que este trabajo me dan son algo que valoro. Aunque, desde luego, sé que solo va a ser algo temporal, y por mucho estrés que me esté causando tiene la ventaja de entrenarme en varias áreas en las que estoy un poco verde, como el marketing y el copywriting. Y, además, me hace escribir en inglés durante 8 horas seguidas, lo que seguro mejora mi gramática.

4. El hogar

Si en estos últimos 10 meses he tenido una obsesión, esa ha sido, sin lugar a dudas, encontrar un hogar. Esta es la primera vez que vivo durante tanto tiempo en un país extranjero y sin vistas a regresar pronto, por el momento. Los primeros meses siempre vienen con la maravilla de lo desconocido, pero luego, claro, llega la parte difícil: darte cuenta de que tu vida ha cambiado y tienes que hacerte lugar en un ambiente al que no estás acostumbrada. Vivir en una casa sucia, con alguien con quien no tengo ningún tipo de conexión ha sido desagradable. Es curioso: ese sentimiento de soledad tan doloroso (como si echara de menos un miembro que ha sido amputado) es algo que ya había experimentado en Edimburgo y en Madrid. Siempre había intentado huír de esa sensación, buscando maneras de darle el esquinazo. Pero ya se sabe, uno no puede (realmente) escapar de sus propios miedos, y supongo que los míos me han encontrado sin escapatoria en Galgate. Lo bueno es que he descubierto que la única manera de vencerlos es… cambiar. Y por eso me cambio de casa en dos semanas.

5. Amor

Otra de las cosas que he descubierto en Lancaster ha sido otra persona. Yo no era una novata en esto del amor, pero claro, no sabía que cuando  quiere dar fuerte puede dar muy fuerte… Si antes mi otros enamoramientos habían sido como heridas de bala, esto ha sido una bomba con todas las de la ley. Nunca me había dado cuenta de lo mucho que puede absoberte e incluso obsesionarte una relación. Bueno, sí. Pero estoy descubriendo nuevos extremos. Creo que enamorarme y empezar una nueva relación ha borrado por completo mi identidad. He dejado de ser ‘yo’ para entregarme por completo a otra persona. Es como encerrarte a escribir una novela y olvidarte de comer y dormir. Suena atrayente (para mí) pero no es viable a largo plazo. Creo que esa ha sido otra de las cosas que más me ha dañado últimamente. Estoy en el proceso de distanciarme un poco de todo ese mejunje de sentimientos para entender cómo es posible querer y respetar a otra persona al mismo tiempo que te quieres y te respetas a tí misma.

6. Escribir

Al principio escribir era un hobby que tenía que combinar con los estudios. Luego, durante el máster, pude dedicarme a escribir 24/7, y sí, vaya si me sentó bien… Ahora escribir se ha convertido en una obligación (quizás) demasiadon importante. Las fechas de entrega del doctorado, el miedo general a no poder dar la talla, el hecho de que tengo que combinarlo con un trabajo… Este año han sido pocos los momentos en los que he sentido ese cosquilleo especial cuando la imaginación vuela loca y, por muy rápido que tecleeen tus dedos, no consigues alcanzarla. Este año no he viajado a las localizaciones de mis historias ni he invertido tiempo en buscar ideas en los lugares más insospechados. ¿El resultado? No estoy muy contenta con lo que he producido por ahora.

7. Ser parte de una comunidad

Llegar a Lancaster fue encontrar un grupo de escritores como yo con los que conviví casi mano a mano durante todo el curso. El intercambio energético (sí, es así como lo siento) que se experimenta al rodearse de personas creativas es increíble, y no creo que pudiera vivir sin eso ahora que ya lo he tenido. Sin embargo, este segundo año ha sido un poco más complicado, porque mucha gente se muda, se marcha o simplemente consiguen lo que algunos llaman ‘un trabajo decente’. Lo que me ha llevado a plantearme el crear mi propia comunidad de escritores o alguna manera similar de seguir compartiendo experiencias.

Han pasado ya 20 meses desde que llegué a Lancaster y cada vez estoy más convencida de que necesito escribir para sentirme bien en mi piel y, al mismo tiempo, aprender a compaginarlo con todas las demás areas de mi vida. ¿Mi meta? Trabajar para mí misma sin tener que pisar una oficina o lidiar con jefes…

¿Cuál es la vuestra? Me encantaría saber cuáles son vuestros caminos artísticos…

 

 

Escritora Errante 19: ¿Lectores Beta? Sí quiero…

Caracol
¿Veis el caracolillo en la esquina, enfrentándose a esa frondosa espesura? Esa soy yo en el mundo de la escritura…

¡Buenos días! Las horas de sol en Lancaster van creciendo exponencialmente según nos acercamos a mi tiempo favorito del año en Inglaterra, esa estación conocida como primaveraverano (lo digo así porque es una mezcla de ambos y, como siempre, aderezada de lluvia).

De hecho, esta mañana me he despertado a las cinco de la mañana porque el sol brillando en la ventana no me dejaba dormir… lo dicho, ¡una gozada! Y no es nada irónico, porque después de la oscuridad del invierno, toda hora de luz (incluso las más intempestivas) son bienvenidas.

Últimamente ando bastante liada y con la sensación de que no llego a nada: el doctorado, conferencias varias en las que presento artículos, editando mi primera novela en inglés antes de que se publique, el trabajo, el programa de radio y este blog… ¡en fin! A veces me entran ganas de desaparecer en la espesura y empezar una vida hippie en una camioneta en la que pueda recorrer el mundo. Pero, como no tengo carné de conducir…

La semana pasada, sin embargo, tuve el privilegio de reunirme otra vez con dos compañeras del Máster de Escritura Creativa que hice el año pasado en Lancaster. Anne y Maggie han sido personas que me han inspirado mucho en este viaje, sobre todo por aquellas cosas que ellas ya han logrado y que yo estoy por conseguir.

Volver a estar con dos amigas sentada en un pub hablando de escritura me recordó lo importante que es rodearse de otras personas que escriban. Antes, yo solía pensar que la escritura era una actividad obligadamente solitaria, especialmente si no queremos que otros nos ‘contaminen’… ¡ja! No podría haber estado más equivocada. El año pasado, en un grupo de catorce escritores (cada uno de su padre y de su madre, como quien dice) aprendí más que en todos los años anteriores que llevaba juntando palabras.

Los escritores son criaturas curiosas (y muy egocéntricas, yo la primera) y aunque tiended a enfurruñarse con quienes les dicen las verdades sobre sus textos, nadie entenderá mejor tu dolor ante la página en blanco o toneladas de carateres por editar que otro compañero escritor. Si eres escritor de esos que (como yo) buscan compartir sus historias con un público, nada mejor que contrastar tu arte con otros para aprender nuevas técnicas, disimular errores y encontrar la mejor manera de contar una historia…

¿Alguna vez habéis pensado en buscaros una lectora beta?

Una lectora beta (o lector, pero voy a hablar en femenino) es aquella persona a la que le dejas tu texto cuando aun estás trabajando en él para que te da la opinión y algunas directrices sobre cómo seguir. Normalmente, en los primeros borradores, no se tiene mucha idea de lo que estamos haciendo (yo no la tengo) y toda está cogido con alfileres. (Perdonad que use tantos dichos, ¡pero es que los hecho de menos!)

Hay que tener mucho cuidado con a quién se enseña estas primeras páginas (no sea que nos quiten las ganas de seguir, aunque, por otro lado, sin un par de comentarios te quitan las ganas de seguir… ¿realmente te gusta tanto esta historia?)

Personalmente, yo encuentro que una o dos lectoras betas que te acompañen a lo largo del camino son una bendición. Dos puede ser un buen número porque así si ambos coinciden en que tu villano es plano que una tabla de planchar no tienes derecho a enfadarte porque queda claro que algo falla en ese personaje, mientras que si ambos se contradicen quizás sea una pura cuestión de gustos…

¿Pero, cómo elegir a tu lectora beta?

1. Es otro escritora. Esto no es obligatorio, pero ayuda. Sí, ya lo sé, no solemos escribir solo para escritoras, sino para una audiencia más grande que no tiene por qué saber de técnica y solo quiere pasar el rato. Pero otras escritoras pueden ayudarte a reconocer, precísamente, errores técnicos, además de darte buenas ideas de cómo solucionarlos. Además, las escritoras son gente muy creativa, con lo que su visión seguro que aportará algo a tu historia.

2. Está dentro del género. Estás escribiendo una novela de terror gótico donde el protagonista es un nigromante que se dedica a beber los intestinos de las ovejas del Lake District para tener visiones del inframundo… y se la das a leer a tu amiga que es fan de 50 Sombras de Grey y los libros de Federico Moccia. Mira, no es buena idea, porque lo único que vas a conseguir es que a la pobre le de una indegestión. Cuando buscas una lectora beta, tiene que ser alguien que se sienta naturalmente atraído a tu género. Hay personas que se duermen leyendo narrativa histórica y piensan que los libros de Jean M Auel son un tostón. ¿Vamos a ponernos aquí a discutir?

Cuando yo escribía horror gótico en mi máster algunas personas me decían que les daba tanto asco leer mis capítulos que no podían terminarlos. A otras les iba el hardcore más puro y aun les parecían flojillos… cómo podéis ver, todo es cuestión de perspectiva. Y si escribís literatura de género, es aún más importante saber las expectaciones de tus posibles lectores.

3. Es sincera y no le das miedo. Si le dejas tu manuscrito a tu hermana que sabe que te pondras como una fiera de siete cabezas si te dice algo malo… lo más probable es que te lo devuelva solo con débiles halagos. Seamos sinceros: tener a lectores coaccionados no sirve de nada. Y con quien más se aprende son con aquellas personas que no temen decirte exactamente lo que piensan. Una de cal, y otra de arena, sí, pero desconfían de aquellos que te vienen con críticas muy extremistas (tanto buenas como malas).

4. Se molesta en darte el feedback por escrito. Las reflexiones o el feedback de otra persona sobre tu escritura suelen venir mejor cuando llegan por escrito. Así tienes tiempo de leerlas tranquilamente, guardarlas en un cajón y luego volver a ellas cinco semanas después. Muchas veces me ha ocurrido que alguien ha hecho notas sobre un capítulo mío y lo primero que he pensado ha sido: ‘¡¡oh, no horror!!’ Tres meses después he releído el mismo comentario y me he dado cuenta de que:

A. No era para nada un comentario tan extremo sino un apunte de lo más razonable.

B. Ella/Él tiene razón.

5. Sientes que puedes hablar con ella. Para que esto funcione, tiene que haber una relación igualitaria en la que siempre sientes que puedes hablar. Por ejemplo, a veces me encuentro con personas mucho más mayores que yo y con muchos años de experiencia en esto de escribir, y a veces siento que, por vergüenza, respeto, o una combinación de ambas no me siento tan cómoda al hablar claramente. También me pasa con personas que tienen mucho carácter y quizás se muestran cortantes cada vez que intento controponer mi punto de vista… Estas cosas se notan, pero cuando la comunicación fluye, es una gozada. ¡Seguro que sabéis a qué me refiero! Tu lector beta es como tu amante en el truculento camino de la escritura: va a acabar conociendo tus ‘trapos sucios’ y la cara menos bonita de tu libro, con lo que, al menos, te has de sentir cómoda para charlar siempre que te apetezca.

¿Compartís lo que escribís con otras personas? ¿Tenéis lectoras o lectores beta? ¿Algún otro consejo para conseguirlos?

Por cierto, si alguien quiere profundiar en el asunto, aquí os dejo un pedazo de artículo en Gabriella Literaria que os despejará todas las dudas. Yo me limito a hablar de mi experiencia, pero ella, como siempre, le da un buen repaso al tema…

 

 

 

 

Escritora Errante 18: Ventajas de escribir bajo la lluvia.

Lancaster 02-05
Hace dos minutos estaba lloviendo como si llegara el fin del mundo… ¿Y ahora hace sol? ¿Por qué, Lancaster, por qué?

Estas semanas se me están haciendo un poco duras, así que, para variar, he decidido centrarme en las cosas buenas que tiene esto de escribir en Inglaterra, porque obviamente no todo son desventajas. ¿Queréis saber qué futuro le aguarda al escritor que se atreve a vivir en la pérfida Albión?

1. Leer es más barato.

¡Sí! Cuando vivía en Madrid, todos los libros que me gustaban costaban como mínimo 18 o 20 euros. Había que esperar a que los sacaran en edición de bolsillo. Y la espera se hacía larga, y algunos libros nunca se editaban en bolsillo, y los que sí se deshacían con una facilidad pasmosa…

Sin embargo, en Reino Unido existen unas tiendas geniales, las charity shops o tiendas de segunda mano, donde una puede comprar libros usados (en la mayoría de los casos prácticamente nuevos) por una, dos o tres libras… De hecho, esta clase de tiendas son mi perdición, porque claro, con libros a ese precio… ¿cómo no te vas a comprar toneladas de ellos? Recuerdo aquella vez que, en Edimburgo, en un mercadillo en un parque subterráneo, había una pareja vendiendo cinco (repito, CINCO) libros por una sola libra. Y tenían una verdadera pila con autores que me gustan tipo Stephen King o Chuck Palahniuk (El club de la lucha).

Eso quiere decir que, por primera vez en mi vida, podría (en teoría) empezar a construír mi propia Biblioteca de Alejandría a un precio más que razonable. ¿El problema? Bueno, el espacio… pero en fin, nada es perfecto.

2. La mayoría de los museos son gratis.

Perdonan que os diga, pero a mí eso de que para entrar a los museos haya que pagar… no sé, no me parece muy bien. Ya sé que en esta vida todo tiene un precio, pero si cada vez que quiero ir al Museo del Prado para investigar mi doctorado tengo que pagar siete euros pues no me sale rentable. Sí, ya sé que el Prado tiene una especie de happy hour en la que puede entrar gratis entonces pero, ¿habéis visto las colas de turistas?

En Reino Unido eso no pasa. ¿Por qué? Porque los museos están abiertos a las donaciones y solo te cobran una libra o dos por dejar los abrigos o mochilas en el guardarropa. Ah, y también te sajan en la cafetería, pero esa me parece una manera más justa de hacer el agosto (porque no obligan a nadie a tomarse un café).

En este país hay museos increíbles, como el British Museum (¡qué cantidad de cosas se llevaron los ingleses de cuando tenían su Imperio, ¡hasta tienen la fachada de una iglesia toledana!) o maravillas escondidas como el Hunterian Museum (que me ayudó mucho en mi novela gótica sobre médicos en el siglo dieciocho). Otros museos que me gustan son el National Museum of Scotland y uno de mis favoritos (porque, aunque sea creepy, me encanta ver animales disecados) es el Natural History Museum en Londres.

Es una alegría para esta escritora poder meterse en cualquier museo y empaparse de todos esos tesoros que esconden en cualquier momento, y repetir tantas veces como se quiera. ¡Sí a los museos gratis!

(Aunque NO a las medidas tontas que a veces ponen en Reino Unido, como eso de que está prohíbido dibujar en el Victoria and Albert Museum de Londres… osea, ¡ya les vale!)

3. No tienes que ir muy lejos para perderte.

Cuando vivía en Madrid, era difícil encontrar un lugar verdaderamente silencioso donde poder ver las estrellas o los animales salvajes. Cosas de vivir en la capital, claro. Pero aquí en Lancaster es tan sencillo perderse por los campos, en la playa, en el canal… Como amante de los paisajes desolados (que son los que más me inspiran) Reino Unido es el sitio perfecto, porque tiene prados, colinas y bosquecillos para aburrir. Y suelen estar muy cerca de los núcleos urbanos. Es lo que tiene tanta lluvia, que hace germinar plantas everywhere.

4. Mal tiempo = te encierras a leer y a escribir.

Triste equación (a veces), ¡pero tan cierta! Además, tantos cambios de tiempo (el jueves pasado vi sol, granizo, lluvia y nieve en el mismo día) aunque te fastidian un poco el termostato emocional (te lo joden, básicamente, y perdonad el lenguaje) crean los desequilibrios necesarios para escribir. Quiero decir, si todos los días fueran soleados como en España yo estaría más tranquila. Pero aquí llega el uno de mayo y tenemos tormenta y niebla todo el día. Eso me deprime y me pongo a pensar en el sentido de la vida y en por qué los seres humanos existimos. Finalmente decido escribir algo que refleje todo mi dolor y confusión al ver que la primavera no llega a Reino Unido (¡ni en mayo!)

5. Hay festivales literarios por doquier.

Igual es que en España yo estaba muy desconectada, pero oye, aquí hay festivales literarios hasta debajo de las piedras. Yo creo que el tiempo también tiene mucho que ver. Quiero decir, en España salir ‘a dar una vuelta’ es una de las actividades predilectas que nos ayudan a llenar los días. Pero cuando vives en un sitio donde salir a dar una vuelta puede convertirse en una actividad de riesgo (granizo imprevisto, lluvia torrencial, niebla.. etc) la gente organiza muchas actividades a puerta cerrada. Y entre ellas está escribir, porque aquí también se lee mucho. Mis evento literario favorito en Lancaster es el Northwest Literary Salon que, tristemente, llega a su fin este mismo mes… En fin, lo bueno si breve, dos veces bueno…

6. Amanece más temprano.

Si sois escritores matutinos (yo lo soy) vivir aquí es una gozada. El sol ahora en primavera sale a las cinco de la mañana, con lo que no cuesta nada levantarse pronto para empezar el día escribiendo. En invierno sale a las siete, pero como los días son mucho más cortos, eso también te empuja a madrugar mucho (para no perderte ni una hora de sol). En definitiva, desde que vivo aquí mis mañanas son bastante más productivas, y eso se refleja en mi escritura.

Por mucho que eche de menos el sol, vivir en Reino Unido tiene sus ventajas. ¿Qué cosas os animan a escribir en los sitios donde vivís? ¿Algún festival literario en España que no debería perderme? (A parte del Festival de Fantasía de Fuenlabrada, claro está…)

 

 

 

Escritora Errante 15: Cenando palabras.

Nieve-Lancaster
Primavera en Lancaster

Empieza la primavera – pronto – pero en vez de sentirme contenta de ver los daffodiles y snowdrops salir  sigo triste y apesadumbrada. En esta semana me estaba preguntando por qué he elegido este camino. Por qué ando en una pequeña ciudad del norte luchando contra los elementos, subiendo y bajando colinas con mi bicicleta, siempre cargada de libros.

¿Por qué?

En días como estos me viene bien recordar las X razones por las que he decidido ser escritora – a toda costa.

1. Para pasar el rato. Y es tan cierto… Cuando era una pequeña seta mis padres se empeñaban en llevarnos a mi y a mi hermana pequeña de senderismo. Subiendo montes de aquí para allá para contemplar ‘vistas’ or acabar en algún pueblo rural perdido con casitas de pizarra negra y dos habitantes. Por supuesto yo lo odiaba: el calor, el sudor, el hambre, lo que duelen los gemelos y las pantorrillas cuando una lleva subiendo una cuesta durante horas… Lo único que me hacía pasar el rato era contarle historias a mi hermana pequeña. A veces eran películas que había visto en la televisión o libros que había leído (pero siempre con mis propias variaciones, para hacerlos más interesantes). Otras veces eran sagas enteras que me iba inventando sobre la marcha. En cualquier caso,esto me aislaba de la cruda realidad (cuestas después de cuestas y después de más cuestas) y la caminata de tres horas se me hacía bastante más corta.*

2. Subidón. A veces es cuando estoy escuchando una canción, otras es al ver una imágen o tener un sueño… Pero de vez en cuando a mi cerebro le dan chispazos (o cortocircuitos) y me vienen ideas sobre personajes o historias. El corazón me empieza a latir muy rápido, los dedos se me mueven como si ya estuvieran escribiendo sobre el teclado y la boca se me seca. Son los signos de la inspiración (o la addicción a alguna sustancia, lo sé) pero soy completamente dependiente de ese subidón que da empezar una idea nueva. Y no puedo (ni quiero) dejarlo.

3. Palabras bonitas. Cuando intento hacer muffins se me explotan en el horno. O cuando los saco tienen formas extraterrestres. O una capa de corteza seca encima que no hay quien se la trague. O incluso dan dolor de estómago a mis – pobres – amigos. Sin embargo, cuando escribo una historia la gente me dice que se han entretenido leyendo – o que les han entrado ganas de vomitar si se trata de alguno de mis cuentos gores, pero eso también lo cuento como un halago. O me pagan por escribir. Así que por el bien de la humanidad y el de mi cuenta bancaria (o porque me gusta escuchar cosas bonitas de vez en cuando) sigo juntando letras…

4. Multipersonalidad. ¿A veces habéis deseado tener varias vidas? ¿Qué habría pasado si en el cole hubiérais elegido estudiar ballet en vez de baloncesto? ¿Y si no fuérais de España pero de Japón? ¿Y si no fuérais humanos sino un gato amarillo sobrealimentado? Bueno, una puede imaginar todas esas respuestas a través de la escritura. Es como soñar despierto, o tener un ticket de viaje que te permite ir a todos sitios del universo y meterte en la mente de cualquier – desde tu vecina hasta un ácaro. No sé, pero a mí que soy tan curiosa me va bastante…

5. Para alejar las nubes. He probado lo que es trabajar 14 horas al día en algo que me gusta pero que no es muy creativo… Y aunque disfruté mucho de la experiencia me di cuenta de que por el bien de mi salud mental, y para mantener a raya la tristeza, necesito escribir o hacer algo creativo diariamente. Lo que es muy curioso, porque ahora mismo a costa de estar haciendo lo que más amo (escribir) me encuentro sin un duro, con lo que necesitaría volver a trabajar, pero… eso fue precísamente lo que dejé para venirme aquí a Lancaster.

No entiendo nada.

Si una pudiera alimentarse solo de palabras…

¿Cuáles son las razones por las que escribís? ¿Qué es aquello que os arrastra por el tortuoso camino del autor?

 

*Cosas de la vida, ahora soy una apasionada del hiking (senderismo) en Inglaterra y hago cosas tan locas como irme al lake district a subir montañas mientras graniza y nieva al mismo tiempo.

Escritora Errante 14: House of Shaws.

Lancaster27:02:16

Un hogar. Desde siempre ese ha sido un tópico en la literatura. Ulises u Odiseo se va de casa para luchar en una guerra y tarda veinte años en volver (pobrecito). ¿Pero qué sucede cuándo no se trata de volver si no de encontrar un hogar? En ese caso estaríamos hablando de algo más parecido a la historia bíblica de Noé. Después del diluvio universal, Noé se tuvo que buscar un sitio nuevo en el que vivir con su familia. Esa es más parecida a la historia de un inmigrante.

Desde hace unos meses el tema del hogar me da qué pensar. Nunca me había sentido más desubicada, perdida o desconectada. No sé si esta es la experiencia normal del inmigrante o del estudiante extranjero (yo soy, técnicamente, esto segundo). Quizá solo está en mi cabeza y es como una tragedia griega que mis sentidos y percepciones se encargan de representar (exajerando). Pero es que pienso en volver a ‘casa’ (el lugar donde vivo ahora mismo) y se me hace un nudo en el esófago, justo bajo la garganta, y me escuecen los ojos.

Muchas heroínas deambulaban con mi edad. Por ejemplo, a Jane Eyre la sacaron de una casa en la que la maltrataban para meterla en un internado donde la trataban aun peor… finalmente encontró trabajo como institutriz en el lúgubre Thornfield Hall – que al cabo de los años, irónicamente, acabó por ser su hogar.

La historia de una de mis novelas gráficas favoritas, Persépolis, narra las aventuras de una chica a caballo entre Irán (en guerra) y Europa.

Harry Potter tenía que volver a Private Drive todos los veranos y dormir en el cuarto debajo de la alacena (sin ventanas ni nada) aguantado a los Dudley.

Obviamente, a mí no me maltrataban en casa ni mi país está en guerra ni en mi casa me hacen dormir en la alacena. Vine a Reino Unido por voluntad propia, y me encanta lo que hago. En España no podía hacer lo que de verdad me gusta (escribir) pero aquí me estoy labrando una carrera en ese campo.

Vivo en una casa perdida en un pueblo fantasma llamado Galgate. Vivo con mi casera, una señora mayor que lo único que hace es beber vino mientras ve la televisión. La casa es vieja, la pintura de las paredes se cae a pedazos. Los rincones están llenos de pelusas del tamaño de cachorros de gato. Hay plantas dentro de la casa cuyas hojas secas alfombran la moqueta, llena de manchas misteriosas. La casa está llena de liebres (liebres de peluche, liebres de porcelana, tazas de liebres, platos de liebres, cuadros de liebres… etc) porque son el animal totémico de esta señora (por lo visto). Todo esta sucio, pegajoso y lleno de bichos (muertos y vivos). Y botellas de vino vacías. Y copas y platos sucios. Y, por supuesto, cumbrian spiders (clickad en el enlace para ver una maravillosa foto). Todo huele a húmedo, a fluídos, comida podrida.

Pero no solo es eso. Es el hecho de estar fuera, luchando, todo el día. Luchando para completar este doctorado, para  estar al día con mis trabajos de profesora de español y traductora, para solicitar más trabajos porque estos no me dan para vivir, para pedir becas que me ayuden a completar el doctorado… luchando para sacar el programa de radio adelante, para que me publiquen algo, para comunicarme en un lenguaje que a veces e frustra.

Y al final del día tengo que volver a ese lugar donde no me encuentro. Es la sensación de ser un huesped, de residir en un espacio que se me hace hóstil. No sé si merece la pena callar y aguantarse o intentar buscar algo mejor, deambular de aquí para allá con mis maletas, mis cacharros y mis libros.

Podría ser peor. En la trilogía Los Juegos del Hambre, bombas destruyen el Distrito 12 dejando a Katniss sin casa y prácticamente sin amigos o conocidos.

En La Casa de Hojas, la susodicha casa es el monstruo de la novela que devora uno a uno los personajes (que en ese caso estaban mejor fuera de la casa que en ella).

Soy un poco como David Balfour en la novela de Stevenson Kidnapped (Secuestrado) viviendo en la ruinosa  House of Shaws (aunque espero que mi casera no me venda como esclava en un navío…)

¿Cuánta importancia créeis que tiene el hogar? ¿Vivís en una mansión o espacio de esos de literatura?